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Crónica Festival Cara-B 2017

posted by KeithModMoon 21 febrero, 2017 0 comments

Joe Crepúsculo Cara B

Con apenas tres años de andadura el Festival Cara-B se ha hecho con un espacio dentro del saturado circuito de festivales musicales en la Barcelona del siglo XXI. ¿La clave?  Apostar por un nicho fervoroso con el producto local alejado de radiofórmulas. La constatación de este crecimiento y su consolidación dentro del marco descrito se vivió el pasado viernes 18 con el primer lleno en la historia del festival.

La causa de ese “sold out” hay que atribuirlo a la fiebre descontrolada por el trap, el género que marcó la primera jornada y que actuó de imán para el público más joven. El pistoletazo de salida lo dio la emergente Bad Gyal con su trap en catalán y su YO millenial expulsado en autotune. Pero la sorpresa grata la proporcionó el rapero Bejo. El artista canario desplegó sus rimas juguetonas e ingeniosas arropadas por unas bases de nivel, sofisticadas y elegantes. Con su carismático peinado y look, en violento contraste con la cesta de cazador de setas que llevaba y de cuyo interior fue arrojando caramelos hacia los presentes, Bejo se ganó al respetable con un sonido puente entre generaciones del rap de los noventa y el actual.

Foto: Sarai Sánchez Moreira

Aunque si alguien incendió el Fabra i Coats fue el colectivo madrileño Agorazein (AGZ para los vagos). Los MC’s , con C. Tangana de cabeza más visible, se apoderaron del ánimo de los presentes con esa mezcla tan ajustada de confesiones del YO sin velos (de perfil lujurioso, pero también sentimental) con bases pulidas por grandes productores de la escena rap y RnB nacional. Con su reciente Siempre como partitura principal, la sincronización entre los miembros de la banda se ejecutó de forma ejemplar, y su cancionero resultó propicio para las distancias cortas. C. Tangana demostró porqué goza del actual estatus como pope del rap español erigiéndose como certero, inspirado y prominente cronista de esta generación que afronta los temas de siempre sin demasiados tapujos. Con el público enganchado y volcado a cada una de sus acometidas, fue la imbatible “100k pasos” con la que pusieron el colofón al concierto de la jornada, confirmándose además como una de las sensaciones más sólidas del panorama musical español del presente.

Un presente colisionando con el pasado referencial, ya que a los madrileños les sustituyeron los catalanes 7 notas y 7 colores. Liderados por Mucho muchacho, la noche del viernes demostraron que su discurso y pegada sigue en buen estado pese a los 20 años transcurridos desde sus primeros pinitos en la arena. Especialmente en esas bases refinadas (con deje al souljazz de ATCQ) tan propias de la época en que la banda de El Prat empezó un apogeo que se resiste a declinar.

La jornada siguiente, con un aumento considerable en la media de edad, estuvo centrada en propuestas más cercanas al sonido de guitarras y la alineación clásica de banda de rock . Fue el caso por ejemplo de Nueva Vulcano, el trío catalán (convertido en cuarteto para la ocasión) recuperó un repertorio agradecido para los devotos (cuantiosos), pero que dejó un tanto indiferente a los que no comulgan con una propuesta que no encontró la mejor resolución en el show ofrecido.

Todo lo contrario que “la fábrica de baile” que desplegó Joe Crepúsculo, el plato goloso de la jornada. Con el acompañamiento de Aaron Rux en coros y sintes, el cantante catalán se adueñó de ovaciones, caras de satisfacción, camisas empapadas y caderas dislocadas a los pocos cortes. Con su Disco duro recién salido del horno, y la ocasión presentándole como campo de prueba propicio, Crepus disparó una ráfaga contagiosa cargada de hits pretéritos y rabiosamente nuevos con los que alterar la temperatura del recinto.  Poco importó que “Música para adultos” no sonará tan infalible como el disco (algo de culpa tuvo la voz de Aaron Rux) en el momento que su batería de hits posteriores se acopló en los cerebelos con respuesta inmediata en la espina dorsal (“Fuego”, “Fábrica de baile”, “La canción de tu vida”). Por si la música no estuviera causando el efecto buscado, Alacrán (el director Nacho Vigalondo) subió al escenario como alborotador oficial de la fiesta, poseído por el ritmo irresistible del sonido del de Sant Joan Despí, el de Los Cronocrímenes se entregó a la actitud más desenfrenada. Notas sobradas de ironía, ritmos infranqueables, y la imposible mezcla sin prejuicios – donde cupieron desde reggae, reggaeton, máquina, salsa, flamenco, eurodance o cualquier subestilo que se cruce por su radio de acción, tan efectivo con el petardeo como con la punzada lírica melancólica – dieron con la fórmula de éxito como puso de manifiesto la instantánea del clímax, cuando parte de ese público entregado se sumó a la fiesta de “Mi fábrica de baile” encima del escenario, junto a los invitados especiales (un Vigalondo desatado y con poco ropaje y los miembros de Los Nastys)

Meneo tuvo que lidiar con su ubicación en la parrilla y el efecto subidón dejado por Crepúsculo. Y la verdad es que el DJ guatemalteco ofreció una de cal y una de arena en su aparición. Combinando un estímulo para el cuerpo que reclamaba movimiento con una “bizzarada” (casi siempre en formato bootleg o versiones a slow tempo) que desmantelaban la euforia creciente conquistada con sudor y endorfinas pocos minutos antes. Meneo perdió la acelerada previa con una sesión mal diseñada.


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