Crítica DiscoElectrónicaHip-hopIndieLong drinksPop

Novedades discográficas junio de 2018

posted by KeithModMoon 27 junio, 2018 0 comments
Nas – NASIR

Nasir Nas

Kanye West sigue desempeñado el papel que le corresponde al “Yeezus” del rap y al productor más codiciado de la plana mayor del género. Tras estampar su criterio y su librería cornessieur en lo último de Pusha T, Kid Cudi, e incluso, regalarnos su propio álbum, ye (crítica más abajo), a West le ha sobrado tiempo para completar su colaboración 7 (7 temas) con la figura venerada del rap east coast de los 90 (con el permiso de Notorious BIG). El reverenciado Nas regresa a su área de poder con este escaso, pero primoroso trabajo que recupera el savoir faire del rap dominante antes de la caída de las torres gemelas.

Aunque no faltan incursiones más contemporáneas, la marca de agua de West en la producción -quizá llevando el sonido demasiado a su terreno (“Simple Things”) y desdibujando la silueta de Nas- mediante sonidos rabiosos (jamaicanos, soul clásico y gospel deformado) y eléctricos se desparrama en la revoltosa “White Label”. Previamente el sabor old school baña las viñetas sociales que Nas rellena con su afilada letra. En temas como “Not For Radio” y “Cops Shot the Kid” ( estribillo que hubiera funcionado en la despedida discográfica de A Tribe Called Quest, y explícito título sobre las preocupaciones líricas del disco, confirmadas con la propia portada), West se presta más a los orígenes canónicos del neoyorquino. Un recorrido frenético, chispeante, del que apenas existen altibajos (ahí queda “Bonjour” para contradecir la afirmación, pero poco más) en lo que supone una de las conjunciones artísticas más anheladas por los aficionadas al rap. Dos titanes sumando esfuerzos para dar con una musculosa y elegante obra que bascula entre la contemporaneidad sabrosa y la dorada estela pretérita. Inmenso tanto para los dos.

Tema clave:”White Label”

marco 75

The Carters – Everything is Love

The Carters - Everything is Love

Acorde con su condición de realeza del pop y del rap, el matrimonio BeyoncéJay-Z se bautizó como The Carters lanzando un disco sin previo anuncio, por mucho que su concepción llevase un tiempo sonando en las casas de apuestas. Everything is Love saltó a la cubetas sin necesidad de campañas de marketing previas, solo con el reclamo que atesora el matrimonio más poderoso del momento y un clip a la altura del narcisismo y ambición que caracteriza a la pareja y por cuyo rodaje cerraron hasta las puertas del Louvre. Un álbum en el que además han conseguido incorporar a la flor y nata del género y colindantes: Dave SItek, Dr. Dre, Pharrell como productores, o el último de ellos, junto a Ty Dolla $ign y parte de los MIGOS para los featuring, son solo algunos de los nombres más reconocibles en los créditos.

Volviendo a esa ostentosidad que rodea cada palmo de este disco que sin embargo no queda luego recompensado con la ofrenda musical. No es que haya algo antinatural en la conjunción de las dos figuras, las dos identidades, y los dos universos que representan – Jay-Z se adapta con facilidad al estilo de su musa – pero sí que se aprecia una línea conceptual sonora vaga, continuista, poco arriesgada, más con el regusto dulce dejado por ese Lemonade donde la diva del pop reformuló su discurso, tanto en la parcela sonora como en la conceptual. Aquí el sonido parece más capitalizado por el Jay-Z de finales de los 90 y principios de los 00, por el pop de injerencias raperas del mismo período, mientras que las líricas se acomodan a lugares comunes de la atalaya del privilegio en la que vive instalada el dúo. Una sarta de observaciones al ombligo y al imperio creado partiendo desde ambientes humildes demasiado manida. Aparte de un par de mensajes de amor mutuos, el disco acentúa esa condición de realeza sin que la propuesta sonora y lírica esté a la altura de la misma condición de la que alardean. También afecta a la impresión del disco la ausencia de hits imbatibles, tan solo la bañada en soul pretérito “BLACK EFFECT” (con Jay-Z acaparando el protagonismo) y el llamativo “APESHIT” sobresalen por encima del lote. En el otro lado de la balanza, “Heard About Us” o “BOSS”, disminuyen el efecto complaciente de un disco sin demasiados atributos para prevalecer en el paladar y en el hipotálamo.

Tema clave: “APESHIT”

Kanye West – ye

Kanye West ye

Tras la (supuesta) crisis mental que lo alejó unos trimestres de los focos, Kanye West ha visto peligrar – por no decir “birlada” – su corona en el rap mainstream,  especialmente, tras la eclosión de Kendrick Lamar como el nuevo Mesías, y el ascenso de otros cachorros mordiendo fuerte en las inmediaciones del trono. Sin embargo, seguimos hablando de unos de los artistas más influyentes y poderosos del siglo en que avanzamos, y ese ego acorde con su estatus, debe seguir alimentándose de una creatividad que ha regresado hasta los topes de combustible. Un riego creativo que ha decido irradiar hacia su faceta como productor connoisseur, capaz de elevar cualquier producción con su marca de agua. Un esfuerzo que por el momento, a finales de junio, cuenta con 3 colaboraciones (una reseñada al principio de esta entrada), además de un nuevo activo en su impecable discografía.

Y en ese sentido sorprende que el de Atlanta se haya guardado sus mejores cartas (en forma de samplers exquisitos, bases rompedoras, arreglos golosos y encajes soñados) para la ristra de artistas a los que ha proveído con su visión panorámica de productor total, dejando su trabajo en solitario, ye, en inferioridad de gracia y talento, sin ser, ni muchos, menos, una obra a desechar. De hecho en el lote aparecen algunos temas que recobran todo el vigor y la sacudida del marido de Kim Kardashian. Aunque su sonoridad aquí descarta la radicalidad, el boom rap, el noise y el industrial de su Yeezus, para revivir esa faceta más soul y gospel de signo clásico de sus inicios ( también implantada en The Life of Pablo), con una fórmula donde el sampler limpio predomina a la acumulación de efectos y filigranas. “No mistake”, y “Ghost Town” confirman ese viraje hacia su propio pasado (el remoto y el más reciente). Una retro nostalgia equilibrada con zarpazos del West más osado que se dejan sentir en “All Mine”. Lástima que el corto recorrido de este mini álbum, siguiendo con el patrón de los siete temas que componen la rima del resto de álbumes dónde ha puesto el olfato y el talento, se permita dar cabida a temas que funcionan a medias como “I Thought About Killing You” o “Violent Crimes” . Pequeños desbarajustes que hacen que ye no sea la obra más celebrada de su carrera, pero tampoco un traspiés, ni un altibajo que conduzca a preocuparse sobre su salud artística, cuyo buen estado, demuestra con creces, en su ristra de colaboraciones como productor estrella surgidas en las últimas semanas.

Tema clave: “Ghost Town”

7

Cosmo Sheldrake – The Much Much How How And I

Cosmo Sheldrake

Completamente desconocido por estos lares, y prácticamente surgido de la nada, el debut de Comso Sheldrake en el terreno discográfico se inscribe como una de las noticias más alentadoras para cualquier melómano de carácter evolucionista. Si no fuera por el chivatazo de Jesús Rodríguez Lenin en su crítica de la Rockdelux de junio, el talento caleidoscópico de este inglés de 27 años también hubiera pasado desapercibido por las bodegas de esta destilería Un talento que se desprende del cordón umbilical a los cuatro años cuando aprende a tocar el piano de oído. 23 años después, como músico multiinstrumentista, alumbra una de las expresiones musicales más fascinantes y brillantes de la temporada.

La propuesta de este joven músico parte del genérico pop orquestal para imbricarse, de una manera libre, pero tremendamente ajustada, hacia el vals, el pop de cámara, el pop experimental, la banda sonora (más la teatral que la cinematográfica), y hasta la Big Band Jazz de NOLA. Una variedad de afluentes que desembocan en un discurso sonoro primoroso, refrescante y chispeante. Por momentos, escuchar a Sheldrake es como cruzar el avant-rock de alt-J con la paleta colorista (y freak) de Connan Mockasin y el color vocal de gusto sinfónico de Woodkid, en otros temas, parece zambullirse en la escena de Canterbury, el freak-folk sesentero o el pop psicodélico del mismo período, incluso a veces parece emular a Supertramp (“Axolotl”) cuando no se convierte en la versión millenial (y digital) de Pascal Comelade. Aunque en la mayoría, llanamente, explorar este disco supone rememorar la sensación de escuchar por primera vez una voz (también en el sentido literal) genuina, esplendorosa y avanzada proponiendo una incursión en surcos sonoros poco explorados.  Como bien sintetiza la portada del disco, entrar en contacto con la música de este debutante es penetrar en un océano de aguas cristalinas y burbujeantes pobladas por una variedad acuática deslumbrante que invita a quedarse a vivir por una larga temporada.

Tema clave: “Come Along”

8

 

Let’s Eat Grandma – I’m All Ears

Disco del mes

Let's Eat Grandma I'm All Ears

Los asiduos al espacio virtual de esta destilería estarán familiarizados con este dúo cuyo talento hemos ido advirtiendo desde distintas secciones y espacios desde hace ya algún tiempo. Tras llamar la atención con un debut I, gemini (2016) que las distinguió como algo más que un producto apto para la fácil promoción dada su prematura edad, Rosa Walton y Jenny Hollingworth aseguran su permanencia en la liga del pop del presente con una zarpa en el futuro con este intachable segundo trabajo, I’m All Ears. Un disco en que la pareja de amigas, a sus 19 años, vuelcan su vivencias y experiencias en un marco sonoro pulcro, chispeante y estimulante atado a una nómina de productores de la talla de David Wrench (The XX, Frank Ocean y Caribou), SOPHIE y Faris Badwan (líder de The Horrors).

La música de la dupla inglesa combina con pasmosa habilidad el hedonismo y las burbujas inocentes propia de la edad de sus protagonistas con una madurez incipiente abonada al campo sonoro. Un punto distinguible de su identidad musical que aflora con mayor ímpetu en este lustroso segundo trabajo en que las dos amigas de la infancia no dudan en narrar su aprendizajes en el terreno de la música profesional, así como las inseguridades, las euforias y las emociones ligadas al periodo vital por el que circulan. Y lo hacen bajo un resplandeciente envoltorio que marida el pop experimental, con la música barroca, el bubblegum pop con la psicodelia y la electrónica, los instrumentos de viento con sintetizadores, sonidos juguete y otros detalles remarcables que se aprecian en una producción equilibradísima. De hecho, es fácil reseguir las influencias y las deudas sonoras con las que cuenta este trabajo, y la huella de alguno de sus productores. Desde la marca PC Music (a través de la visión de SOPHIE en la cabina de producción) de la excitante  “Hot Pink”, a esa rima entre Frank Ocean (seguramente con Wrench en los mando) y la euforia exaltante y contagiosa de Chvrches en “It’s Not Just Me”, que junto a la superlativa “Falling Into Me” completan el formidable trío de singles. Pero no termina ahí la variedad de registros y la amplitud de miras de su pop poliédrico, siguen en marcha ascendente la ballada entristecida “I Will Be Waiting” e incluso temas con minutaje propios del progresivo como “Cool & Collected” y “Donnie Darko”, donde se da cabida a extensas excursiones sonoras (riffs dilatados y nubes sintéticas) sin perder ese punto cándido que registran mediante el componente vocal. En resumidas, un sensible y atinado tratado de un pop sin costuras ni moldes que lo limiten, todo al contrario.

Tema clave: “Falling Into Me”

8


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.