Reseña

La vida sin armadura – Alan Sillitoe

posted by Cesc Guimerà 12 marzo, 2015 0 comments

La vida sin armadura

Leyenda urbana número uno sobre Alan Sillitoe: hablamos de uno de los grandes exponentes de la literatura obrera británica. Leyenda urbana número dos: forma parte de la generación de escritores y dramaturgos conocidos como los Angry Young Men. El narrador y poeta de Nottingham desmiente tópicos en la autobiografía La Vida Sin Armadura (Live Without Armour), publicada originalmente en 1995 y que ahora rescata y traduce por primera vez al castellano Impedimenta, que en los últimos años también ha editado los que, seguramente, son los dos grandes clásicos de Sillitoe: La Soledad del Corredor de Fondo y Sábado por la Noche y  Domingo por la Mañana.

Alan Sillitoe tampoco es un escéptico, ni un nostálgico y aún menos un idealista. Él mismo asegura no encajar en las románticas nociones preconcebidas que la gente tenía de la clase obrera británica. Una clase obrera respetada como nunca durante su infancia, adolescencia y primeros años de juventud, en los que los escalones de la pirámide de la sociedad con mayor conciencia de clase del mundo –palabras de Lindsay Anderson– se erosionaron hasta formar un único conglomerado con el objetivo común de defender primero el país del enemigo nazi y reconstruirlo, posteriormente. La etiqueta “novelista de clase obrera” es considerada una “grosería” y la de “un Lord Byron de clase obrera” asciende a estupidez para alguien que rehúye ser considerado de clase obrera… y de cualquier otra clase.

A lo que no puede renunciar Sillitoe es a ser considerado uno de los grandes nombres propios de la literatura inglesa de posguerra. Influencia ineludible para Grahan Greene, Muriel Spark, Kingsley Amis o Philip Larkin. Fallecido en Londres en 2010, miembro de la Royal Society of Literature y un gran ejemplo de la definición de fracaso escolar –abandonó los estudios a los catorce años– forjó su personalidad en las calles de un barrio de viviendas protegidas de ladrillo rojo al norte del río Trent, en la gris e industrial Nottingham, en la fábrica de bicicletas Raleigh y con la oposición permanente a la figura de su padre, un paria que ni siquiera fue capaz de encontrar un trabajo en la Inglaterra del pleno empleo, durante los años de la contienda. La falta de respeto hacia la autoridad que mantendría a lo largo de su vida y la fijación por no asumir el distintivo obrero de por vida definirían, luego, su obra. A Colin Smith no renunciando a sus principios ni sucumbiendo a los chantajes morales de los rectores del Bortsal. O a Arthur Seaton rebelándose contra las convenciones sociales de su tiempo.

Años más tarde llegaría el paso por la Royal Air Force, aunque nunca llegó a pilotar un avión (leyenda urbana #3), los años en Malasia, la lucha contra la tuberculosis y la creciente afición por la navegación, la cartografía y la radiotelegrafía. Etapas, todas ellas, acompañadas de horas de lectura. Con la literatura como refugio adolecente y mecanismo de evasión en su edad adulta: los clásicos griegos, Conan Doyle, Víctor Hugo, Dumas, Jack London, Robert Tresell… infinidad de referencias.  La desmovilización convertiría a Sillitoe en un jubilado de veintiún años y en un escritor indigente, cómo él mismo se define, subsistiendo a base de la pensión de veterano.

Su carrera como escritor despegaría tras años de obstinada dedicación y decenas de originales descartados, algunos de ellos rescatados años más tarde como pasajes de Sábado por la Noche y Domingo por la Mañana. Comenzó a escribir en los años 50, en Mallorca, instigado por el poeta Robert Graves, y durante su estancia española recuperó un relato que inspiró La Soledad del Corredor de Fondo, que no fue escrita íntegramente en Alicante (leyenda urbana #4) y confeccionó una colección de relatos de viajes sobre España que nunca llegó a ver la luz, por fortuna para los intereses turísticos del país, según se deduce de la narración de las experiencias vividas por Sillitoe, especialmente en Málaga. ¿Lo de Joe Strummer en Almería? Pues al revés.

El éxito llegaría con la publicación de su primera novela, Sábado por la Noche y Domingo por la Mañana (1956), llevada al cine cuatro años más tarde por Karel Reisz, con Albert Finney en el papel de Arthur Seaton, en la que el propio Sillitoe trabajaría en el guion. Una cinta que tendría que luchar contra la Junta de Censura Cinematográfica, en la que no aceptaba palabras como “capullo”, “fulano” o “joder” (puñetero aparecía 32 veces y “hijo de puta”, once).  Dos años después, La Soledad del Corredor de Fondo (1959) también fue adaptada por el propio autor para la gran pantalla, en esta ocasión dirigida Tony Richardson y con Tom Courtenay (sí, el de la canción de Yo La Tengo) como Colin Smith.

La casi simultánea publicación de las primera novelas de Kingsley Amis y John Wain, el estreno de Mirando Hacia Atrás Con Ira de John Osborne y su posterior llegada a la gran pantalla, el auge de Free Cinema/Kitchen Sink o las fotografías de Chris Killip o John Bulmer ayudarían encasillar para siempre a Alan Sillitoe dentro del movimiento cultural obrero británico. Lo que esquiva en La Vida Sin Armadura. Aunque lo que Sillitoe no puede eludir son sus orígenes y su vida. Porqué sus orígenes y su vida fueron su obra.

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