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Crónica Festival Cara B 2019

posted by KeithModMoon 20 febrero, 2019 0 comments
Cara b viernes 13

Foto: Sarai Moreira

La quinta edición del festival barcelonés Cara B superó las estimaciones más optimistas agotando las entradas de las dos jornadas. Señal inmejorable de que la formula adoptada por sus organizadores desde hace tres años, coincidiendo con el estallido del trap en el suelo nacional, se ha afianzado en el circuito de festivales musicales de la ciudad condal. Si el viernes fue el día para los actores del género urbano de moda, el sábado fue para la resistente camada indie, el público más fiel desde las primeras ediciones.

La jornada del viernes arrancó para este servidor, y otros ahí presentes, con la matriarca del trap español. La Zowi calentó el ambiente con su deslenguado y lujurioso trap pese a las deficiencias que presenta su voz y los pocos recursos musicales que atesora. Le bastó su desparpajo, su incorrección, sus sensuales bailarinas subiendo la temperatura, para contentar a sus acólitos, pese, repito, los pocos argumentos musicales presentados.

Le siguió el polémico e incorregible Cecilio G, una de las figuras más contundentes y radicales de la comunidad española del trap. Arropado bajo una turbina de funk carioca lanzada por el su dj de confianza, el ex-presidiario escupió la crudeza y el temperamento agrio y punk que lo caracteriza. Tan visceral resultó su paso que terminó con un sonado desplante al recriminar al público su actitud fría y banal, más pendiente de los móviles que del latido salvaje con el que se desenvolvía, sin imposturas ni guiones, desde la altura del escenario.

Quien sí se ganó el fervor del público fue Sticky M.A.. El miembro de Agorazein, arropado por otros MC’s, convenció con un show guerrero, fiero en sus muestras vocales y con esa actitud chulesca que caracteriza a la banda liderada por C. Tangana, quien estuvo  en espíritu. No cosecharon tantas bendiciones Pimp Flaco y Kinder Malo, el dúo barcelonés de trap volvió a poner de manifiesto los pocos matices vocales que presentan la mayoría de arttistas de la escena patria de este género urbano.

La segunda jornada empezó engrescada con el garaje de Melenas. La formación de Pamplona subió al escenario en horas tempranas de la tarde para dar fe de la notable evolución en tan solo un año de andadura. A algunas de sus integrantes se las percibe algo incómodas sobre el escenario, pero lo suplen con un sonido engrasado y atado al power-pop y al protopunk de The Stooges, actitud entusiasta y una pasión en lo que hacen que tampoco permite reservas. Tienen aún mayor potencial por explotar, y un recorrido para curtirse sobre las tablas, aunque de momento ya atesoran un par de hits adhesivos (“Mentiras” y “Cartel de neón”).

En la misma línea editorial, la de un garaje polvoriento, incisivo y centrifugador, se mueve La Plata, aunque a ellos no les falta nada de rodaje, menos si se encuentran presentando su último LP, Desorden. Y quedó de nuevo demostrado, y ya van unas cuantas veces, con un directo demoledor y energético, de los que te lanzan al pogo mental o físico en los primeros acordes. Pocas incidencias en sus contundentes espirales de guitarras afiladas, su voz melancólica, y su acelerada rítmica hormonal. Un tratado de rock garajeo con máximas prestaciones.

Por motivos de fuerzas mayor (un concierto de Massive Attack con papeletas para figurar entre los mejores del año,  y cuya crónica de un servidor se podrá leer en la próxima Rockdelux), el que aquí escribe tuvo que saltarse tres platos fuerte de la jornada, Cupido – la simbiosis antinatural entre Pimp Flaco y la banda Solo Astra –, Soleá Morente y el exitoso paso de Carolina Durante (fuentes allí presentes hablan de una gran complicidad con el público). Tras la fatigosa gincana de una punta a otra de la ciudad condal, finalmente regresé a territorio Cara B justo cuando Novedades Carminha intentaban lidiar con un apagón técnico, Tras solucionarlo, el grupo gallego intentó recomponerse no sin ciertas dificultades para reconectar con su público. Por suerte, no centraron el directo en  un nuevo disco que aún no ha calado con el mismo grado de agrado que material antiguo de la banda.

Tampoco le fue muy bien a un putochinomaricón que tuvo que enfrentarse a las deficiencias técnicas arrastradas del anterior bolo y con un repertorio limitado, propio de un artista con un solo trabajo de escaso minutaje. Lo intento paliar con parlamentos hacia el público, pero a esas horas de la madrugada, el cuerpo pedía garbeo, y una continuidad que los problemas técnicos le impidieron llevar a cabo.


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