Reseña

Las enseñanzas de Don B. – Donald Barthelme

posted by Marcos Gendre 28 mayo, 2014 0 comments

Las enseñanzas de Don B

Considerado como uno de las mayores influencias en la evolución del cuento dentro de la literatura americana desarrollada durante la segunda mitad del siglo XX, Donald Barthelme ha sido etiquetado bajo un sospechoso sello “postmodernista”, para nada certero con su verdadera esencia y revuelta percepción a ras de calle. En este sentido, y a diferencia de los que gustan de perderse entre egocentrismos sin ningún tipo de mensaje, Barthelme se sirve de un caos narrativo, símbolo de una sociedad oligofrénica, desde el que se sirve para perpetrar un bizarro retrato de los males endémicos que nos rodean a través de un gran test de rorschach narrativo. De los problemas más globales – el militar, las tradiciones – hasta los planos más personales, “Las Enseñanzas de Don B.” (Automática, 2013) resulta ser una recopilación de cuentos ejemplar que sirve como conducto ideal hacia la obra de este presdigitador de las formas – entre la que, como  muestra superior, se encuentra “El Padre Muerto” (Sexto Piso, 2009) -; porque si por una cosa la escritura de Barthelme llama la atención a primera vista es por su fluidez para estirar o pervertir las formas según lo requieran sus propias intenciones temáticas: los diálogos vertiginosos de “La Esmeralda”, la apariencia clásica de “La Niña” o la esquizofrenia del monologo en carta de “The Sandman”, respecto a este último cuento, no puedo dejar de recoger un extracto, paradigma del sarcasmo crítico inherente en todo lo firmado por Barthelme:

“El mundo es insatisfactorio, lo es, sólo un tonto lo negaría. Sé que su propio proceso de estructuración psíquica aún está en desarrollo – usted tiene treinta y siete años y yo cuarenta y uno -, aunque debe ser ya suficientemente mayor como para ser consciente de que la mierda es mierda. La percepción de Susan de que Estados Unidos se ha aferrado a una ética de la avaricia y que esta ética de avaricia ha convertido nuestro pequeño país en un pequeño infierno no es, creo, equivocada. ¿Qué hacemos ante tal percepción? Le ponemos una tirita, supongo. En cuanto a sus depresiones, yo no haría nada. La dejaría a su aire. Le pondría música.”

Torrente de humor incorpóreo, leer a Barthelme resulta lo más parecido a imaginarse a Lewis Carroll jugándose un mano a mano con el Cortazar más volátil, con una vuelta más de tuerca. Pero si con alguien podemos hacer un paralelismo más representativo ese sería con los cuentos de Roland Topor. Pura lisergia literaria, al igual que la negrura alocada de Topor, Barthelme opta en todo momento por sumirnos en sus isobaras embravecidas, aunque, es cierto, por momentos puede llegar a resultar en un ejercicio de puro egocentrismo; un divertimento hecho para sí mismo, y nadie más. Dicho esto, dentro de los cuentos de Barthelme, nos encontramos con dos tipos: los admirables por su tremenda originalidad y los que, sencillamente, te zambullen en su fascinante vaivén, aparentemente, desnortado. Y es cuando logra esto último que Barthelme alcanza la posición de maestro del cuento libre, donde las fases que llevan a un cierre, la mayoría de las veces son evitadas a conciencia; sin vacuas trampas postmodernistas. Como resultado de este espíritu sin cortapisas, “Las Enseñanzas de Don B”. resulta un “elige tu propia aventura” expuesto desde la puerta trasera del subconsciente; eso sí, uno donde las alternativas están programadas para hacer pupa en el corazón de las convenciones y obsesiones que mueven el carnaval de máscaras que vemos desfilar día a día. La cara grotesca de la “normalidad”, “Las Enseñanzas de Don B.” resulta un documento sin desperdicio para todo el amante de la literatura más actitudinalmente atrevida.

 marco 75


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