Crítica DiscoPop

Rosalía – El mal querer

posted by KeithModMoon 6 noviembre, 2018 0 comments
El buen quehacer

Rosalia - El mal querer

El alboroto causado estos días con la presencia omnipresente de Rosalía en telediarios, redes sociales y medios musicales especializados de uno y otro lado del charco pone de manifiesto el talento sin conservas de una artista de proyección internacional. El runruneo previo a la salida de su segundo LP se justificaba en parte desde que muchos nos quedamos prendados con su magnética voz, albergada en ese fantástico debut al lado de Refree (Los Ángeles). Para la segunda contienda, la catalana ya anticipó un cambio de rumbo con la salida de ese “Malamente”, un primer single que convirtió en admiración y adhesión los cinco segundos iniciales de desconcierto que provocaba su escisión estilística. Rosalía apuntó desde ese instante un giro pronunciado de su sonido con vistas a asaltar los mercados internacionales. Y la prueba fehaciente de esa ambición se ha ido contabilizando en cada manifestación (en forma de clip, single o comunicado), con la propia crew de primeras espadas con la que se ha rodeado, y desde el pasado viernes, con esa culminación que supone El mal querer (2018, Sony), un trabajo que, desde el arranque, la corona en los charts internacionales y hace irrevocable que su nombre se instale en el vocabulario de medio mundo. Ha nacido una estrella y lo hace a los lomos de un trabajo rotundamente brillante.

Si bien la nueva pauta sónica de la de Sant Esteve de Sesrovires quedó configurada con los dos primeros singles de adelanto: “Malamente” y “Pienso en tu mirá”, donde su flamenco no ortodoxo profundizaba en su disonancia para abrazar las sonoridades urbanas, el resto de capítulos que conforman el disco atenazan esa luminosidad moderna respetuosa con la esencia que irradia su principal artífice. Una que ha encontrado en la producción de El Guincho la soñada catapulta para lanzar su estilo propio  (bajo combos de trap, R&B y rap y la amplificación de esos elementos propios del flamenco: palmas, cajones, castañuelas, etc.) a la perfecta asimilación en los mercados extranjeros. Un flamenco fusión que se ve más o menos pervertido a lo largo de este eléctrico recorrido de 30 minutos. Si el Cap,. 2, reconecta con sus orígenes musicales con la ayuda de Las Negris, Nani Cortes y Los Mellos en los coros, las citadas “Pienso en tu mirá” y/o “Malamente” escenifican esa marquesina pop y urbana en la que Rosalía ha ajustado su voz y su genuino estilo. Pero el disco depara otras elevadas satisfacciones, incluso alcanza el nivel de estos temas en cortes tan rompedores y definitorios como “De Aquí no Sales”, con una base instrumental armada a través de efectos de sonido de motos derrapando,dando gas y sirenas, para luego rematar la inspiración con un entramado de coros, palmas, samplers y abruptos distorsionados en lo que supone una audaz recreación de una disputa instrumental y vocal en pleno asfalto contemporáneo.

De nuevo la vestimenta más clásica toma el lugar con “Reniego. Cap. 5 Lamento”. Instrumentos de cuerda orquestales refuerzan el canto sentido de Rosalía en esta hermosa pieza. “Bagdad – Cap.7: Liturgia” es probablemente la gema más resplandeciente en la coronación de la nueva monarca del flamenco pop. Una exquisito cruce entre la producción de Kanye West – con autotune trap de deje nacional – y ese cenit emocional que imprime Rosalía con su interpretación vocal y los coros angelicales sobreponiéndose. Un tema soberbio que nos acompañará durante un largo periodo. Esa presencia rabiosa de la electrónica más avanzada ( la sombra de James Blake es otra de las capas modernas que configuran el sonido del disco, especialmente en el tramo final del Cap. 10, “Maldición”) en el esquema sonoro dispuesto por el productor canario vuelve a sobresalir en “Di mi nombre”, tercer single, y otro tema que resuelve esa yuxtaposición novedosa y estimulante entre la tradición de los tangos malagueños (el tema está inspirado en la “La Repompa de Málaga” ) y las sonoridades contemporáneas que rodean y realzan ese sonido que imbuye el ADN de la española.

En sus treinta minutos de deslumbre no hay espacio para la decepción ni el corte desechable (y amistades fiables me dicen que en los directos aborda otro tema rotundo que finalmente no se ha incluido en el álbum). Su estructura narrativa y teatral (que no solo se circunscribe al plano sonoro, sino a la narrativa que complementa desde los directos y los videoclips)  alimentada por el desamor causado por una relación tóxica, con la que irradia conceptualmente todo el álbum, denotan de nuevo la ambición de una artista que rezuma inteligencia y audacia. La rotundidad sonora con la que golpea Rosalía en su nueva personalidad musical resulta incontestable. Merecida resulta así toda la expectación y todos los frutos que caen en su dorado camino hacia un estrellato pop en presente continuo.

8,5

 


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