Reseña

Así es como la pierdes – Junot Díaz

posted by Marcos Gendre 4 diciembre, 2013 0 comments

Así es como la pierdes

Pero qué bueno es el Junot Díaz: tanta humanidad, ese humor caribeño, barriobajero y poético sin que se note, fino entomólogo del alma humana … Las razones para leer de un tirón – no hay otra manera de zamparse este libro – estos nueve textos emergen con descaro dominicano para recordarnos que estamos ante el autor de la excelsa “La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao” (2007). Sin duda, el pulitzer más merecido de lo que llevamos de siglo. De esta manera, si en aquella zambullida a pulmón, dentro del verdadero corazón tragicómico del nerd, Junot se ponía a la altura, o superaba, la seminal obra prima-lejana de John Kennedy O’Toole, “La Conjura de los Necios” (1980), ahora, con Así es como la pierdes (Mondadori, 2013) vuelve a dejarnos con la sonrisa dibujada en forma de lágrima con otra obra estremecedora, hilarante, y, sobre todo,  humana, una por la que al cerrar la última página ya estás rezando con relicario para que retome ese primer capítulo, que lleva cinco años sin poder acabar, de su ¿próxima? novela.

Construido bajo la apariencia formal de un libro de cuentos; en realidad, la nueva obra de Junot es una novela dividida en diferentes etapas de la vida de Yunior, centrada en momentos decisivos de su vida, de los que te van moldeando por dentro ante decisiones que, puede que algún día olvides, pero siempre te acompañarán. Así, nos tendremos que dejar llevar por Yunior rodeado de su familia, de su hermano terminal de cáncer y de una noria de mujeres, una movida por esos amores tan cercanos como tristemente irrealizables. En consecuencia, “Así es Como la Pierdes” se salta el guión de la narración clásica para que nosotros queramos a sus personajes tanto como los quiere Junot, para dejarnos huecos a la imaginación entre esos lapsos temporales vacíos, de páginas sin letra. Porque si algo sabe contagiarnos Junot es una complicidad ilimitada con sus creaciones, unas que cobran vida propia por medio de esa jerga dominicana, tan viva, tan directa y melosa, tanto como una manzana de caramelo. En este punto, hay que darle un diez a la traducción realizada por Achy Obejas, que sin su inusual destreza se hubieran perdido matices demasiado jugosos para el lector ávido de este torrente literario, de sabores amargos y dulces, nunca en conflicto, siempre en perfecta simbiosis. Melón con pernil, Junot nos envuelve con sus palabras, nos atraviesa la caja torácica con punzadas de humor a boca abierta, para luego retorcernos el estómago con una dura melancolía del “momento” con la que es difícil no sentirse identificado en alguno de los pasajes de esta obra amiga, que no amable. Y es que cuando un libro tiene un arranque como éste, sobran las palabras. Bueno, perdón, no sobran, si no que faltan más de esta rara, por única, sangría  golosona:

“No soy un tipo malo. Sé cómo suena eso –defensivo, sin escrúpulos- pero no es así. Soy como todo el mundo: débil. Capaz de cualquier metedura de pata, pero básicamente buena gente. Sin embargo, Magdalena no lo ve así. Ella me considera el típico dominicano: un sucio, un perro. Sucede que, hace varios meses, cuando Magda todavía era mi novia, cuando yo tenía que tener tanto cuidao con casi todo lo que hacía, le pegué cuernos con una jevita que tenía una montaña de pelo a lo freestyle, como en los años ochenta. No le dije nada a Magda, por supuesto. Tú sabes cómo es eso. Un huesito apestoso como ese, mejor enterrarlo en el patio de tu vida. Magda solo se enteró porque una amiguita suya le mandó una fokin carta. Y esa carta tenía detalles. Vainas que no le contaría a tus panas, ni aunque estuvieras borracho.”

En resumen, si esta joya no se lleva el de diez sólo es debido a que la sombra de su anterior novela aún es demasiado grande para escapar de ella.

8,5


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