CineCrítica

The Girlfriend Experience – Steven Soderbergh

posted by Marc Muñoz 7 agosto, 2010 0 comments
Frialdad resquebrajada  

La filmografía del director de Traffic, a parte de transitar entre el cine comercial y el experimental, se caracteriza por una fecundidad insaciable que lo puede llevar al extremo de dirigir dos películas por año.  Algo que sucedió en el 2000 con dos de sus películas más recordadas (Traffic y Erin Brokovich), que se repetirá este año con dos próximos filmes, y que también llevó a cabo en el 2009 con la aburrida El soplón, con Matt Damon en el rol principal, y la que aquí nos ocupa The Girlfriend Experience.

En ella Steven Soderbergh vuelve a su faceta más experimental para seguir los pasos de Chelsea, una prostituta de lujo que hace fortuna en Nueva York vendiéndose como acompañante. La película está ambientada en los días previos a las elecciones que supusieron un hito para el país norteamericano, y no es casualidad que se haya escogido tal contexto.

El filme suscitó cierto interés previo debido a la inclusión de la pornostar Sasha Grey en su reparto, la cual interpreta a la prostituta que centra la atención de la cinta.

Para seguir a esta profesional del sexo en su universo de lujo y superficialidad, Soderbergh ha optado por un estilo formal efecticista, muy recreado en la composición del plano, en una luz cuidada,  en una textura que juega constantemente con el desenfoque y el plano alejado propio del vouyer o de cierto documental de cámara oculta. Todo esto aporta un  tono  frío, diríamos incluso que gélido al envoltorio del filme. Sin embargo, y a diferencia de otros precedentes del mismo autor, todo esto queda justificado por la mirada descarnada que sobresale en su trasfondo; una mirada que atañe a los clientes de Chelsea; los hombres de negocios que provocaron la actual crisis, y que ven como su estatus en las alturas se tambalea.

La principal víctima de todo ello, sigue siendo la propia Chelsea. Su propia existencia recreada en el exceso y el lujo ya denota cierto síntoma del sistema capitalista, además de ello debe lidiar con los impulsores de su ruina moral, no sólo ofreciendo su cuerpo, sino prestándose como novia de pago, a modo de confesionario de las penas (casi todas de carácter económico) que alteran el sueño de sus clientes. Con ello, el director quiere subrayar que más duro que vender su cuerpo, resulta moldear una armadura en tu cuerpo para que nada de ello te afecte, lo que pasa es que en Chelsea esa armadura protectora lleva en ella tanto tiempo que ya no percibe los sentimientos propios, se ha convertido en la gélida profesional/mujer de negocios que triunfa en Manhattan.

El director de Schizopolis no solo quiere mostrar la vacuidad que se esconde detrás de este tipo de relaciones, sino la prostitución como método catártico para los salvajes que por su codicia arruinaron varias vidas, y las suyas propias. Es verdad que por el camino Soderbergh se olvida de tejer una materia argumentalmente solvente (de allí que intente inflar de interés con un montaje desestructurado que no viene al caso), y que con ello el espectador medio se aburra y no le encuentre ni un ápice de interés, pero sí uno logra desquitarse de todo ese ambiente gélido observará que detrás del experimentalismo aparentemente vacío se esconde cierta sustancia critica.

6,5

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