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Crónica In-Edit 2018

posted by KeithModMoon 7 noviembre, 2018 0 comments

MATANGI MAYA M.I.A.

Tras sufrir una de las peores asistencias de su historia condicionada por el tenso clima político del pasado otoño, el In-Edit ha recuperado su reconfortante estampa con salas llenas, colas y bullicio en las entradas de los cines e incluso cierto fervor tribal en algunas de las proyecciones. Un festival que en su décimo sexta edición ha recuperado el pulso con su público, tanto en Barcelona como en su cita hermana, y más modesta, la de Madrid.

10 días entregados al documental musical que se han saldado con proyecciones estimulantes pero con escasez de esa obra perdurable. Ese documento ligado a la música que traspase las fronteras del certamen para quedar imbricada en la memoria colectiva, como han podido ser títulos pasados como Searching for Sugar Man, Amy o No Direction Home. Una ausencia de esa obra memorable y reveladora, bien por su contenido o por su continente, que no se puede achacar a las facultades ni al olfato de los programadores, sino a la poca libertad de movimiento que permite la cosecha de un subgénero residual y marginal en el circuito comercial, al menos, en el de este país.

Pese a esta escasez de oferta intratable, nuestro recorrido por la cita barcelonesa ha dejado estas muestras complacientes.

Matangi/Maya/M.I.A – Steve Loveridge

El trabajo del británico Loveridge se alimenta astutamente del (auto)material doméstico previo a su eclosión como estrella del pop para finalmente asaltar interesantes y peliagudas temáticas en el contexto de una sociedad occidental donde los mordedores de lengua tiene asegurado su sitio en el cielo. No es el caso de la rebelde e irreverente MIA, a la que vemos enfrentarse al star system y al establishment pop con sus polémicas proclamas políticas y raciales. Aunque igual de interesante y discutible que esta materia, resulta la génesis de esa rabia que alimenta sus irresistibles hits; un padre guerrillero y líder de los Tigres tamiles y un conflicto civil de larga durada que marcaría el discurso político y combativo de sus canciones. Además del interés de ese conducto hacia su intimidad como proto estrella del pop, cuantiosos detalles de su personalidad, vida y obra se entremezclan a ritmo vertiginoso en este valioso trabajo.

The King – Eugene Jarecki

El curtido en el campo del documental Eugene Jarecki se deja llevar por su ambición documentalista en esta obra que utiliza la figura de Elvis y su impacto en la sociedad estadounidense como una excusa narrativa para trazar una mirada a la América actual, la que se preparaba para el desvalijamiento democrático de Donald Trump. Multitud de voces (algunas célebres como los actores Alec Baldwin, Ethan Hawke, el showrunner David Simon o los músicos Chuck D, Emmylou Harris, o Mr. Ward, entre muchos otros) van sucediéndose en este viaje con el Rolls Royce de Elvis para retratar el estado emocional de una nación antes de su histórico vuelco electoral. Resulta interesante la mayor parte de su recorrido, especialmente por la aportación de esas voces de prestigio aludidas, sin embargo, la dispersión temática y la galería de personajes desfilando por la cámara sin que el espectador llegue nunca a acomodarse ante ellos, le quita fuelle al trayecto.

Studio 54 – Matt Tyrnauer

Lo nuevo de Matt Tyrnauer se presenta como un documental al uso insertado en la clásica trama del ascenso y caída. En el caso el de la discoteca más famosa del mundo y sus dos responsables, Steven Rubell e Ian Schrager. Pese a lo previsible y lo convencional de la propuesta, el relato intrínseco de los 18 meses en que permaneció abierto el Shangri-la de la música disco da para prestar suma atención a todo el metraje de la cinta y más. Chismorreos, fiestas salvajes, actitudes clasistas a destajo y una “más dura será la caída”.

Apolo. La juventud baila – Marc Crehuet

Este servidor tenía ciertas reservas en acudir a la proyección de un documental que parecía un vehículo patrocinado por la sala Apolo con motivo de los festejos del 75º aniversario. Sin embargo la primera sorpresa se presenta desde que el formato elegido no es ese sino una docuficción que establece una hilarante mirada a la nostalgia asociada a esa sala de Barcelona por parte de los que rondan la cuarentena. El esfuerzo de Marc Crehuet se distingue como una artefacto autoconsciente alrededor de la imposibilidad de rodar un documental y cómo esto termina tejiendo complicidades vitales y emocionales con los fiesteros de cierta edad de la ciudad condal y el rol desfasado de algunos de estos. A partir de esa premisa, se despliega un cúmulo de situaciones disparatadas y delirantes con cameos de voces autorizadas y  con un ritmo, un humor y unos personajes desternillantes que Crehuet toma prestados de su anterior Pop ràpid,.

Rudeboy: The Story of Trojan Records – Nicolas Jack Davies

Pese a su planteamiento y desarrollo “clásico”, el documental de Jack Davies es de los que se beneficia de un envoltorio atractivo que combina las dramatizaciones con cortes de entrevistas con los popes del ska, reggae y el rocksteady. El trabajo se erige como un recorrido por los cincuenta años del sello en mayúsculas de la música jamaicana y su impacto en la sociedad inglesa. Un trabajo riguroso y de buen pulso que levantó algunos vítores y aplausos como si la sala grande del Aribau hubiera sido invadida por los fanáticos que pueblan el Festival de Sitges.

My Generation – David Batty

Otro documental al uso que regresa a la muchas veces transitada escena saliente del Londres sixtie, esa que rompía con la cadenas puritanas y clasistas de sus padres e insuflaba una corriente de libertad a través del sexo, la música y las drogas. Todas esas cuestiones son abordadas con abundante material de archivo y con un protagonismo excesivo de su narrador, un Michael Caine que se presenta como voz participe y superviviente de esa generación, junto a la de otros compañeros de fechorías con menor presencia. Interesante en áreas menos exploradas, como la de la moda, pero pocos descubrimientos en esta obra de no ficción de recuerdo pasajero  

 

 


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