Crónica

Vida Festival 19 (Vilanova i la Geltrú, viernes 5 de julio de 2019)

posted by KeithModMoon 8 julio, 2019 0 comments

Foto: Christian Bertrand

El solapamiento este año del Cruïlla y el Vida en un mismo fin de semana ha provocado que este servidor solo pudiera acudir a una de las tres citas convocadas en la idílica Masia d’en Cabanyes. Una jornada, la del viernes, que a priori se presentaba como una de las más intachables de sus seis años de existencia. El menú arrancaba con un Kevin Morby en set minimalista en el escenario “El vaixell”. Poco puedo pronunciar al respecto porque por circunstancias y contratiempos que no vienen al caso, servidor se personó delante del de Texas en su último suspiro.

Más colocado me pilló el show de Carla. La de Vic formuló un synth-pop acariciante propicio para el atardecer. Su voz cálida, acompañada de solventes refuerzos instrumentales, acaparó de primeras la atención de los presentes, mientras ella permanecía apegada a su teclado. Ternura, calidez y buen quehacer fortalecieron el ofrecimiento musical de la joven catalana.

El plato fuerte de la jornada  lo marcaba la presencia de Sharon Van Etten. La de Nueva Jersey aterrizaba con uno de los discos más rotundos en su parcela estilística de lo que llevamos de temporada. Y recurrió a este en parte de su concierto en Vilanova. Sin embargo, su show quedó algo desnutrido con una presencia vocal a medio gas. La músico y cantante parecía reservar esfuerzos para un clímax que nunca terminó de estallar. Ni tan siquiera temas irrevocables como “Seventeen” sonaron tan rutilantes como en el disco. Le faltó subir pistonada en su propuesta escénica, una vigorosidad expresada con más decibelios e incursiones guitarreras que solo llegaron de forma puntual. Esa carencia energética quedó contrastada con sus emotivos parlamentos sobre la maternidad, el medio ambiente o las burbujas de bondad en un mundo de locos. Sharon salió cumpliendo, pero sin entusiasmar.

Toda esa energía que sí cargaron Fontaines D.C. La banda punk de Dublín se presentaba como una de las últimas sensaciones en su parcela y desde su código postal. Y no decepcionaron. Ráfagas de guitarras estridentes, ritmos cortantes y percusiones acaloradas crearon una nube de intensidad alrededor del escenario. Su carismático líder y sus tics a lo Ian Curtis añadieron gasolina a un compuesto incendiario como demostraron los pogos revoltosos que se armaron al son de los temas más candentes. De notable alto, vaya.

Lo de Temples también presumía de antemano mayores satisfacciones. Quizá ubicarlos en horario más avanzado no fuera la mejor de las decisiones. Ni tampoco relevando la energía desbordante de Fontaines D.C. Aunque lo de los ingleses nunca ha ido por esos cauces. Ellos preservan ese psicodelia pretérita amamantada por reseguibles estribillos y loable engranaje sónico. Lo demostraron en su paso por la cita catalana, pero como en el concierto de Van Etten, les faltó algo de voluptuosidad, distorsión e improvisación. Armas que solo arrojaron en la dilatada jam de cierre.

El broche final corrió a cargo de un infalible selector musical. A Todd Terje no le hizo falta recurrir a sus gemas de factura propia para levantar los ánimos y llevar a los resilentes nocturnos hacia el shangri-la del hedonismo. Una exquisita selección de ese disco de sudor excitante, así como incursiones al disco-house, al funk, y a hits de improbable caducidad. Un cierre adictivo como colofón de una jornada algo destemplada, con un ligero descenso de asistentes (al menos esa fue la sensación respecto al año anterior), pero bajo unas prestaciones (entorno y organización) envidiables, especialmente, para los que estamos más cerca de la cuarentena que de la treintena.


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