CrónicaElectrónica

DGTL 17: Crónica del sábado 12 de agosto

posted by KeithModMoon 15 agosto, 2017 0 comments
DGTL 17

Créditos: Organización DGTL

El DGTL clausuró el pasado sábado la segunda jornada y última de la tercera edición en tierras barcelonesas adaptada al crecimiento respecto a la primera edición, que la llevó a colocar el cartel de entradas agotadas. Un total de 35.000 asistentes (5.000 más que el pasado año) se repartieron por los cuatro escenarios  separados por una cómoda distancia, respetuosa con el miocardio. Un Festival que por otra parte sigue pregonando su política de sostenibilidad y  un diseño arquitectónico futurista mad maxiano (aunque más rebajado al de enfoque Burning Man del pasado año) y que acertó descartando el sistema cashless de la última edición por el de cash y credito de toda la vida, sin que ese cambio provocase aglomeraciones en ninguna de sus numerosas barras, eso sí, con precios algo abusivos dispuestos en estas.

Tras pasar el arco de seguridad de El Prat, la música electrónica más acelerada y agujerea tímpanos se apoderó de la explanada del Fórum. Por culpa de esos seguratas minuciosos regirando dobladillos del pantalón e interioridades íntimas de carteras y bolsos (más algún refrigerio tomado antes de entrar) se llegó tarde a la cita de Prins Thomas. El primero en ser avistado fue un Daniel Avery modelando el músculo de los asistentes en el escenario principal. Algo le da este festival a sus artistas para que endurezcan con decibelios y rudeza zapatillera sus discursos sonoros. Fue el caso por ejemplo de Red Axes, de quienes esperábamos un directo más orgánico que su zumbido apisonador controlado mediante los platos. Tampoco el techno titánico de Derrick May permitió dejar flotar el oído sino más bien agarrar la suela al hormigón candente. Fue Joy Orbison quien introdujo algo más de clase y criterio con una sesión más ecléctica, abordada para el público heterogéneo, sin o con estimulantes, que se agrupaba en las inmediaciones. Fue el primer de la jornada en introducir samples vocales, sin rebajar por eso la rotundidad de los bajos a lo Hudson Mohawke.

Tras el británico llegó la hora de citarse con la leyenda The Wizard que no decepcionó a sus acólitos ni a la aura adquirida pese a que en su selección arriesgó poco, aunque contentó al respetable con temas propios.

Más divertido y afín con el cuerpo fue la extraña comunión entre Paco Osuna y Seth Troxler, el español y el yanqui se compenetraron a las mil maravillas en el escenario mayor (el de las gradas) en lo que fue un fin de fiesta de sabor insuficiente – lo del cierre europeo a las 3 sienta muy mal a la comunidad española, que tuvo que buscar consuelo en otras partes de la ciudad, pero ese relato se escapa al de esta crónica.


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.