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Toy Story 3 – Lee Unkrich

posted by Marc Muñoz 11 agosto, 2010 0 comments
Dorada jubilación para los juguetes de Pixar

Han pasado 11 años desde que Andy y sus muñecos de plástico protagonizarán una de las mejores secuelas de la historia del cine. Ahora, como en el tiempo real, Andy ha crecido, tiene 17 años y está a punto de ir a la universidad. Antes de irse  al campus deberá decidir que hacer con su colección de juguetes: dejarlas en el desván, donarlas a una temible guardería para ser pasto de niños irrespetuosos o simplemente deshacerse de ellas lanzándolas a la basura.

A partir de esta cruda y desgarrada premisa a la que todos hemos tenido que hacer frente un día u otro de nuestras vidas, Lee Unkrich y los guionistas de Toy Story 3 edifican un apasionante filme que rebosa emotividad, sufrimiento, alegría, aventura y humor. Tan tierna como sus entrañables muñecos que ya forman parte del imaginario colectivo.

Pixar ha venido demostrando a lo largo de los últimos quince años ser los maestros de la animación por ordenador, y a la vez, en contar historias. En Toy Story 3, bajo ese aspecto de cine de aventuras enrevesado que se sumerge, durante buena parte del filme en el subgénero del cine de evasión, se esconde un filme lleno de inteligencia y de matices, cuya complejidad sólo está al alcance de los mayores, a pesar de que el goce sea compartido con los más pequeños. De ahí se entiende por ejemplo, que durante el metraje se afronte el tema de la vejez mediante la crisis de identidad que sufren los muñecos, que ven como Andy se ha olvidado de ellos, se sienten viejos y tienen miedo de morir aplastados en la basura. Una idea que queda potenciada con la trama del filme en que la trouppe protagonista se instala en la guardería Sunnyside, que de un dorado destino pasa a ser la pensión de juguetes jubilados / olvidados más terrorífica que podían imaginarse. A partir de allí, surge toda la trama de la evasión para escapar de las garras del malvado Lotso, el verdadero villano de esta entrega.     

Otro tema espinoso para un niño es el de la mortalidad, que se presenta de forma cruel, y hasta desasosegante, con esa irrepetible secuencia en que todos los personajes que nos han acompañado a lo largo de estos años aceptan con resignación que su fin ha llegado mientras se abocan hacía los letales hornos del vertedero.

Otro tema punzante que recorre todo su esqueleto narrativo, es el paso de la niñez a la madurez, vista desde el punto de vista de una madre que no quiere que su hijo abandone el hogar, del propio Andy que no está preparado, y de los juguetes, que ven como su lugar preferencial ha dejado paso a la oscuridad del baúl. Esta transición del niño al joven alcanza sus mejores cotas en el transcurso de los diez minutos finales.

Pero no sólo en su temática, Toy Story 3 también altera por haber logrado pasajes extrañamente fascinantes y aterradores, como la historia en flash-back de Losto, o la realista representación del abusón niño bebe, que por su fidelidad nos emplaza a todos aquellos que hemos lidiado de pequeños con uno de estos bebes realistas. Gran elección, sin duda.

También en el lado de nuevos personajes sobresale Ken, el presumido novio de Barbie. De sus encuentros se esparcen muchas dosis de humor: “Yo no soy un muñeco para niñas”- dice en una de sus mejores intervenciones. Y como siempre destacar la valentía y el ejemplar compañerismo del vaquero Woody, así como el nuevo rol de galán romántico latino que adopta Buzzy Lightyear, que sin duda, protagoniza los momentos más divertidos de la cinta.

Lo único que se le puede achacar a la cinta de Ulkrich es que no haya sacado ningún uso adicional al  3D, hasta el punto que es mejor ahorrarse algunos centavos y verla en el formato tradicional. 

Toy Story 3 tiene ese encanto único de algunas producciones Pixar: un techo visual asombroso que sustrae la atención de los niños con la ayuda de un ingenioso e inteligente guión de situaciones disparatadas y frenéticas, pero en cuyo subtexto, el espectador adulto encontrará suficientes elementos de su propio mundo como para emocionarse y rendirse ante esos tiernos y entrañables personajes, que son más humanos que muchos personajes de carne y hueso que acostumbran a desfilar por nuestras pantallas. Cine en mayúsculas y el broche de oro a una saga gloriosa que se despide.

 


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