Crónica

Leonard Cohen – Palau Sant Jordi (Barcelona, 3 de octubre 2012)

posted by Cesc Guimerà 5 octubre, 2012 4 Comments

Barcelona Leonard Cohen

Memorable noche con un extraño sabor amargo a despedida para los más de 12.000 devotos que el miércoles llenaron en Palau Sant Jordi de Barcelona, en una nueva e inesperada visita de Leonard Cohen. El 2009, cuando el prolongado y obligado tour mundial del canadiense -entonces con 75 años- ya sonaba a quimera, era prácticamente impensable contar con el privilegio de una nueva gira y menos todavía que ésta sirviera para presentar una nueva obra maestra en una carrera que se prolonga desde la edición de Songs Of Leonard Cohen en 1967.

Cuando asoma en el escenario, uno queda prendado por la energía de la aurea que desprende Cohen. Trovador insaciable, la magnitud del mito despierta sentimientos opuestos de insignificancia y privilegio. Con tan modestas credenciales, afrontar el peso de una de aquellas actuaciones que cambian una vida no es tarea sencilla.

Los primeros momentos de la noche transcurrieron con cierta falta de calidez. Recibido con el público en pie -donde los que nos movemos cerca de los treinta representábamos el sector más joven- el canadiense obvió prolongadas salutaciones. La ovación todavía retronaba cando sonaron los primeros acordes de “Dance Me To The End Of Love”, pieza célebre y habitual punto de partida de las maratonianas actuaciones de Cohen. La del Sant Jordi no fue menos, con más de tres horas en las que el de Montréal interpretó treinta temas.

El inicio habitual, que incluye “The Future”, “Bird On The Wire”, “Everybody Knows” y “Who By Fire”, dio paso a los nuevos temas de Old Ideas (2012), duodécimo álbum en la carrera del canadiense, en el que la poesía ha ganado peso sobre un acompañamiento musical más denso, del que interpretó “Darkness”,  “Amen”, “Come Healing” y “Going Home”.

Generoso, Cohen otorga a cada uno de sus virtuosos acompañantes el protagonismo merecido y se muestra agradecido con constantes reverencias y presentaciones al público. En el Sant Jordi, el polifacético Javier Mas disfrutó del habitual apoyo de quien juega en casa. El aragonés afincado en Barcelona es uno de los habituales miembros de la magistral banda que acompaña al canadiense, que solo ha sufrido ligeros retoques des su anterior paso per la capital catalana el 2009. El violinista moldavo Alexandru Bublitchi ocupa el puesto de Dino Soldo, con lo que el set adquiere una  cautivadora sonoridad de aires centroeuropeos. El habitual guitarrista Bob Metzger ha sido substituido por Mirch Watkins -con el que Cohen ya compartió escenario durante la década de los 80- pero el resto de la formación se mantiene intacta con Rafael Gayol en la batería, Mike Scoble a la harmónica, Mitch Watkins a la guitarra, el maestro del Hammond Neil LarsenRoscoe Beck, director musical, en el bajo y el acompañamiento de las hermanas Hattie y Charley Webb y la inseparable confidente de Cohen, Sharon Robinson.

Con una escenografía e iluminación sobrias, la noche transcurrió con cierto aire de entusiasmo contenido, que se desató a medida que sonaban clásicos, algunos al borde de la lágrima, como “Sisters Of Mercy”, “Suzanne”, “I’m Your Man”, “Hallelujah”, “Comimg Back To You”, interpretada por las Webb sisters, o “Alexandra Leaving”, a cargo de Sharon Robinson.

La euforia dio paso a la invasión de las primeras filas de la platea y unas gradas nuevamente en pie con la llegada de los bises, “Song Long Marianne” y “First We Take Manhattan”, para empezar, y la epistolar  “Famous Blue Raincoat” y “Save The Last Dance” para cerrar la noche con una despedida sobria pero calurosa, digna de una personaje que en algún momento de la noche ya dedicó unas palabras que sonaban a adiós. “No sé si nos volveremos a ver, pero prometo que esta noche daremos todo lo que tenemos”. Ya se sabe que, como dijo aquel, todas las despedidas deben ser repentinas.

4 Comments

Per sempre, Leonard « Biff, Bang, Pow! 5 octubre, 2012 at 15:55

[…] Original en català de la crònica publicada a El Destilador Cultural Share this:TwitterFacebookLike this:LikeBe the first to like this. […]

Reply
KeithModMoon 5 octubre, 2012 at 21:44

El maestro In (inimitable, insaciable, incansable) volvió a demostrar porque es un músico irrepetible. Con respecto a la última gira, yo también observé algo más de frialdad entre el público, quizás debido a que la sonoridad, al menos desde la ubicación donde yo estaba, y especialmente en el arranque, no fue modélica . A él lo volví a ver entregado, modesto, honesto, asombrosamente atlético, y emocionado, pero le faltó esa chispa de entusiasmo que desprendía, y con el que nos contagió, en el show de 2009. Nada que impidiera volver a disfrutar de una velada mágica, histórica, de ensueño, y como apuntas al inicio, amarga, como de despedida mutua entre los devotos y su Mesías. Justo la misma sensación que arrastramos los días posteriores al concierto de su penúltima gira

Reply
Per sempre, Leonard | Biff, Bang, Pow! 21 octubre, 2013 at 14:23

[…] Original en català de la crònica publicada a El Destilador Cultural […]

Reply
Biff, Bang, Pow! | Per sempre, Leonard 13 diciembre, 2013 at 16:41

[…] Original en català de la crònica publicada a El Destilador Cultural […]

Reply

Leave a Comment