Reseña

La furia – Gene Kerrigan

posted by Marcos Gendre 30 julio, 2015 0 comments

La furia

Pues sí, ya tenemos entre nosotros “La Furia” (Sajalín, 2015), una nueva demostración del gusto exquisito de Sajalín por sacar a la luz lo más interesante de la literatura de género, aunque en este caso -como en tantos otros de esta editorial-, encuadrarla dentro de la rama policial, o mafiosa, sería harto equivocado. Las intenciones van por otros senderos, y Gene Kerrigan, el autor, se sirve de su pericia como periodista para hilvanar una historia polarizada entre dos personajes no tan contrastados como pueda parecer en un primer momento, para sacar a la luz un retrato al fresco de la Irlanda no sólo contemporánea, sino de este último medio siglo. Y es que para conservar sus tradiciones, no hay nadie como un irlandés pegado a su pinta de Guiness o una monja disfrutando del abuso de poder ante los niños que tiene a su cargo. Tradiciones como las de la mafia irlandesa, tan a ras de calle como la de los grandes guetos negros. Precisamente, de ahí surge un personaje tan poliédrico como Vince Naylor, el verdadero corazón de la trama urdida por un Kerrigan que se siente pleno de confianza para poder dibujar con soltura pasmosa los intrincados rasgos que definen a Naylor. Y es que tal como se suceden sus actos, lo más fácil hubiera sido tirar hacia lo cool que es ser un criminal. Pero vamos, eso en Irlanda no cuela. Ni de coña. Pero a pesar que en algún momento lo pueda parecer, nada más lejos de las intenciones de Kerrigan, que primero despliega los relieves de un criminal con su punto sádico y su tremenda confianza en sí mismo, para más tarde adentrarse en las entrañas de la bestia y mostrar las teclas que hay que presionar para que un instinto de violencia latente explote en todo su esplendor y fiereza. Esta última consecuencia define “La tormenta”, el último de los cuatro bloques de la novela, y donde el clímax cincelado en prosa seca y granítica acaba por reventar por todos los aires.

Sin duda alguna, la descripción de los bajos fondos de las mafias irlandesas resulta ser el gran anzuelo de esta novela para arrastrarnos hacia su intrínculis. Tanto es así que el contraplano enfocado hacia el lado policial no aguanta las comparaciones. Si bien se trata de una radiografía modélica de la policía irlandesa, la presencia de un policía como Bob Tidey siempre pierde a los puntos ante la adicción que provoca el seguir los pasos de un personaje abocado a la tragedia, como es el caso de Vince Naylor, su gran antagonista en la acción. Entre la realista descripción realizada de un Bob Tidey que es policía porque jamás podría ser otra cosa y el vertiginoso auge y caída de Nayler, se produce un brecha de intereses en el lector, que, por pura atracción, lo arrastran hacia la esquina de Naylor. Quizá este hecho suponga un ligera desnivel en el peso de la narración, pero tampoco deja de ser imprescindible para sentir la detonación narrativa que Kerrigan dispone en los momentos más agresivos de la travesía timoneada, y en los que el periodista irlandesa tira de galones para edificar pasajes repletos de diálogos escupidos entre frases cortas, tan reales que uno puede llegar a imaginarse la película en su mente con claridad sibilina. Para aumentar la tensión, con el paso de las páginas, los diferentes frentes abiertos en la novela se van intercalando con mayor velocidad, entre párrafos más cortos, en un montaje digno de un Eisenstein parido entre las cloacas de Dublín.

Ya para cerrar, no me queda más que lanzarle un guiño a Sajalín para que sigan editando más obras de Kerrigan en castellano, una especie de David Simon a la irlandesa, pero sin su panorámica de gran novela rusa.

marco 75


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