Reseña

Jean Stafford – Los niños se aburren los domingos

posted by Cesc Guimerà 6 mayo, 2014 0 comments

Los niños se aburren los domingos

La vida de Jean Stafford fue una vida entre letras. Hija de un escritor de novelas de serie B ambientadas en el Oeste, casada con el poeta bostoniano Robert Lowell primero, con el editor de la reviste Life, Oliver Jensen, después, y con el también escritor A.J. Liebling en sus terceras nupcias, la californiana consiguió hacerse un lugar, por méritos propios, en los círculos artísticos en la américa de mediados del siglo pasado, cuando la discriminación contra las mujeres permanecía todavía a la orden del día. Sajalín Editores recupera ahora algunos de sus mejores relatos en Los Niños se Aburren los Domingos.

Stafford (Covina, California, 1915 – Nueva York, 1979) fue una de las escritoras americanas incluidas por  Elaine Showalter en A Jury of Her Peers: American Women Writers from Anne Bradstreet to Annie Proulx (2009), una obra en la que la estadounidense reivindica las voces que salieron del ostracismo en la sociedad de su país, apóloga de libertades, pero profundamente conservadora en los años 50, antes de dar paso al auge de los movimientos aperturistas en las dos décadas posteriores. Su nombre figura al lado de Katherine Anne Porter, sus antecesoras Willa Cather o Edith Wharton o la pionera Mary Rowlandson, la esposa de un ministro americano que una vez liberada escribió sobre su cautiverio de casi tres meses en manos de los nativos Narragansett, allá por 1682…

Ganadora del premio Pulitzer de ficción en 1970 por The Collected Stories of Jean Stafford (1969) –de la que forman parte las trece historias seleccionadas por Sajalín–, Stafford fue también colaboradora habitual en The New Yorker. Su primera novela, Boston Avenue (1944) ya se convirtió en un best seller de la época. Su empecinamiento por recorrer mundo y abandonar la “domesticada tierra” en la que creció y en la comenzó a escribir sobre “los huracanes que asolaban las llanuras, las estampidas de ganado y los sangrientos incidentes que tenían lugar al sur de frontera” le permitió aparcar un destino que parecía ineludible como “escritora regional”.

Jean Stafford supo ganarse el reconocimiento nacional gracias a la veracidad que destilan sus historias, ingrediente fundamental e indispensable para saborear su obra. Sus personajes están retratados con una asombrosa profundidad y llenos de matices en todas sus etapas vitales, especialmente chocantes en la niñez y la adolescencia. Las ambientaciones destacan por su realismo gracias a las meticulosas descripciones y su manejo del estilo, frío y distante en ocasiones pero también punzante y con certero uso de la ironía cuando lo requiere, confiere a las historias  una naturaleza variante según las circunstancias. Desde los ambientes más familiares y acomodados hasta los más tocados por la tensión y la violencia.

Los Niños se Aburren los Domingos es una selección de relatos protagonizados por mujeres enfrentadas a las fuertes convenciones sociales de la América más profunda, la hipocresía, la falsa –o doble– moral genuinamente yankee y la permanente lucha por la (buena) imagen pública. Unas en busca de una nueva vida, de una segunda oportunidad, del privilegio de volver a empezar. Otras insatisfechas con sus matrimonios. La historia que da su nombre a esta recopilación es también una crítica a los ambientes intelectuales y exclusivos de la Nueva York de posguerra, en la que la propia autora, no sin las dificultades inherentes de ser mujer pese a tratarse de un entorno supuestamente progresistas, buscó cobijo y reconocimiento junto a un gran número de artistas.

Otros de los autores americanos de los que hemos hablado en el Destilador, como John y Dan Fante, Malcolm Braly o James Ross, la mayoría de ellos rescatados por Sajalín, Jean Stafford hizo de su propia vida parte del eje de su obra. Sus vivencias, su entorno, inspiraron parte de sus relatos e incluso algunos se convirtieron en verdaderos episodios autobiográficos. “El Castillo Interior” está plenamente inspirado en su paso por la clínica donde trató su adicción a la bebida. La vida de Jean Stafford, como sus historias, no transcurrió por un camino fácil. Murió en soledad y dejó su herencia a la mujer de la limpieza.

marco 75


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