Reseña

Little Boy Blue – Edward Bunker

posted by Marcos Gendre 23 abril, 2013 0 comments

Little boy blue

Escritor de una visceralidad repleta de humanidad. 32 años después de su publicación en Estados Unidos, la novela favorita del enorme Edward Bunker, por fin, ya está entre nosotros. Y ya iba siendo hora, la verdad. Un libro de los que se pegan en la memoria con super-glue. Vayamos por partes antes de adentrarnos en el corazón roto que mueve esta obra descomunal. Para tal empresa, pongámonos un poco en situación.

Uno de esa rara estirpe de escritores que siempre dan con la palabra exacta para describir los sentimientos más contradictorios y enfrentados. A lo largo de toda su trayectoria literaria, Bunker ha creado un universo interior, como reflejo de su propia vida. Siempre contando con diferentes alter-egos, alcanzará su mayor gloria como narrador en La Educación de un ladrón, publicada en España en 2003 por Alba Editorial, y una de las más apabullantes autobiografías que se hayan escrito jamás. En ese mismo libro, ese tan manido dicho “cuando la realidad supera la ficción”, llegaba a niveles de nueva significación. De esta manera, Little Boy Blue, funciona como una ampliación de los años de la infancia en los que Bunker se refería al comienzo de su gran obra maestra. Época centrada en su paso de los 11 a los 17 años, Little Boy Blue, es la novela favorita de su autor. Y se entiende, porque a la hora de escribirla, nunca jamás Bunker había tenido la oportunidad como la que le propicia la historia relatada desde estas páginas, mediante las que nos muestra las raíces que provocan el nacimiento de un criminal. Uno que lucha constantemente contra un destino que parece marcado, desde la más tierna infancia de Alex Hammond, protagonista absoluta de esta obra. Camino a través del que conocerá  todo tipo de personajes secundarios. El carácter de Alex y su gran inteligencia trabajarán como el piloto automático de las confrontaciones, literales y morales, que dan cuerda a esta obra que, además de las vivencias de su actor principal, nos planta delante de las narices una de las críticas más demoledoras a todo tipo de institución o correccional al servicio de “enderezar” niños descarriados. Lugares inhóspitos, descritos con la minuciosidad del que los ha vivido en primera persona, Bunker crea pesadillas demasiado “reales”, como para tener que pellizcarse durante su lectura. Porque en Little Boy Blue su autor te mete dentro de ellas. Te hace sentir como el compañero de la cama más lejana a la de Alex. Te introduce en una espiral de neorrealismo sucio, sin la épica innecesaria que desprenden otros relatos sobre manicomios o correccionales, con protagonistas que acaban transmutando en héroes, muy por encima de su condición humana impuesta.

Narrado con la aparente sencillez que siempre despliega Bunker, su forma de escribir,  esperando el momento justo para mostrar las tripas del verdadero dolor, es de las que hacen todavía más creíbles las historias de supervivencia, al exterior y a uno mismo, que le han hecho merecedor de equipararse a otros grandes narradores del sufrimiento humano, como Jim Thompson, Boris Vian y Louis-Ferdinand Celine. Por si no fuera suficiente, Little Boy Blue cuenta también con invitados de lujo, como Max Dembo, protagonista de la desgarradora No hay bestia tan feroz (1973), acabando de certificarla como una demoledora novela-documento sobre la realidad de un terrorífico estado de control, ya en vigor en nuestra sociedad desde los años más jóvenes.

Ya para terminar, que mejor que recordar al Bunker de Reservoir dog, a ese compañero de trena de John Voight en Runaway Train (1985) y, como no, al socio de Dustin Hoffman en Libertad Condicional. Tres de sus apariciones más imponentes, dentro del séptimo arte, Bunker es la imagen más descarnada de la realidad, una que traspasaba los límites de la invención cinematográfica o literaria, para desplegarse en un primerísimo primer plano de la verdad interior. La misma que escuece, sin cura posible, desde las entrañas de esta brutal novela de no-iniciación.

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