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Crónica FIB 2011 (Parte I)

posted by KeithModMoon 25 julio, 2011 2 Comments
Repaso a las dos primeras jornadas del FIB11

Una semana después de concluirse el Festival Internacional de Benicàssim, los fibers que superamos ese intervalo de la vida apodado por los de la tercera edad “divino tesoro”, podemos decir que nos empezamos a recuperar a nivel físico (a nivel mental seguimos arrastrando secuelas de efectos irreversibles) Sin embargo, el tiempo transcurrido desde que dejáramos tierras valencianas, parecen ser el prudente para afrontar una breve crónica de lo que dio de sí el FIB 11.

La edición de este año contrastó con la última, por el llenazo de 200.000 asistentes que circularon por las instalaciones a lo largo de los cuatros días de festival (igualando el record del 2009). Los organizadores volvieron a atraer el público mediante unos cabezas de cartel de peso  que empequeñecieron a las segundas filas. Según los datos trascendidos, los extranjeros volvieron a ser mayoría con un 55% del total. Aunque cabe decir que la impresión que daba es que uno se encontraba en mucha más inferioridad con respecto a ellos los ingleses. Una sensación que se revertía en los últimos conciertos, donde los de aquí, resistíamos en agarrar las sabanas, los sacos, o lo que uno pudiera atrapar.

Jueves

Para el primer día los organizadores nos prepararon un menú muy al gusto de los defensores del fish & chips. Los grandes nombres de la noche fueron artistas de gran calado en el Reino Unido, pero que aquí aún no han penetrado. Fue el caso de Paolo Nutini, Plan B, y un Mike Skinner con The Streets que goza de inmensa popularidad en su país de origen, pero que por estas tierras no se le tiene en igual valía.

Con este panorama, la primera opción para la mayoría de los españoles fue acercarse al escenario FIB Club, donde los londinenses, que en su día se creía que eran de origen navarro, desplegaron su tarjeta de éxitos de su escuchadísimo Star of Love. Crystal Fighters supieron encender los ánimos de los presentes a unas horas donde los más respetables y novatos del aforo aún estábamos ubicándonos, redirigiendo muchas miradas a chicas con atuendos sugerentes, escaneando la ubicación de barras y baños (siempre en ese orden) e incluso fijándonos demasiadas veces en alguna atracción de feria de pueblo de la que era imposible sustraerse. Quizás por esos motivos, la primera toma de contacto fue algo insípida y muy opuesta al fervor general que allí se vivía.

Tras perdernos los shows de Anna Calvi y Congontronics vs Rocketers (Nota: en el FIB uno puede olvidarse de cumplir su agenda de conciertos desde el primer día, más si el alcohol y el cansancio van mermando la motivación musical a cada jornada, y sobre todo, si se está acompañado de amigos), era el turno de acercarse al escenario Maravillas, donde Mike Skinner se despedía ante una multitud considerable (siendo el primer día) del proyecto conocido como The Streets. A la cita llegamos tarde y descolocados. Mientras la gente de alrededor parecía vibrar con la actuación del inglés (especialmente sus compatriotas), el amigo de fatigas y servidor intentaban tomarle el pulso al asunto. Un pulso que se aceleró mínimamente con “going through the hell”, que sin lamentos ni penas (por nuestra parte), puso punto final al live.

Tras The Streets, las opciones se reducían a perderse por el basto espacio en busca de un Dj lo suficientemente astuto como para hacer mover nuestros esqueletos sin descomponer nuestros cerebros. Por momentos lo parecimos encontrar en el FIB Club con un invitado a la fiesta de la música inesperado para algunos. Invitado porque ese fue el papel al que se relegó al ex-jugador del Valencia y del FC Barcelona Gaizka Mendieta. Gasteiz Gang abrieron el baúl de los vinilos sesenteros y setenteros y demostraron su buen olfato para hacer bailar al personal con temas conocidos y menos conocidos, pero siempre con buen olfato de cara al público. De mientras Mendieta seguía con su papel testimonial, y la gente se volcaba con su mera presencia.

De ahí, se siguió la fiesta a otra sesión de cuyo protagonista no quiero acordarme o puede que ni me llegase a acordar en ningún momento…, prefiero no saberlo.

Y así concluyó una primera jornada endeble, carente de motivos por los que vibrar cerca de los escenarios y sí cerca de las barras, y muy útil para aclimatarse a su geografía, a las gentes alocadas que las disputaban, y para equilibrar distancias físicas y emocionales.

Viernes

Tras los paseos por la playa, las comidas tragantonas, los primeros Almax y Omeprazol, y los primeros deshechos humanos amontonados por calles, parques, cajas y tejados, tocaba mentalizarse para asistir al concierto de una de las bandas rock más reseñables de la primera década del siglo XXI. La noche depositaba toda su atención sobre el esperado concierto de The Strokes.

El primer plato con sabor agradable, pese a llegar tarde (como no), nos lo sirvieron uno de los pocos clásicos que habían guardado para la edición de hogaño. El resplandor rock, y la actitud punk siguen envalentando a unos The Undertones que se mostraron furiosos y solventes en el escenario con su rock de corte clásico, directo y perforador. Sin pegas.

Ya a las 00:15, la gente se adueñaba de sus parcelas efímeras y movibles en el extenso terreno que abastece al escenario Maravillas. Allí subieron The Strokes al escenario ante el júbilo de una audiencia deseosa tras cinco años de espera, y consciente de las debilidades de su último trabajo. La noche empezó prometedora con un “New York City Cops”, que visto lo que luego seguiría, tendríamos que haber tomado como el último daiquiri de nuestras vidas. Lo que siguió fue una batería de hits desganados donde pocas canciones causaron baja (sonaron “Reptilia”, “Under cover the darkness”, “Is this it”). Pese al setlist, los componentes de los Strokes hicieron un directo soso, apagado, mal equilibrado, y tocaron la antítesis de la euforia rítmica que representan algunos de sus himnos más identificables. Su actitud chulesca y sobrada traspasó sus vestimentas y se coló en su pose a medio gas en el escenario. Tan sólo, Albert Hammond Jr. parecía aportar un poco de ímpetu. Los peores momentos se vivieron con “Some day” y la interpretación de Julian Casablancas, cuando la gente de alrededor vociferaba sobre el líder de los Strokes:

– Un momento… ese es Bob Dylan reconstruyendo a los Strokes.

– Si te refieres al de la papada…. creo que es un tio que aspira a igualar en kilos a Jim Morrisson a los 27 años.

Con conciertos como los del FIB no nos extrañaría que Casablancas fuera expulsado dejará de cantar con los Strokes, parece que el chico le está pillando cariño excesivo a los iabadumbas con cola.

Por suerte, a los neoyorquinos los suplieron pocos minutos después un trío de St. Albans, que pese a tener una discográfica incomparable a la de Casablancas y compañía, les dieron un recital en cuanto entrega y pasión encima de un escenario. Friendly Fires se dejaron la piel en todo momento para satisfacer a la parroquia inglesa que se abalanzaba sobre ellos. Ed Macfarlane sacó las tablas de frontman y el resultado fue un directo arrollador, intenso, orgánico, sudoroso, donde no faltaron los clásicos de esta banda inglesa de pop con salidas electro: “Paris”, “Hawaian Air”, “Live Those days tonight”.

Tras esto siguió la sesión de algún Dj por algún escenario perdido por la mano de Dios (que se plantaría allí en domingo, por cierto), pero sobre todo, la satisfacción, tras el sabor amargo del concierto grande de la noche, que seguíamos vivos y dispuestos a combatir más batallas durante los dos días que restaban.


2 Comments

Starman23 28 julio, 2011 at 19:31

Muy acertada la critica, Julian Casablancas está muy acabado, Nick Valensi muy prepotente y el set list no ayudó. Cabe destacar la gran atmósfera durante el concierto de Chrystal Fighters y la excesiva euforria -por asi decirlo- de los ingleses durante Friendly Fires. A pesar de todo, que grande es el FIB!

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KeithModMoon 28 julio, 2011 at 23:17

El setlist no lo encontré desacertado para nada, se dejaron pocas. El problema fue su falta de entrega. No sé como pudieron actuar con esa desgana y prepotencia con un público tan masivo apoyándolos (y con esas groupies tan auténticas). Encima (suerte) ni se dignaron a un bis.

Friendly Fires aquí aún no gozan del resplado de público que tienen en UK, pero tienen tres o cuatro temazos que nos deberían hacerlo replanetar, y en directo me sorprendieron, porque ganan muchísimo. Su live todo lo contrario que el de los Strokes.

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