Reseña

Propiedad privada – Lionel Shriver

posted by Cesc Guimerà 16 febrero, 2021 0 comments
Shriver toma la ballesta

El matrimonio puede ser una olla tapada repleta de sorpresas, pero lo que hay debajo de la tapa es tan oscuro e insondable como la olla vista desde arriba”.

Ella misma es consciente que hay gente que cree que es “una encarnación del diablo”. Será quizá porque Lionel Shriver nos presentó la personificación del mal en la forma más inocente, la de un niño, en esa Tenemos Que Hablar de Kevin maravillosamente adaptada al cine por Lynne Ramsay, o, con mayor probabilidad por sus convicciones cada vez más alejadas de las nuevas convenciones sociales. Crítica con la izquierda de las políticas identitarias y la corrección política, Brexiter, se reconoce como una ferviente defensora del derecho a ofender.

El universo de Shirver, dieciséis libros publicados, seis de ellos traducidos en Anagrama, es una constante exploración de la complejidad de la naturaleza humana, de las contradicciones y las miserias de la sociedad occidental. En Propiedad Privada (2020) (Property – Stories Between Two Novellas, 2018) lo hace en diez historias y dos mini-novelas –su primea colección de cuentos– a través de los sentimientos derivados del sentido de propiedad y como lo que poseemos moldea nuestra identidad.

Convertir lo cotidiano en algo perverso o cómico según se le antoje define la literatura de Shriver. “Tenemos que hablar de Kevin” es una novela sobre la maternidad catastrófica en una familia ideal, creadora de guías turísticas ella, publicista él, con la tan anhelada parejita niño-niña y mascotas en su ostentosa casa de un acomodado suburbio típicamente americano. “El Mundo Después del Cumpleaños” se adentra en la contraposición deseo/culpa, una perfecta disección del mundo de la infidelidad, mientras que Los Mandible Una familia: 2029-2047derrumba el sueño americano en un viaje distópico.

Propiedad Privada aborda la idea de posesión (no solo física) y la insatisfacción material permanente en el mundo capitalista, desde una perspectiva afilada y cáustica, pero, sobre todo, mordaz y corrosiva, sin ninguna pretensión moralizante. Amistades de décadas que se descomponen, padres que quieren echar de casa su hijo activista de más de treinta años, vecinos solitarios desconfiados que acaban encontrándose, un cartero solitario que decide buscar compañía en las cartas que porta o una particular lectura del conflicto irlandés sacan a relucir nuestras flaquezas y ridiculeces. Ahora es ella y no Kevin la que nos dispara ballesta en mano. No nos salvamos ninguno.

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