CrónicaHip-hop

Sleaford Mods – Razzmatazz 2 (20 de abril de 2018)

posted by KeithModMoon 24 abril, 2018 0 comments

Sleaford Mods

El último paso huracanado de Sleaford Mods por Barcelona se saldó con una ristra de extasiados entusiastas desarmados por la visceralidad de la propuesta. Jason Williams y Andrew Robert Lindsay Fearn aterrizaron en la sala 2 de Razzmatazz con la excusa de su English Tapas (2017),  dispuestos a demostrar la lluvia de parabienes de los que gozan sus directos. Y no hizo falta ningún tipo de ajuste para ser arrastrado desde el minuto 1 por los pulmones de acero de Williams, un aspersor (literal) de rabiosas rimas que describen el hastío y el angst inglés con una lucidez aplastante. Cronistas de esa clase obrera anegada en cerveza de pubs malolientes del extrarradio.

Aunque en sus shows resulte difícil – al menos para el público local, en igualdad numérica que el internacional, especialmente el inglés – cazar los vocablos que ametralla su carismático frontman, mientras su fiel escudero se dedica a bailar al son de sus bases pregrabadas (su función encima del escenario se reduce a darle al play en su portátil icónico) y gozar como un condenado del volcán que ruge a su lado, lo inexorable es no  sucumbir a la fiereza y brutalidad de la propuesta. A la tercera sacudida, la sala se había convertido en una olla de presión catártica.

Los de Nottingham centraron el repertorio en su más reciente álbum, aunque el fervor se desataría con su hits barriobajeros del tramo final. Su incendiario post-punk rimando con el rap, el oi! y el punk dejó un regadero de escupitajos y sudores que empaparon a unos asistentes que en los segundos de descanso (normalmente llenados con breves parlamentos de Williamson) se preguntaban por el aguante de la vena yugular del líder de la dupla. Eso cuando no combinaba su magnética presencia  con las risas inducidas por la gestualidad facial y corporal de un dúo que tendría un éxto asegurado en forma de sitcom cómica. Las internadas más bailables no llegarían hasta el final, especialmente descontroladas con ese “Tied Up in Notzz” que pondría el colofón a un largo bis.

Detrás quedaba el recuerdo imborrable del carisma mastodóntico de Williamson, y de,  y con la vena hiperbólica bien resguardada, una interpretación vocal y escénica que será estudiada y venerada por generaciones futuras. Como lo fue largamente debatida por tres extraños, que a la salida de esa explosiva catarsis lúdica, encontraron en lo que acaban de experimentar un pegamento de complicidad. Pues eso, Sleaford Mods trascendieron la escasa hora y pico de sacudidas sonoras.


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