CineCrítica

Wendy and Lucy – Kelly Reichardt

posted by Marc Muñoz 9 abril, 2011 0 comments
En la grieta americana

En un momento en que el cine independiente norteamericano parece ser un estadio efímero (de una sola película) para nuevos talentos, que atraídos por el imán hollywoodiense, no solamente abandonan el terreno que les permite desplegar un lenguaje propio desligado de ataduras comerciales, si no, que además se les anula su capacidad creativa, es de celebrar autores, que como Kelly Reichardt, se mantienen combatientes en la periferia del cine de Hollywood.

Una de las películas más alabadas de esta directora nacida en Miami es Wendy & Lucy. Con una estupenda acogida en el festival de Cannes del 2008, la película de Reichardt sigue siendo un caso virgen en las salas españolas, y presumiblemente también lo sea su último filme – estrenado precisamente ayer en reducidas salas de Nueva York – el anti-western Meek’s Cutoff.

La película que aquí nos ocupa retrata la historia de Wendy, una joven que viaja en su coche hacía Alaska, y que con la única compañía de su inseparable perro Lucy intentará rehacer su vida. Sin embargo, por el camino se topa con un pequeño pueblo de Oregón, donde a partir de la avería de su Honda, todo parece torcérsele.

Una premisa que recuerda al Giro al infierno de Oliver Stone, pero situado en las antidotas formales del filme interpretado por Sean Penn. Reichardt se caracteriza por una puesta en escena minimalista. Su “landscape” de la América profunda es un lienzo natural, despojado de cualquier artificio y artificiosidad en su representación. Una desnudez expositiva moldeada por su directora para enfatizar el desarraigo por el que pasa el personaje central de la trama. La interacción de Wendy con el entorno, a simple vista no resulta hostil, pero bajo esa capa de aparente afabilidad, y según se va viendo mediante la interacción de la protagonista con los personajes secundarios, observamos la fragilidad de ese carácter ante una sociedad deshumanizada, deshonesta, e insolidaria, haciendo más visible con todo ello, ese irrespirable aire de soledad que acompaña a una Wendy cuyo máximo valor, y preocupación a lo largo de todo el filme (que a la vez logra compartir a la perfección con el espectador), es su perra Lucy, ajena a todos los sin sabores que puede deparar la vida.

La cineasta juega con criterio, y mucha intención, con todos los escasos elementos a su alcance. Su dirección natural, cercana al documental, hace más real esa historia del reverso americano, extrapolable a la mayoría de países del globo. Por su parte, la magnifica labor de Michelle Williams en el papel de Wendy facilita enormemente la empatía con el personaje, algo a lo que también ayuda esa hermosa perra (objeto de deseo, naturaleza del conflicto, y al fin y al cabo, cúmulo de valores que Wendy le gustaría ver en las relaciones de su entorno, y que sólo encuentra en el perro, y en la entrañable figura del vigilante de seguridad).

El desasosiego imperante es algo buscado y logrado con la comunión de todos estos aspectos, y puede que uno de los que más aporten, es una dirección de fotografía que en todo momento desubica a Wendy de cuadro, alejándola en planos generales en marcos naturales o asfaltados, o bien, incluso, haciéndola desaparecer de cámara en su incesante búsqueda de su perra Lucy.

Wendy, se siente de la misma manera que cómo la cámara la recoge, y a la vez alerta con su presencia descompuesta en plano la fina frontera que separa a estos personajes que deambulan por las largas carreteras norteamericanas sin un rumbo fijado de caer en el mundo de la calle, de convertirse en esos marginados que aparecen en unas de las primeras escenas del filme alrededor del fuego, que se construyen a la vez como una proyección abrasiva del futuro  al que no quiere verse abocada Wendy.

Reichardt tiene el enorme talento, y la impagable capacidad, de transmitir sensaciones, emociones y narrar bajo una simple fina capa en la que el espectador deberá sumergirse y completar su mosaico con cada sutileza, con cada gesto, cada interacción entre los personajes. La directora de Old Joy tiene la capacidad de sacar oro de cada mirada, gesto, movimiento, silencio o diálogo de sus personajes.

Wendy & Lucy es la historia de una road movie truncada, de un viaje que se vuelve reflexivo, intimista y pesadillesco. De un viaje por una sociedad enferma, áspera y deshonesta, de la cual es fácil salir expulsado hacía el abismo, la fina línea que separa a Wendy de la mendicidad siempre está allí, y el espectador lo arrastra con el corazón en un puño, sobre todo en esas escenas en que Wendy las pasa al raso. Tras su desenlace, el  alcance emocional resultante es mayúsculo, y lo logra mediante un uso ejemplar de los mínimos recursos fílmicos. Es una historia sencilla y austera sobre un personaje en un entorno hostil, es una instantánea voraz y certera de los tiempos que afrontamos.

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Wendy and Lucy está editada en DVD por Cameo


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