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Noches eternas – Neil Gaiman

posted by Marcos Gendre 30 octubre, 2019 0 comments
De un mago llamado Neil Gaiman

No debe de ser sencillo retomar una serie tan mítica como la de Sandman e intentar estar a la altura de semejante oda a la inspiración. A pesar de las dudas y críticas de oportunismo suscitadas por querer retornar al universo de Morfeo y su familia, Neil Gaiman retomó su onírico jardín siete años después de haber cerrado en 1996 una serie de comics que, desde 1987, habían aunado a una ingente comunidad de fans. 

Ante el percal de no decepcionar a miles de feligreses reclutados bajo la luz de una serie, sencillamente, perfecta, Gaiman decidió ofrecer siete retratos de estilos antagónicos, supeditados a la personalidad de cada uno de Los Eternos. Para remarcar la autonomía de cada una de las historias aquí recopiladas, Gaiman decidió trabajar con siete de sus dibujantes favoritos. 

Los contrastes son tan pronunciados como la esencia de cada uno de los miembros de tan shakesperiana familia. No hay más que adentrarse en el estilo pictórico, de formas a lo Juan Giménez, para la ocasión, del gallego Miguelanxo Prado para luego caer en la abstracción indescriptible del siempre inabordable Dave McKean

De las ínfulas mitológicas en el guion escrito para la atlántica imaginería visual de Prado a los trazos imposibles de McKean o Bill Sienkiewicz, Noches eternas (Ediciones ECC) se nutre de un portentoso registro gráfico, a cargo de algunos de sus dibujantes más heterodoxos y únicos del mundo del cómic. 

De un habitual del gran Bryan Talbot como P. Graig Russell a Frank Quitely, los tentáculos extendidos de The Sandman arman un fresco de mirada tan panorámica como rica en matices. Todo un brainstorming visual plasmado desde viñetas que escapan de la condición “adicional” que los más críticos les quieran atribuir. A ello también ayuda un más que sembrado Neil Gaiman, que firma algunos de los momentos más fascinantes de toda la serie por medio de guiones como “Muerte en Venecia”, digna de una versión “a la Gaiman” del Pasolini más cáustico. Otro cuento que reluce con brillo especial es “El corazón de una estrella”, sencillamente, mágico. Cualquiera de los otros cinco, no bajan el mayestático nivel general, con ejercicios tan experimentales como el llevado a cabo en “Libro de las desesperaciones”. 

No hay nada que sobre en esta modélica extensión de “The Sandman”, que acaba por ser una brillante suma de talentos al servicio de un Gaiman que, muy inteligentemente, no ha querido continuar sus relatos donde había terminado la colección original. En su lugar, ha dispuesto una serie de relatos independientes que engarzan perfectamente dentro del cuerpo general de su creación más relevante, y que en unos meses podremos contemplar en versión televisiva.

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