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Jungle – Warsaw (Brooklyn, 1 de octubre del 2014)

posted by KeithModMoon 2 octubre, 2014 0 comments

Jungle brooklyn

El dúo londinense Jungle ha sido uno de los más seguidos y vitoreados por quien arriba escribe a lo largo de los últimos doces meses. Tras soltar migajas con los que seguirles ordenadamente el rastro, la banda inglesa lanzó en julio un sonoro debut que avivó de nuevo el fuego que los rodea. Con esas credenciales, y frágil ante el desborde de expectativas, pusimos a prueba su directo en la sala Warsaw de Brooklyn… y el resultado no pudo ser más satisfactorio.

Una expectación por comprobar la fiabilidad sobre los escenarios de estos rookies que parecían compartir todos los asistentes de una abarrotada sala que se sumió en el ambiente más festivo desde el primer cartucho. Un “The Heat” que oficializaba la llegada de ese disco-funk tan laminero y adictivo que facturan estos dos amigos, y ahora compañeros de trabajo.

Embutidos en unas cazadoras que resumían un estilismo que parece beber tanto de Marty Mcfly como de los “chavs” de Romain Gavras, ubicados delante de unos micros dispuestos a traducir en falsete cualquier sonido expulsado desde sus cuerdas vocales, y respaldados por batería, teclados, bajo y un pequeño coro, Jungle se metió el público en el bolsillo desde el primer acorde. Trasladando sobre el escenario las mismas constantes vitales que han convertido su álbum debut en uno de los mayores placeres discográficos del año.

Toda la sofisticación, la sensualidad, el apego hedonista, la exquisitez que emana del disco sobrevoló el escenario la noche del miércoles 1 de octubre. Calando de inmediato en un público que correspondió de forma entregada, pero ordenada, a cada nuevo hit bailable que se lanzaba desde encima del escenario. “Platoon”, “Drops”, “Accelerate”, “Julia”, “Lucky I got what I want” fueron munición con las que mantener agitado el fuego de la sala, con el que machacar las suelas de los zapatos de los presentes, con los que instalar el entusiasmo en el ambiente traducido en litros de sudor.

Píldoras encapsuladas con dosis altísimas de baile desenfrenado que fueron lanzándose desde encima del escenario sin pausas, con total prontitud, con un manejo del tempo y del sonido modulado sorprendente para una banda debutante.

“Easy burnin'” se extendió por la sala con mayor virulencia que el virus de Ébola, y finalmente con un “Time” dilatado en el tiempo y más abierto a la improvisación,  en el que supuso el único bis de la noche, Jungle nos enviaron a casa con la exacta sensación que produce la escucha de su disco: un efecto de embriagadez placentera que arrastra al esqueleto, minutos después, a seguir moviéndose al ton de esos ritmos tan marcados y contagiosos.

 

 

Permitirme un último apunte. Aún no puedo dictaminar si es la tónica general en Nueva York, me falta recorrido por salas, pero el comportamiento del público en el concierto de Jungle fue ejemplar. Entregado y respetuoso, y cuando hablo de respetuoso lo hago en su máxima expresión, en la que no cabe pasarse el concierto hablando con el del lado sobre absurdidades o consultado constantemente el móvil, escenas que se repiten lamentablemente con demasiada frecuencia en el circuito español.


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