CrónicaMúsicaRockSoul

Crónica Euroyeyé 2011

posted by KeithModMoon 15 agosto, 2011 0 comments
Back to the future

 

Brown Euroyeye11

Tras un último escollo en forma de túnel y 9 horas y media grabadas en nuestras sudadas espaldas, se vislumbraba en el horizonte una pequeña ciudad del norte de España conocida con el nombre de Gijón. Allí el GPS finalizaba la ruta de su recorrido, concretamente en un hostal mugriento hospedado por la hermana menor de Norman Bates. Por delante quedaban cuatro días de comidas fabulosas, música añorada, y buenas compañías.

Pero el relato que sigue se centra en lo puramente musical, en las experiencias vividas en el marco del festival y en las actitudes de la gente que nos reunimos en la ciudad asturiana para celebrar una época pretérita. Bienvenidos al Euroyeye 2011.

La primera jornada de la decimosexta edición de este festival internacional sixtie arrancó el jueves 4 de agosto. El primer plato del día lo guisó la banda inglesa The Bongolian, y el escenario escogido fue la plaza mayor de Gijón, donde peregrinos de la cultura sesentera se mezclaban con nativos y curiosos varios.

La propuesta de esta banda transita en un punto intermedio entre el jazz, el funk y el latin soul. Su sonido se acopla al ritmo de percusión que marca su líder y cantante Nasser Bouzida. Pese a pillar a muchos sin previo calentamiento, y dada las particularidades de una música poco familiar, su propuesta pareció calar incluso entre los asistentes que no formaban parte del festival, y eso dice bastante a su favor.

The Bongolian Euroyeye11

Foto: Mateo Ramírez

Tras The Bongolian, y tras visualizar las primeras Lambrettas delatadoras, el festival se trasladaba a la ubicación natural en que se nos citaría durante las próximas jornadas. A los pocos instantes de adentrarse en la discoteca Oasis uno ya pronto se daba cuenta de estar presenciando un pequeño santuario de la cultura mod y sixtie que se promueve desde el festival. Un pequeño mercado de vinilos y ropa vintage recibía a los invitados en la entrada. Seguidos por las barras de una discoteca con patio abierto y dos salas más, que por decoración y iluminación podían recordar a alguna discoteca cañí que haya utilizado Bigas Luna en alguno de sus filmes. Sin embargo el verdadero jugo se palpaba en los atuendos de los presentes. Algunos tonos psicodélicos, otros de impoluta estética mod, cada uno revisando con su particular estilo una época que a nuestro pesar no pudimos vivir.

Algo que sí hicieron el segundo plato de la noche. Desde Inglaterra nos trajeron a la formación psicodélica July. Banda de culto con un solo disco editado (July), y que tras décadas de ausencia, se volvían a reunir para girar y para sacar nuevo material. Como suele ocurrir en algunos “comebacks” su estado de forma resultó sorprendente, así como la compenetración entre todos los miembros de la banda que abarrotaban un escenario que se les quedó muy pequeño. En un bolo que mezcló los temas de antaño con los de hogaño destacaron por una fibra psicodélica estimulante (a ratos más progresiva o instrumental, y a ratos más melódica y vocal), y por la voz de su cantante Tom Newman (Dollyspot: Keith Richards + Paco de Lucía) que ha conseguido mantenerse firme y emocional al paso de los años. A diferencia de otros de sus coetáneos el nuevo material suena fresco y apetitoso (habrá que estar a atentos a su publicación).

July Euroyeye

Foto: Mateo Ramírez

Tras este buen sabor de boca, la primera noche allnighter enseñó sus cartas en tres ambientes dedicados a la música negra, a la blanca (beat, psych, garage) y al northern soul . Sin embargo, nuestros tullidos cuerpos, a causa del largo el viaje, recomendaron izar bandera blanca y refugiarnos en nuestros grises aposentos. Y así hicimos.

El viernes, ya con las pilas recargadas, aprovechamos las actividades paralelas programadas por los organizadores y nos acercamos a la proyección de Banda a Parte de Godard. Tras los imprescindibles preparativos culinarios y vinícolas que brinda la tierra asturiana, nos acercamos al meollo del festival donde los geroneses The Pepper Pots intentaban contagiar al público con su soul alegre, de ascendencia motown inconfundible, y de efectos inmediatos pero poco duraderos.

Mucho mas destacables se mostraron a los pocos minutos como escuderos de Maxine Brown. La gran diva del soul se plegó a sus clásicos del soul con una entrega y arrollo que ya quisieran para sí muchos veinteañeros. La norteamericana no solo mostró preservar toda su pasión hacía la música, sino que pese a haber sobrepasado los setenta años conserva en formol un chorro de voz asombroso, lleno de vigor, emoción y alma. A eso le añadió una simpatía, proximidad, sinceridad y simpleza que sintonizó de primeras con un público plegado a su encanto. Las notas más álgidas de la noche las compartieron el  clásico propio “All in my mind” y versiones ajenas como la inmortal “Take a little piece of my heart”.

The Pepper Pots

Foto: Mateo Ramírez

Tras esos impagables recortes musicales que uno sabe que se lleva a la tumba, llegó la hora de encontrar ese punto en que la ingesta de alcohol no supere la percepción del oído para discernir algo familiar en el inabarcable background musical de unos Dj’s que se alimentan de la escena undergound de los años 60’s. Como suele ocurrir la balanza se descontroló, y a estas alturas sólo recuerdo ciertos rostros con los que ya me había topado en Le Beat Bespoké. La noche terminó con los primeros rayos del sol y con algunas lagunas revoloteando en voz alta durante el largo camino hacía el hostalucho.

El sábado arrancó tarde, pero ya embutidos en el ambiente propio del festival. Las tardes del festival los asistentes patrios tomaban como lugar de encuentro un bar de primera línea de mar, donde algunos Dj’s se encargaban de calentar el ambiente con perlas de antes.

Caldeados por el ambiente del lugar, y por el placentero aire que mecía el centro histórico llegamos al recinto del festival pasadas las doce, con la mala fortuna de escuchar solo un par de canciones de los ingleses The Faithkeepers. Una banda con ramificaciones garage y psicodélicas que debutó en nuestro país con su concierto en el Euroyeyé.

Euroyeye11

Foto: Mateo Ramírez

Ya bien asentados nos pilló ese vendaval de ritmo que proponen los zaragozanos The Higher State, con su mezcla de funk, soul canalla, r&b, bugulú, y sobre todo, mucho sudor resultante de la euforia que contagia a su líder infatigable (por Dios que alguien le suministre tranquilizantes a ese buen hombre). Pese al derroche de los españoles, el público no se rindió y recargó las pilas de alguna manera para seguir danzando al compás del soul, la psicodelia, beat, boogalo, el garage, el northern soul, el ska, y demás estilos que pinchaban Dj’s nacionales e internacionales, entre ellos Rob Bailey, y hasta altísimas horas de la noche.

Al día siguiente algunos aún gozaron del garage salvaje de King Khan & The Shrines, pero los protagonistas de este relato, debido a la distancia a recorrer, empaquetamos de nuevo para realizar el viaje inverso, dejando atrás ese Gijón, que durante unos días, a través de un festival minoritario, se había convertido en el oasis musical de un grupo de personas apasionadas por la música, la cultura y una escena muy concreta de una época no vivida, pero tremendamente , y paradójicamente, añorada.


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.