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De Spike Island a Heaton Park: La leyenda de The Stone Roses

posted by Cesc Guimerà 22 octubre, 2011 0 comments

Pocos fenómenos tan efímeros han repercutido de manera tan trascendente en la historia del pop como el de The Stone Roses. Sólo con esta premisa se explica el revuelo mediático y la expectación generada tras el anuncio oficial del regreso quince años después de su separación. El retorno tendrá lugar con dos conciertos en Heaton Park, en su Manchester natal, los días 29 y 30 de junio del próximo años, y tendrá continuidad con una gira mundial y la más que posible participación en el festival del Glastonbury 2013.

En una década con una nueva música, nuevos referentes y nuevas drogas en la floreciente escena local, los mancunianos dieron los primeros pasos en la fusión de los grooves bailables procedentes de Chicago y Detroit con el rock, antes de la revolucionaria Screamadelica (1991).

Formados en 1984, cuando The Smiths todavía ni reinaban en el panorama británico, Ian Brown (voz), John Squire (voz y guitarra), Peter Garner (guitarra), Andy Couzens (bajo) y Alan WrenReni” (batería) debutaron un año más tarde con el sencillo “So Young”. La estabilidad nunca fue elemento destacable en el seno de la banda y cuando -tras tres años sin dar señales de vida-, editaron Sally Cinnamon, Garner ya había abandonado el barco. Couzens fue la siguiente baja, reemplazado por Gary “Mani” Mounfield.

El cuarteto clásico, formado Brown, Squire, “Mani” y “Reni”, es el mismo que ha limado sus asperezas (especialmente agudas entre frontman y guitarrista),  volverá a subirse a los escenarios y no descarta grabar nuevo material. Todos ellos estamparon su firma en 1989 en una de las obras de referencia del pop de los 80, que influyó de forma notable la década posterior.

Antes, esta nueva alineación ya se había destapado como una de las fuerzas emergentes en la hiperactiva Manchester con “Elephant Stone” y “Made of Stone”. En The Stone Roses (Silverstone, 1989), producido por John Leckie, confluyen la rítmica y el estribillo pop, las tramas rockeras y las sonoridades lisérgicas imperantes en la pista de baile. “Sólo somos un grupo rítmico, simple folk pisoteado”, aseguraba el propio Brown. Pero el fenómeno acid house surgido en Chicago a mediados de la década materializaba el espíritu de la época en “Waterfall” o “Don’t Stop”, todo ello curtido a través de la herencia del pop clásico y expuesto con una asombrosa arrogancia y confianza en si mismos (“I Wanna be Adored”).

La portada del disco, diseñada por Squire, está inspirada en la obra de Jackson Pollock y en los disturbios de París en el mayo del 68, en los que los estudiantes chupaban limones para contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos. Un inconformismo a menudo olvidado y que también es latente en temas como “Bye Bye Badman”, que remite los mismos incidentes, o en la balada antimonárquica “Elizabeth My Dear”.

El trabajo de Squire es la matriz del álbum, aunque la batería de Reni sigue sorprendiendo con el paso de los años, en especial en “I Am The Resurrection”, el último tema que se grabó en los Rockfield Studios de Gales. Brown se inspiró en el cartel de una iglesia para escribir la letra, y en ella se muestra más altivo que nunca. Pero si por algo es especialmente recordado el tema, es por los cuatro minutos instrumentales finales, una exhibición en la guitarra, secundada por el bajo de “Mani” y la batería atronadora y de aires funk. Un tema épico, según cuentan ellos mismos, grabado en una única y perfecta sesión, aunque Leckie se encarga de desmitificarlo: “Nos pasamos unos días ensayando y perfeccionando ese final, hasta que llegó a sonar muy especial”, explica el productor.

Una vorágine de dos años que tuvo su punto álgido en mayo de 1990, con la gigantesca actuación en Spike Island. El Woodstock de aquella generación. “El Sol parecía fluorescente por la química que había en el aire. Nunca había visto tantos chicos fumando tanta marihuana y drogándose con éxtasis”, recuerda el periodista de la BBC, NME y Melody Maker, Jon Savage. Hubo años de vacío, pero la música británica tenía unos nuevos reyes tras la abdicación de los Smiths.

Después la tormenta, la calma, las disputas legales y una caída en tiempo record. Un conflicto con la discográfica mantuvo a la banda parada durante cuatro años. Liberados del contrato, regresaron en 1994 con Second Coming (Geffen) y un sonido más rockero, tosco, pesado y sin descarga lisérgica. “Love Spreads”, a pesar de todo, alcanzó el número 2 de las listas británicas y la banda se embarcó en una nueva gira con la que participaron en diversos festivales, entre ellos en el de Benicàssim en 1996.

“Reni” y Squire decidieron desvincularse definitivamente el grupo y fueron sustituidos por Robbin Maddix y Aziz Ibrahim. Fue el principio del fin para The Stone Roses y el inicio de nuevas andaduras por separado con éxito desigual. Ian Brown emprendió una irregular carrera en solitario, el guitarrista formó The Seahorses, con los que grabó un único disco para después probar suerte por su cuenta con dos álbums, Time Changes Everyting (2002) y Marshall’s House (2004), antes de desvincularse de la música y dedicarse a la pintura. “Reni” montó The Rub y “Mani” se convirtió en el bajista de Primal Scream. 

Fin de la historia, nacimiento de la leyenda, pero también de la maquinaria comercial. La discografía de The Stone Roses se pierde en un laberinto de recopilatorios, una colección de rarezas y maquetas, Garage Flower (1996), y Remixes (2000) con mezclas de grandes nombres de la electrónica como 808 State. El 13 de noviembre de 2009, coincidiendo con el 20 aniversario, The Stone Roses  fue reeditado con los once temas originales remasterizados que formaron parte de la edición británica del disco, más el bonus track “Fools Gold” incluido en la versión americana junto a “Elephant Stone”. Además viene acompañada de un segundo disco con demos que incluye la inédita “Pearl Bastard”, y un DVD con sus videoclips y la actuación integra que la banda ofreció en el Express Ballroom de Blackpool el 12 de agosto de 1989.

Brown y Squire frenaron en seco durante años rumores y especulaciones sobre la reunión de la banda, pero ahora, una vez superadas las diferencias personales, The Stone Roses siguen el mismo camino de Blur, Pulp o Suede, iniciaron anteriormente. Manchester, una ciudad con una áurea especial, que ha ido reinventando la escena rock británica en sucesivas etapas, siempre en nuevas direcciones pero sin perder el espíritu esencial de sus bandas –Joy Division y New Order, luego The Smiths, James o Happy Mondays-, recuperará el estatus de capital mundial de la música popular, una vez más.


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