CrónicaIndiePop

Kindness – Sala Razzmatazz (Barcelona, 1 de diciembre 2012)

posted by KeithModMoon 4 diciembre, 2012 0 comments

Kindness live

Tras dejar un excelente sabor de boca en su paso por el Primavera Sound, el afincado en Londres, Adam Bainbridge, volvía a Barcelona bajo el amparo de su proyecto Kindness para desatar la euforia bailable en la sala Razzmatazz dentro de los festejos programados por la sala barcelonesa en el marco de su duodécimo aniversario.

Y poco tardó en lograrlo ante el público ahí congregado. Dividido entre los devotos que acudían expresamente seducidos por su debut World, you a need a change of mind, y los sorprendidos por ese rotundo sonido colorista y exaltado que emanaba del escenario principal.

En medio de un atronador corte del último disco de Kanye West, lanzado desde la cabina de dj’s, Baindbridge salió a escena acompañado por un revoltoso batería, un guitarra, bajo, órgano y dos bellas coristas, y se arrancó de primeras con uno de sus impagables bailoteos moonwalk.

Ya desde el primer tema, el músico inglés volvió a demostrar su desparpajo escénico en su rol de frontman, mostrando un carisma impropio para un recién llegado, moviéndose arriba y abajo del escenario, chocando palmas con el público y dando soporte a su batería en matéria de percusión . Una vigorosidad y confianza motivada por un sonido compacto, de claro deje hedonista y con reacciones visibles y palpables en un público entregado a la pulsión bailable.

Tras conquistar pasos y esqueletos con la primera ristra de canciones, Kindness fue más allá, intentando conquistar corazones con la bella y tenue “Swingin Party”. Al poco rato, y tal como hiciera en su directo del Primavera Sound, desapareció del escenario a lo David Copperfield para aparecer de nuevo en la cabina de los dj’s situada en el otro extremo de la sala. Pese a su cambio de escenario instantáneo, pocos presentes depararon en el detalle, ensimismados que estaban con el sampler funky y go-go de Trouble Funk que arde de ritmo la excelente “That’s alright”.

Ya de nuevo en el escenario, con su habitual pose desenfrenada e hiperactiva, pero de aspecto serio,  el británico se entregó a la última fase de su concierto con el público arrodillado al calor de sus beats ampulosos, riffs seductores y samplers pegamento. Algo que potenció con un final de traca que incluyó la venerada y esperada “house” y una versión dilatada, eminentemente instrumental, con la que los  protagonistas de la velada fueron abandonando el escenario, el último de ello, un batería que se largó tras destrozar esa batería que tan gustoso ritmo había marcado en los minutos anteriores.

La noche del sábado sirvió para confirmar las tablas envidiables de un músico  que parece llevar media vida subido encima de un escenario, y que pese a no mostrarse tan entusiasta y pletórico como en su última visita a la ciudad, causó prácticamente idéntico furor entre el público. Difícilmente se podrán encontrar hoy en día otras propuestas con las que vibrar con la misma intensidad.


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