Reseña

El juego favorito – Leonard Cohen

posted by Marc Muñoz 11 abril, 2018 0 comments
Circuitos del pasado revividos

El juego favorito

Antes de que dejar este mundo en 2016, Leonard Cohen fue el otro músico capaz de enardecer  los círculos literarios cada vez que su nombre sonaba para el Premio Nobel de Literatura. Los libros de historia nunca recogerán su nombre en la larga lista de ilustres premiados, pero Cohen, quizá más que Dylan, encajaba en esa distinción como denota una escasa (12 libros y dos únicas novelas), pero soberbia, bibliografía.

Su primera novela, El juego favorito (1963), ubicada en el casillero en que el músico aún no había asaltado los corazones de medio planeta a través de su voz inmortal, sus letras y sus acordes de guitarra, presenta más que el advenimiento de un talento, la consumación de este en una suerte de juego literario tan en boga estos días, un pedazo de metaliteratura donde Cohen se proyecta en las escaramuzas vitales de Lawrence Breavman, un judío de la ciudad de Montreal abriéndose caminos en los placeres y  angustias de la existencia.

Porque lo que aquí captura Cohen, con absoluta precisión y claridad, son los episodios asociados al primer amor, al despertar sexual, a la emancipación materna, a las amistades que parecen irrompibles, a los titubeos e incertezas, a los primeros romances, a las maratones de dormitorio. Un tratado de iniciación que ha sido comparado con El guardián entre el centeno de J.D. Salinger en el que Cohen se desangra como persona a través de un poderoso y magnético estilo. Uno sumamente imaginativo, elocuente y preciso, desarrollado en tres partes que encuadran más o menos las etapas de niñez, adolescencia y juventud, y que presentan una estructura fragmentaria, a veces, incluso, confusa, desafiante con el lector más complaciente.

Pero si por algo sobresale y permanece agarrada esta lectura es por su perspicacia descriptiva, por su capacidad por transportar y revivir en la cabeza del lector instantes de su pasado que permanecían enterrados en su memória. Lo expone Ray Loriga en el prólogo del libro reeditado por Lumen: “Lo que consigue Cohen, lo mismo que Proust, es devolver a cada cosa, a cada instante, el brillo que tuvo en el pasado“. Esa clarividencia de quien además domina el lenguaje para dar con la sensación pretérita exacta y remover el sentimiento preciso asociada a ésta. Pues eso. Un toque de genio.

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