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Juego de tronos: Review 8×04

posted by Omar Little 6 mayo, 2019 0 comments

Juego de tronos 8x04

Tras el memorable capítulo de “La larga noche” y sus vibrantes secuencias amuralladas en la memoria reciente, ha llegado esa ración que suele seguir a las contiendas históricas de Juego de tronos con resultados bastante notable. Si la semana pasada fuimos testigos de una tensa batalla concebida casi como una película de acción y survival horror sin diálogos, hoy la serie se ha reagrupado en su faceta discursiva y entre bambalinas dejando por el camino intrigas maquiavélicas, despedidas, futuras alianzas, amor y desamor y primeros enganches de la batalla de las batallas, o al menos, de la batalla final…si es que no hay una moción de censura o golpe de estado por el camino o a posteriori.

Campo de spoilers.

El capítulo se ha abierto con el fiambre de Jorah Mormont. Mediante un zoom out aéreo hemos visto que no era el único cadáver en las inmediaciones de la fortaleza de Winterfell. Allí, los vivos se han reunido para pasar recuento a las bajas más notables de la temible batalla de la víspera anterior e incinerar a sus seres queridos y héroes sacrificados. Una secuencia inaugural obligada tal y como terminó el anterior episodio y que ha tenido su pico de emotividad con las lágrimas de Khaleeshi por su fiel escudero.

Aunque todos sabemos que no hay nada más efectivo que rozar la muerte con los dedos para lanzarse al jolgorio y a los goces de la vida. Así se ha producido entre los combatientes supervivientes que se han reunido en un comedor para festejar la vida a base de ríos de alcohol, comida y placeres carnales. Una especie de noche loca de l’Esplai donde cada personaje ha buscado el globo etílico, previamente a alguien con quien calentar el lecho. Antes de los asuntos de alcoba, Daenerys ha nombrado a Gendry Baratheon Lord de Bastión de Tormentas, quien ilusionado se ha ido a buscar a Arya (la única ausente del festín, quien estaba entrenando con su arco) para proponerle matrimonio, a lo que esta, como era de esperar, le ha dicho que a ella lo de ser una dama no le va. Más portadas del Cuore arrancará el fugaz romance entre Jamie Lannister y Brienne, quienes tras jugar al juego de verdad y mentira, donde Tyrion ha hecho sentir incómoda a la fornida guerrera tras insinuar su virginidad, Jamie, caballeroso, se ha ofrecido para acabar con esa carga ante la rabia del salvaje vikingo que se ha tenido que contentar con una moza que pasaba por sus inmediaciones – algún día los creadores de la serie deberán explicar por qué han suavizado e instagrameado las escenas de sexo .

Aunque la verdadera chicha de las horas posteriores ha estado en ver cómo se asentaban unos conflictos ya insinuados en los dos primeros cartuchos de la temporada. Han sido un par de secuencias las que han vuelto a hacer saltar chispas ante el panorama incierto que se dibuja entre Daenerys y sus secuaces, y los Starks y sus aliados norteños. Por un lado, el encuentro, entre un Snow bebido y la reina, donde se insinuaba una reconciliación y vista gorda del parentesco que les une, hasta que la de los dragones ha vuelto a dar dejar clara su ambición desmedida proponiéndolo al otro que no explique a nadie su gran secreto, con tal de preservar así el futuro trono a su favor. Algo que ha acentuado el conflicto que aflige a Snow, y que lo hará, hasta el último frame de la serie, enfrentarse al dilema interno de si obedecer a su corazón, y dar el todo a sí a la Targaryen, o si, por el contrario, estar al lado de una familia, los Stark, que ven con recelos la actitud de la rubia plateada. La misma que ve peligrar, incluso antes de tomar el trono, su reinado a costa de la buena prensa de la que goza Snow, en lugar de ella, que cada vez se muestra más tirana y manipuladora. Especialmente a ojos de Sansa, quien en una reunión militar para definir los próximos pasos, la Stark propone coger fuerzas, y la otra la deja en evidencia, mandando lo contrario de su sugerencia.  Snow se pone de parte de su amada, y es ahí cuando se llama a reunión familiar a los Stark, y cuando Jon y Bran les sueltan a sus hermanas la verdad sobre el linaje familiar del primero. Antes de soltar la bomba, les hace prometer a ellas que lo mantendrán en secreto, pero en vano, porque ese secreto corre como la pólvora.

Sin tiempo para mayores preparativos, inercias, ni disputas internas, la reina de los dragones, Gusano, Missandei, sus asesores y su séquito se largan de Invernalia para ir al encuentro de Cersei y sus tropas. Por su parte, Jon y sus hombres de confianza inician el mismo camino pero a paso más ralentizado (queda claro quién salvará a quién en esta ocasión). Antes de partir, por eso, se despide del vikingo salvaje y de Sam, despedidas que, a su vez, podrían ser las despedidas del espectador con estos personajes. Mientras tanto, Jamie decide quedarse con Brienne por una noche más, hasta que da el paso de largarse al epicentro de los próximos minutos de la serie, o sea, Desembarco del rey. Por su parte, Arya y Perro siguen limando diferencias unidos por su perfil de outsiders antisociales.

Y la sorpresa, más allá de los líos de cama y los corazones rotos, ha saltado en pleno mar, cuando las naves de Euron Greyjov se han cargado a una de las criaturas de Khaleesi con el arpón cabrón, las mismas ballestas que han utilizado para hacer papilla la flota de los inmaculados. En esa trifulca, a distancia, sin cuerpo a cuerpo, han abducido a Missandei y se la han llevado de rehén a Kingsland.

Y hablando de ballestas, y de vuelta a Invernalia, el mercenario Custo Dalmau se ha presentado en una charla etílica entre los dos Lannister buenos, con la intención de cargarse a los dos y cumplir así el sueño húmedo de Cersei. Pero astutos los tres, y como no podía ser de otra forma (no iban a tener un final tan poco épico) han llegado a un nuevo acuerdo y se han librado de una muerte prematura dentro de esa octava y última temporada.

Finalmente la acción ha concluido a la puertas del Desembarco, donde una expedición con “La que no arde” en cabeza, cada vez más colérica con la arpía del reino, han intentado negociar una rendición improbable, con un Tyrion en modo emisario dirigiéndose por la vía emotiva a su hermana (el tipo lo sigue intentando, como si no la conociera) y que ha terminado con la ya clásica estampa, por esas tierras, de una cabeza rodando cuesta abajo…en esta ocasión la de Missandei, dejando así un mensaje implícito de que los amores de largo recorrido no tienen  espacio en lo que resta de Juego de tronos.

Así pues, la ficción de la HBO nos ha dejado un capítulo entretenido, que ha profundizado en las tramas y los conflictos que agrietan los bordes y los campamentos de las batallas por llegar. La principal ha gozado ya de su primera fase, el primer acercamiento de forma inesperada en el último tramo del capítulo de esta semana. Dejando bastante clara la línea cronológica de estos dos capítulos que restan: si no hay sorpresas de última hora, se espera la cruenta batalla definitiva en el próximo episodio, y un último con el comieron perdices (o cenizas) a modo de epilogo, incluyendo este conflicto de última hora que ya ha quedado perfilado y que dará pie a una mini guerra interna entre los partidarios de Jon y los de Daenerys, sin duda, la más dura y emotiva de resolver.

 


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