Reseña

Love Song – Carlos Zanón

posted by Marc Muñoz 25 enero, 2022 0 comments
Carretera y speed

Love Song El barcelonés Carlos Zanón, asentado desde hace ya unas lecturas como una de las voces referenciales de la literatura en español y de género negro, asalta de nuevo las librerías con otro ejemplar literario a atesorar. El novelista, poeta, y comisario de la BCNegra se inmiscuye en su última novela en un apasionante relato sobre amistad, amor, sexo, violencia, desenfrenos adictivos y pasiones musicales que reverberan sobre espíritus en proceso de desollamiento.

Love Song se presenta en clave de road book para trazar un agitado viaje alrededor de un triangulo afectivo (más sentimental que sexual). Tres músicos que intentan aferrarse a tiempos mejores mediante el  burbujeo que les proporciona una gira de campings y tugurios de localidades costeras catalanas con la que pretenden retomar la camarería de antaño y espantar fantasmas demasiado extenuantes.

Con esa premisa en el contrato, Zanón lanza al lector hacia los respiraderos vitales de tres individuos (dos hombres y una mujer) desolados; Aquejados y atormentados en sus desajustes entre la imagen pública y su yo interior, o bien, entre su representación heroica sobre el escenario (especialmente la pretérita) y los demonios y traumas (pasados y presentes) adosados a ellos por mucho sexo, polvo blanco y kilómetros que intenten poner de por medio.

Lo invencible en la lectura propuesta por Zanón, además de alejarse de clichés y lugares comunes en su descripción de la mitología rockera, siempre bien reforzada por los referentes musicales reales alojados en sus líneas (ese hilo musical de 1985 como juego para una nostalgia irrecuperable) y esas anotaciones que denotan el bagaje musical acumulado por el propio autor, es el vertiginoso ritmo de su prosa y la cadencia poética que supura en muchos de sus pasajes. El capítulo «Viendo la tele en el hotel» resulta demoledor e impecable en ese sentido: «Qué se había hecho de todos esos chicos guapos y esas chicas guapas, tan jóvenes y tan hermosas, tanta cocaína y alcohol, tantas sábanas de seda y habitaciones de hoteles caros, tantos kilómetros de imágenes y romances y tiendas árabes y princesas armenias y ojos desorbitados y sangre y arena, tanto de todo, tantos huérfanos y tantos galanes abordando galeotes y camas de niñas. A todos ellos se los habían comido los gusanos, el olvido, la adicción, la fama, cualquier tipo de amor caníbal y ya apenas sólo quedaban canciones y películas y cáscaras viejas de gusanos asquerosos que mantienen el brillo de la vida cuando era vida, cuando su cuerpo amaba y era amado, deseaba y era deseado».

Un estilo conciso, de frases cortas y crudas, escupidas con escozor; embestidas de efecto inversamente proporcional a la longitud empleada en su descripción. Su puntería caligráfica desmonta corazas y se gana un pase directo a la epidermis y al corazón. Con frases sentenciadoras como «Quien canta quiere follarte. Habla de amor, de dolor, de vivir el momento, de una chica que tuvo, pero sólo quiere follarte. Y tú escuchas y sabes que miente, pero quieres creerle porque también quieres follarte a quien cree que te está engañando.» 

Especialmente certero se desenvuelve cuando incumbe la historia personal de Cowboy, uno de los personajes más bien definidos (y más golpeados) del triángulo de amistad, drogas y Rock&Roll que centra la historia. Toda la descripción de esa Barcelona de pisos de ropa tendida visible y manchas de humedad saludando al transeúnte, de calles con los «bordillos hundidos y calzadas abombadas por las raíces de los pinos», adquiere una claridad tridimensional bajo la mirada atenta y realista del autor de ‘Taxi’. Igual de resolutivo y admirable se desempeña en el dibujo psicológico de los personajes. Armando entre los diálogos y los diálogos internos una detallista y compleja exploración de tres personajes cargados de inseguridades, máscaras, anhelos con fecha de caducidad cercana, contradicciones y miedos que trastabillan la proyección sobre el resto. Figuras que se complementan con el odio, desprecio, los celos entrecruzados del otro, así como la admiración, el respeto y el amor. Ninguno de los tres tiene un desarrollo plano, al contrario, deslumbran por sus matices y reversos que esconden y que Zanón sabe señalar con elegancia, astucia y una economía de medios admirable. Agitando al lector hasta la última estrofa de sus 58 canciones bajo la luna creciente, toda la luna.

Un set list memorable. Pasajes emotivos y crudos removidos por un tempo vertiginoso y magnético. Un relato sagaz potenciado por una rítmica a lo Gene Krupa, apabullante. 8,5

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