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Hijo de Jesús – Denis Johnson

posted by Marcos Gendre 5 febrero, 2014 0 comments

Hijo de Jesús

Uno de los grandes entomólogos del alma humana, Denis Johnson ha tardado demasiado tiempo en ser reconocido por tierras españolas. Incoherencia típica de las grandes editoriales españolas, parece que Mondadori se ha puesto las pilas y, motivados por el éxito de “Árbol de Humo” (2007) y “Que Nadie se Mueva” (2012) ahora nos regalan su mítico libro de cuentos: “Hijo de Jesús.”

Su obra más relevante, junto a la citada “Árbol de Humo”, hay que remontarse hasta 1992, año de su publicación original, cuando Johnson aún estaba en su viaje interior por encontrar una voz propia. De este modo, si en su primera novela, “Angels” -aquí publicada por Anagrama como “Ángeles Derrotados”- Johnson pasaba de la poesía de sus primeros años al mundo narrativo, inundado en una perspectiva repleta de giros poéticos, en “Hijo de Jesús” ya podemos ser partícipes de una depuración exquisita en su prosa. Calificado por muchos como una especie de Raymond Carver de los perdedores, realmente, Johnson va mucho más allá que el sobrevalorado tótem del cuento americano. En consecuencia, más allá de esos retratos con aparentes cargas de profundidad humana que Carver destila con vacío desapasionamiento, lo que provoca Johnson es un mismo encuentro en un punto de inflexión en la vida de sus protagonistas, pero llegando hasta el mismo alma de estos; mirándoles a los ojos para ver a través de ellos sus miedos para exponerlos como si se tratara de una resaca regeneradora; sin páginas en blanco en la memoria. Luego está lo que se extrae de esa forma atroz de ponernos como observadores de excepción de ese futuro que asoma en las vidas de los protagonistas de cuentos como “Dundun”, donde la búsqueda a toda costa de opio farmacéutico conllevará a una demoledora reflexión final -que no desvelaré, of course- por parte de su actor principal, tras la paliza propinada por Dundun a Jack Hotel.

Plagado de un carrusel de personajes típicos de Hubert Selby Jr., Johnson encuentra el filtro perfecto a sus efluvios etílicos en una mirada serena, sin maniqueísmos que valgan, hacia una fauna habitada en las sombras por yonkis, borrachos y veteranos de guerra.

Imbuido en una sencillez desarmante, Johnson explica los sentimientos humanos sin ribetes incordiantes, ni kilos de verborrea afectada. Fino estilista de la descripción, a lo largo de “Hijo de Jesús” no sobra ni falta nada. Sus retratos son tan humanos, y por momentos autobiográficos, que resulta imposible no sentirse reconocido con alguna de sus radiografías. Como ejemplo inmejorable,  la descripción que hace el protagonista anónimo, del cuento “Libre bajo fianza”, de su desolador refugio tabernero, resulta reveladora: “Y con cada paso mi corazón se quebraba por esa persona a la que jamás encontraría, la persona que iba a amarme. Y entonces recordaba que en casa tenía a una esposa que me amaba, o que luego mi esposa se había ido y yo estaba aterrorizado, o que después yo tenía una hermosa novia alcohólica que me haría feliz para siempre. Pero cada vez que entraba a este sitio había rostros velados prometiéndolo todo y entonces, enseguida, se volvían toscos, normales, mirándome mientras repetían una y otra vez el mismo error.”

Impecable de principio a fin, el arranque de esta obra, por medio de “Accidente durante el autostop”, nos llevará a una lectura voraz, pero pausada, reflexiva, que cuando llegue a la página 137 provocará lo que suele saben transmitir los grandes escritores: un vacío ante la imposibilidad de encontrar otra obra de las mismas características; y más, en este caso tan especial.

Una última anotación: cuentos como “Dos hombres” y “Sucia boda” son de los que deberían colocar de una vez por todas a Johnson el reconocimiento que se merece: como una voz auténtica sin innecesarias hiladas y continuas referencias a Carver; el rey de la descripción poética, Tom Spanbauer; o el arrebatado Selby Jr. He dicho.

8,5


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