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Entrevista: Joan Manel Oleaque (“En éxtasis. El bacalao como contracultura en España”)

posted by Cesc Guimerà 10 mayo, 2018 0 comments

Ruta del bakalao 1

Tuve el primer contacto con Joan Manel Oleaque allá por 2004, cuando visitó un seminario de incautos estudiantes de periodismo conducido por uno de los peces gordos del gremio en Catalunya, entonces al frente del más importante periódico en catalán del país, paisano suyo. El periodista valenciano vino a conversar sobre En èxtasi: drogues, música màkina i ball. Viatge a les entranyes de la festa(ARA Llibres) ante una audiencia algo incrédula.

Servidor, un desconocedor absoluto de la música electrónica por aquel entonces –algo que no ha cambiado catorce años después salvo contadas y celebradas excepciones– atendía con ambivalencia la intervención de Oleaque, desinteresado por el género, pero fascinado por el fenómeno que se escondía tras la Ruta del Bacalao. Mucho tenía que ver la inabarcable colección de discos de un primo en un ignoto piso de Ripoll, que en una de sus habitaciones esconde una de las que tiene que ser de las mejores colecciones de música electrónica en España. De las rarezas del catálogo de Warp, a las recopilatorios en caja de metal de Chain Reaction, pero también sesiones de ACTV.

Recuperar casi quince años después aquel texto, resulta menos embarazoso de lo presumible. En él se enfoca la Ruta del Bacalao como un fenómeno de la cultura popular y no una simple congregación de macarras durante el fin de semana. Pero ha tenido que pasar casi quince años, para que esta visión comience a cuajar.

Joan Manel Oleaque es también autor de Des de la tenebra. Un descens al cas d’Alcàsser” (Empúries, 2002). Junto a Carles Porta y Ramón Campos participará en “Crónica de dos crímenes”, sesión inaugural del festival Primera Persona, el próximo viernes 11 de mayo en el CCCB.

Pero ésta, como bien sabrán porque están en ella, no es una revista de sucesos. Joan Manel Oleaque responde al teléfono desde Valencia para hablar de música, cultura popular, drogas, fiesta de clase trabajadora, ritos iniciáticos y aquelarres generacionales.

Entre la edición en catalán y la actual han pasado catorce años…

Cuando escribí el libro era complicado que se entendiera la propuesta. Había una escepticismo muy grande sobre la ruta y solo era conocida por su parte macarra. El libro en catalán se entendió muy bien, pero solo desde un punto de vista sociológico. Con el tiempo se ha convertido en algo así como un libro de culto (a 162€ en IberLibro). Cuando acepté la propuesta de Barlin Libros, poco después se publicaron los libros de Luis Costa y Chimo Bayo y Emma Zafón. La percepción general sobre la ruta ha ya había comenzado a cambiar y todo ha ayudado a tener una recepción muy buena.

 

¿Es sencillo llevar a cabo este ejercicio de revisión y de readaptación a un libro publicado en 2004?

El prólogo de Kiko Amat ayuda a entender esta evolución, lo sumariza bien y de una forma muy divertida. Hay una parte de la edición en catalán en la que me contuve mucho y aquí he querido no hacerlo: la parte emocional. Lo que se llama la Ruta del Bacalao fue algo muy importante para mucha gente, no solo algo divertido, sino también el contacto iniciático con una realidad más moderna para toda una generación. Esto ahora se nota mucho más.

La parte centrada hacia la evolución de la máquina en Catalunya ahora está más dispersada hacia otras zonas del Estado y también se ha añadido como la Electronic Dance Music, dominada por los Estados Unidos y las grandes corporaciones de la música de baile. La última etapa valenciana es un resumen en pequeña escala de lo que sucede ahora nivel global, una banalización absoluta de la música electrónica, introducida en el capitalismo más duro. Es lo mismo que se intentó hacer aquí en circunstancias muy tristes.

 

¿ La culpa de la banalización de la Ruta en términos musicales la tenemos los catalanes?

No sabría decirte si la culpa, la responsabilidad es más bien compartida. Es algo complejo porqué el inicio de la máquina en Catalunya es interesante a nivel musical. Es una versión de la valenciana, más asequible, pero mantiene el nivel de calidad. Lo que pasa en Catalunya es que el público está más compartimentado, es menos interclasista, más estratificado, y hay un conjunto de productoras locales que se fijan en el fenómeno y buscan el negocio. La banalización es clara, pero era algo casi inevitable. Lo que pasa en Catalunya lleva a muchos DJs valencianos a pinchar allí y pasan de pinchar ante decenas o centenares de personas con cierto recorrido a hacerlo ante miles de sin ningún tipo de educación musical.

Pero hay otros factores. Lo que también pasó es que Inglaterra subió mucho el precio de los aranceles, por lo que la música de importación encareció mucho y comenzó a traerse música desde Italia, que era más banal. Allí también se hacía muy buen house, pero se optó por el Eurodance…  Se impuso la posibilidad de ganar dinero a corto plazo, aunque luego el tiempo ha demostrado que con el house y el techno también es posible.

 

Paseando por YouTube y buscando diferentes documentales y reportajes informativos serios, no sensacionalistas, sorprende la falta de perspectiva general. Hay una vertiente cultural que apenas se trata…

Siendo claros, la parte vanguardista y cultural solo la valora la gente joven, más inquieta, los veteranos que lo vivieron o los periodistas. Si miras a Chicago en el 84 o a Ibiza en el 87 o el 88 sí que existe una corriente cultural muy potente que forma parte de la cultura popular moderna. Con el bacalao el nivel de percepción generalizado no ha cambiado, solo ahora comienzan a abrirse puertas hacia una nueva interpretación, pero a nivel institucional, por ejemplo, nunca se ha reconocido la importancia de los DJs valencianos, muy importantes, pioneros totales y absolutos. En el caso catalán, Nando Dixkontrol, que tiene un documental magníficos, es una figura que debería estar mucho mejor considerada. Quizá es que tiene una imagen demasiado fuerte…

Pero la gente más inquieta comienza a entender lo que pasó aquí, aunque queda mucho por hacer. Mucha gente es escéptica porque esto no dejó un legado de grupos como pasó en Manchester. Pero esto no iba de grupos, iba de clubbing, productores y DJs. Estamos hablando de la invención del DJ moderno y cuesta aceptar que en Valencia estuviera el principio de todo.

 

Ahora que ha salido Manchester, yo que vivo en Manchester, ¿como salgo ahí afuera y le digo a esta gente que en Valencia fueron antes que ellos? Me tomarían por loco…

No te creerían porque no hay literatura al respecto, no hay información. Algunas personas lo saben, como por ejemplo el DJ francés Ivan Smagghe (ex del grupo de electroclash Black Strobe) que habla de sus inicios en la música electrónica en Spook Factory. La gente de Manchester tendría que saber que cuando los Stone Roses eran número uno en Inglaterra vinieron a tocar gratis en Valencia porque era donde querían estar, se sentían más identificados con lo que pasaba en Valencia que con ningún otro lugar. El primer concierto de los Happy Mondays en España también fue en Valencia y cuando estaban grabando en Ibiza mandaban a sus roadies a Valencia a por mescalina.

Muchas corrientes underground han tenido una serie de periodistas que se han encargado de darles consistencia. Esto no pasó en Valencia y es de lo que trata el libro, es periodismo, explicar algo vivido y vivido por otros. Lo que no puede es ignorarse porque a mucha gente no le guste, se tiene que aceptar y explicar en rigor lo que pasó.

 

La sensación es muy cierta y te quería preguntar sobre ella. Parece que mucha gente no le gustara. Me pasan por la cabeza el libro de Héctor Castells sobre Sideral o el documental “Nitsa: el giro electrónico” de Alex Julià. En él solo Miqui Puig habla de pasada sobre los orígenes de electrónica en España en Valencia, pero parece que el punto de partida es Barcelona y que todo el relato se ha creado desde una perspectiva más elitista…

Hay una historia que hizo borrón y cuenta nueva y explica que todo empezó en Barcelona a mediados de los 90 y no fue así. Mucha gente se empeña en poner todo lo que pasó en Valencia en el mismo carro que los peores aspectos de la máquina. Puede gustar más o menos pero era una música para un tipo de gente determinada. En Inglaterra, Simon Reynolds habla sin tapujos del Leicester Hardcore o la web Resident Advisor hace con toda naturalidad reseñas de fiestas hardcore brutales en Rotterdam. En Valencia había cosas muy avanzadas, pero la deriva fue muy grotesca y han acabado borrándose de la memoria colectiva. Yo no me resigno a esto.  

 

Hablando de Simon Reynolds y utilizando uno de sus conceptos más conocidos. ¿Qué parte de “retromanía” hay en este, llamémosle y disculpa, revival de la ruta?

No sé decírtelo. Se mitifican cosas muy estúpidas por el hecho de ser pasadas, pero no pasa nada si se mira hacia atrás hacia algo interesante y se hace una revisión histórica. Actualmente hay mucha música electrónica muy buena, pero la gente solo conoce los DJs que salen en las listas de Forbes, pero sigue habiendo público que busca cosas escondidas o que en su momento fueron tabú. Como bien has dicho, perdura un interés muy vivo por los ochenta, pero creo que lo que está pasando ahora mismo lo trasciende, no es coyuntural, es un interés para redescubrir un fenómeno de una manera diferente, más sana y más seria.

 

¿Es necesario reivindicarlos precisamente por qué no había una élite cultural que lo haya hecho durante estos años? Comentábamos Barcelona, pero si miramos a La Movida todo es mucho más elitista y la Ruta, comentas en el libro, fue un fenómeno casi “de pueblo”, incluso alejado de Valencia capital. Los cambios culturales de la España de los ochenta y los noventa provienen de clases acomodadas, elitistas.

Sí, este no es nuestro caso. Era una interpretación de la modernidad como hacían las élites, pero en manos de gente de pueblo, no eran niños pijos haciendo el tonto. Claro que en los pueblos hay gente con dinero, pero era gente de clase media o humilde con la posibilidad de hacer cosas diferentes en un espacio todavía por explotar. Muchas eran discotecas de pueblo, sin presión, en las que se podía experimentar de todo y a fondo. En Valencia capital había gente que quería experimentar con las cosas más radicales que llegaban y allí era complicado pero el público más compartimentado y clásico que había y entonces se recurría a los pueblos.

Este es uno de los aspectos más interesantes. Siempre fue algo de gente trabajadora, con voluntad de expandirse entre gente trabajadoras y educando la gente trabajadora en la vanguardia. Esta voluntad es clave.

 

¿Y por ser un fenómeno de clase trabajadora no atrajo a famosos de la época?

Al principio sí. Al principio era fácil ver a Almodóvar, Radio Futura, Loquillo… la mayoría venidos desde Madrid, pero también gente internacional, grupos que quizá no tenían conciertos en la zona pero igualmente venían, como Killing Joke. También venía gente desde Italia o Francia. Realmente era muy underground sin internet ni nada y al no ser Madrid o Barcelona, que eran los focos de la nueva España del momento. Cuando creció, estos famosos ya no iban… y tampoco podían.

 

“Realmente underground” comentas… Recuerdo buscar vídeos de la época y ver cómo se rompían discos que se consideraban comerciales. ¡Discos de The Human League o Depeche Mode! Pensar que alguien podía considerar comerciales discos de The Human League o Depeche Mode en España a principios de los ochenta, me flipa.

¡Carlos Simó rompía los discos que sonaban en la radio, públicamente! Classic Noveau, un grupo dentro de los new romantics, vino a tocar cuando no sonaba en la radio ni en ningún lugar. El mismo Carlos trajo a los Spandau Ballet cuando eran lo más de lo más en Inglaterra en el 81. Se arriesgaba mucho, no se cortaban en nada. Hicieron de la necesidad virtud y no se podía tolerar que un disco de aquellos sonara en la radio, para las masas, se odiaba el mainstream. Luego todo se encaminó hacia el mainstream.

 

Insistiendo. ¿Qué pase en los pueblos y no en un gran núcleo urbano como Madrid, Barcelona o incluso Valencia es lo que hace la Ruta tan particular?

Sin duda. Y la longevidad. La gente tiene la idea de lo los años potentes fueron pocos, pero fueron muchos, desde principios de los 80 hasta el 93. En el 94 ya era un desastre. Por ejemplo con Valencia en Falles la gente se marchaba de la ciudad para ir a Chocolate, que estaba a más de 30 kilómetros. La vida real estaba allí, se llenaban las discotecas con miles de personas, era bestial, lo que pasa, y es algo que no he comentado nunca antes, es que la gente se pensaba que eso duraría para siempre, que se podía hacer cualquier cosa y que no era necesario cuidarlo. Pensaban que la escena siempre había existido y siempre existiría. Para muchos lo que pasó fue hasta traumático.

 

El final, por lo que explicas, lo fue. Regresando a los aspectos más sociales, en el libro destacas la sensación de “hermandad” de todo el fenómeno. Algo que fue a más cuando empezó la persecución mediática y política.

Sí. En el 93 comenzó una cobertura mediática amarilla, sensacionalista, pero a la gente le daba igual. Incluso la gente de zona todavía iba más. Pero llegó la Ley Corcuera de “la patada en la puerta”. ¡Se la paraba de noche en la carretera con ametralladoras, como terroristas! Cada semana. También aumentaron los registros y las multas por posesión de sustancias. La música fue bajando de calidad a medida que venía más gente de fuera, y las discotecas encantadas, claro. Era una comunidad, la sensación de hermandad era muy grande, pero acaba rompiéndose por todo esto y por la gente que viene de fuera y que nada tiene que ver con todo aquello. Era inevitable. Llegado a un punto, los empresarios solo quieren hacer dinero, el público que se le deje tranquilo, las discotecas van por un lado y los gustos de la gente por otro…

 

Y se entiende. Fue vuestra juventud, vuestro periodo iniciático. Creo que esta reflexión lo sintetiza todo y cómo lo vivisteis muchos desde un punto de vista emocional…

Sí. Es que fue así.

 

Joan Manel Oleaque es también autor de “Des de la tenebra. Un descens al cas d’Alcàsser” (Empúries, 2002). Junto a Carles Porta y Ramón Campos participará en “Crónica de dos crímenes”, sesión inaugural del festival Primera Persona, el próximo viernes 11 de mayo en el CCCB.


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