Crítica DiscoHip-hop

Watch The Throne – Jay-Z and Kanye West

posted by KeithModMoon 24 agosto, 2011 0 comments
From top of the throne

La llegada de Watch The throne se esperaba entre sus aficionados con más anhelo que la aprobación del endeudamiento por el Congreso en la economía norteamericana. Su llegada el pasado 8 de agosto ha pillado a la gran mayoría de vacaciones.

Las razones ante la expectación son evidentes para cualquier aficionado al rap y a la cultura hip-hop. ¿O acaso se reúnen cada día las dos figuras más importantes del panorama, los dos egos más crecidos de los EEUU, los dos capos de la industria hip-hop?

Desde que se conoció la noticia del álbum que los juntaba surgieron las primeras dudas sobre si  Jay-Z y Kanye West habrían sido capaces de retener sus ansías de destacar  en pos de un beneficio común.  Y creo, que la impresión general que va a dejar el disco, es de ser un valioso trabajo pero incomparable a las mejores obras de ambos artistas por separado.

Pero mejor vayamos por pasos…

De entrada se intuye sobre Watch the throne una destacada influencia de esos mecanismos de producción que sirvieron para convertir  My beautiful Dark Twisted fantasy en una pieza mastodóntica del rap mainstream y del pop del SXXI, a parte de álbum del año para la práctica totalidad de la prensa. En ese sentido, Kanye West parece volver a verter esos ingredientes que tanto aportaron a su último disco, repartiendo a manta y estopa sobrexcitación mediante samplers de vértigo, producciones sofisticadas, auto-tune controlado (en ese sentido parece que West le ha truquillo al juguete), colaboraciones de lujo, y todo regado con esa sustancia pop que camufla el rap más ortodoxo.

Pero si en el disco de West todo era perfección, el resultado aquí no es el mismo. Y no hay que echar las culpas a su nuevo partner. Nada más faltaría retraer al inmenso Jay-Z su peso en el disco, sus rimas y su voz inconfundible. De hecho para los puristas del rap, tampoco tendría mucha lógica de culpar a West sobre el alejamiento de Jay-z de las malas calles. El dinero, y estar casado con una estrella del pop como Beyonce deben favorecer a ello.

Pero a fin de cuentas, lo que aflora en este LP (y por lo que hay que invertir tiempo en escuchas) es una colección de temas irrefutables, y otros de desechables.

Como por ejemplo ese buen tentempié con el que arranca todo, en el que los dos egos se rodean de la melosa voz de Frank Ocean para dibujar su intro con “No church in the wild”.

Tras éste, llega el turno de otra querida para ellos. Beyonce imprime nervio y ritmo a “Lift Off”, clásico tema de sobremesa de radio local, del que resulta igual de fácil cargarse en él como rendirse a sus encantos. Servidor ha optado más por dejarse arrastrar.

La corriente referencial instalada en la mente inquieta de Kanye se deja ver de nuevo en “Ni**as in Paris”, donde un ritmo obsesivo de dubstep callejero recorre, junto al dúo de rappers, sus peripecias consumistas en la ciudad del amor.

El número 4 del disco se lo lleva “Otis”, single de adelanto, y homenaje de reverencia al enorme capataz del soul (¿es una declaración propia sobre el estado de reconocimiento del que gozan?). El corte se construye encima de un sampler alargado y reconstruido de “Try a little tenderness”.

Le sigue “Gotta Have It”, otro impulso multiétnico que mezcla con sabor, ritmo y sabiduría, ritmos africanos, suspiros orientales y rimas que versan sobre la sociedad norteamericana.  Súper pegamento para el oyente.

“New Day” se impone en su ecuador como un lapso de descanso no solicitado. Un soso tema para el grupo de temas prescindibles.

“That’s my bitch” suena como una canción del privado de un club. Donde los privilegiados se regocijan en su suerte, y el champán, las chicas y el dinero champán en exceso.

De ahí a la rudeza lírica y musical de “Welcome to the jungle”, un tema al que le falta una pizca de ambición para ser recordable.

“Who Gon Stop Me” es un corte dance expulsado desde las entrañas de unos  bombos secos y duros que potencian las carencias de la criatura sonora. Pieza que encajaría a la perfección en una rave capitaneada por Jessie J., y con demasiados signos inequívocos del último disco de West, como para no considerarla un descarte de ese.

La pareja de rappers neoyorquinos se guardan algunos de los mejores temas para el final. Uno de ellos es  “Murder to Excellence”. Sobre la base de un sampler de gourmet infringen su particular torbellino de beats y rimas, que para la ocasión, rebozan cierto contenido social.

A continuación “Made in America”, con la ayuda de Frank Ocean, esparce glucosa en la escucha, y el resultado es bastante empachoso, por mucho que Jay-Z y Kanye West se empecinen en endurecer la escucha.

“Why I love you” rubrica con frenesí sinuoso este LP. Nunca el auto tune se había mostrado sexy y atractivo como aquí lo hace. Más allá de su perfecta adaptabilidad para convertirse en jingle (como ya ha ocurrido), el tema no deja de ser menos temazo.

Watch The Throne es más que una estimable muestra de lo que los dos egos más subidos del panorama rap son capaces de hacer. Se impone más los pros que los contra.

Sólo se les podría recriminar que gastan una visión del mundo muy alejada de la realidad, y que la inexistencia de modestia de sus egos se acaba transmitiendo a unas canciones que buscan ser la rehostia, y en muchas ocasiones no lo son .

Parece como si desde sus presidenciales lofts en el SOHO y áticos en Upper West Side fuera complicado acercarse a lo que nos preocupa a la mayoría de los oyentes, pero si siguen haciendo obras con las que nos podamos olvidar momentáneamente de esos problemas, bienvenidos sean.


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