Reseña

Cutter y Bone – Newton Thornburg

posted by Marcos Gendre 8 diciembre, 2016 0 comments
Gran fauna loser

Cutter y Bone

Desde que Sajalín editores se propuso darnos a conocer la obra del gran Edward Bunker  su seguimiento de los grandes de la literatura de fregadero anglosajona no ha dejado de sumar nombres de interés. El último de estos es Newton Thornburg, que en 1976 escribió Cutter y Bone, lo que se entiende como la gran atalaya de toda su trayectoria. Aunque ya se sabe, estamos hablando de reconocimiento, y esta medida no siempre da con la realidad de los verdaderos logros. A saber lo que nos pueden deparar esperadas nuevas ediciones de este autor. El cual, desde luego, resplandece como un retratista mayor de la fauna loser.  Y que se muestra en todo su esplendor a lo largo de las páginas que dan vida a esta novela, desde ya, clásica. Eso, al menos, para todos los que sentimos un cosquilleo especial ante retratos de personajes como son los desastrados Alex Cutter y Richard Bone. Mientras el primero responde a la estampa del típico veterano de Vietnam como representación del rostro demacrado de eso conocido como “sueño americano”, el segundo es un gigoló de segunda división, no menos sintomático en su manera de hacer reconocible la otra realidad que le han vendido al pueblo americano. Así, Bone es un hombre que ha perdido a su familia y que encuentra en Cutter a alguien, incluso, más desgraciado que él. Cutter ha adoptado a Bone como su hermano de corredurías. Su relación está basada en una comunión alcohólica tras la que se esconde un tsunami de reproches, envidias y absoluto desconcierto ante lo que les pueda deparar una vida, a la que no dejan de maldecir no sólo con palabras, sino con todo acto estúpido realizado, en todo momento. Cada uno de ellos resuena como el complemento menos necesario del otro. Las dos piezas que dan tono de buddy novel a este relato, y que son contrarrestados por un plantel de personajes femeninos que redimensionan la paranoia creciente de los dos protagonistas, obsesionados con jugársela al magnate J.J. Wolfe, y cuya presencia invisible sobrevuela cada página como una guadaña esperando su momento desde las sombras. No en vano, esta novela reproduce el mal que se esconde entre la maleza de la condición humana como representación del capitalismo. Este mal aguarda en el pueblo de Ozark (Missouri), la meta final para Cutter y Bone. El trayecto está marcado por un tono a road movie abocada a destino final, remarcado por la contraposición entre el Sur más enraizado al que han marcado rumbo con los espejismos engañosos, reflejados desde Santa Barbara, ese supuesto paraíso, y paradigma, del triunfador en el ideal de la vida de anuncio.

Para que esta excursión se haga aún más memorable, ahí se impone el estilo sesgado de Thornburg, todo un maestro en sacar punta a la frase corta, entre diálogos disparados con escandalosa fluidez. A lo que hay que sumar su habilidad innata para dotar de diferentes perfiles a todas las frases que sales de su máquina de  escribir. Thornburg es un maestro en este arte de la sabiduría subyacente, y lo sabe. Pero nunca cae en la auto complacencia, sino que desemboca todo su arte en dar voz a un ramillete de personajes tan memorable que al lector no le queda otra opción que buscar una precuela a tan demoledor, y subyugante, trasiego de estados de ánimo a la deriva.

8,5


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