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Cruïlla 19 (Barcelona, sábado 6 de julio de 2019)

posted by KeithModMoon 10 julio, 2019 0 comments

Puede que el Cruïlla haya salido reforzado con los reajustes en el calendario de festivales de la temporada 2019. Quizá le haya beneficiado que el Sónar se haya visto obligado a cambiar su habitual slot en junio, la cancelación del Doctor Music o el que en Barcelona no se celebrara un evento musical a gran escala desde el Primavera Sound (prácticamente un mes), pero lo indiscutible es que el festival barcelonés ha cerrado la edición de hogaño con sus mejores datos de asistencia de sus diez años de historia: un total de 77.000 personas pasaron por territorio Fòrum a lo largo de sus cinco jornadas.

Y parte importante de ese público acudió a una última jornada de abultada entrada (la más amplía vista nunca por este servidor en este macro evento) bajo el reclamo de Kylie Minogue. Aunque el interés había arrancado horas antes. Seu Jorge sacó a lucir sus dotes de encantador trovador de la música popular brasileña. El cantautor fluminense se apoderó de la dispersa atención de los presentes con su penetrante voz y ese samba-pop que ayudó a definir. No dejó pasar tampoco la oportunidad de versionar algunos temas de su respetado David Bowie antes de despedir con un repunte rítmico.

El recorrido planificado para la jornada por este servidor no incluía el pop exuberante y almibaro de Years & Years pero la tremenda tromba de agua que descargó al arranque de su concierto dio pie a escenas de pánico (entre los que se replegaban hacia zonas cubiertas) y de júbilo (entre los intrépidos fans de las primeras filas que desafiaron el chaparrón) que impedían desplazarse hacia otros destinos. Servidor, bien guarecido, tuvo suficiente con lo escuchado durante esa obligada parada para dejar el escenario principal a la primera tregua de lluvia.

Aunque el mayor foco de aprecio y estímulo llegó del esperado encuentro con Michael Kiwanuka. El inglés demostró sobre las tablas porque es ahora mismo el abanderado joven de ese soul pretérito en vías de extinción. Su portentoso timbre vocal silenció el curioso y revoltoso público que llenaba el escenario Time Out. El cantante se sacudió en un santiamén las sospechas de un álbum (el genial Love & Hate) super producido con un despliegue sónico vibrante, emotivo y entusiasta. Fue dispensando todos sus caramelos con sabor a Al Green, Sam Cooke o Sam & Dave para reivindicar la vigencia del soul de las entrañas en plena era digital. De hecho, en su show se vieron pocos móviles alzados hasta su reconocible “Cold Little Heart” (el tema que ilumina los títulos de crédito de la serie Big Little Lies). Mucho antes ya había convertido a fieles y curiosos con esa manta de calidez y pureza emocional embellecida por una banda de músicos impecables y unas coristas a la altura del poderío vocal de Kiwanuka. Un show que bien valía una entrada, una visita y un viaje a Barcelona.

Tampoco se hallaron fisuras importantes en el show de Kylie Minogue. La australiana, inalterable al paso del tiempo, asumió el rol de cabeza de cartel tirando de su repertorio plegado de hits bailables y coreables. Acudiendo con asiduidad al ropero y agarrada a los tacones (con tal de disimular su baja estatura, pero limitando excesivamente su baile), la Madonna aussie se metió el público al bolsillo con su sucesión de reclamos pop. Arropada por una troupe de bailarines, y un voluptuoso ( y kitsch) decorado, la de Melbourne convenció por oficio, entusiasmo y agradecimiento. Una diva sin la actitud de estas. La única pega fue que una balada cósmica como el “Where The Wild Roses Grow” (la canción junto a Nick Cave) fue desperdiciada con la subida al escenario de una fan de las primeras filas. La otra única tara mencionable fueron esos intervalos obligados para el cambio de vestuario de la protagonista de la velada que ponían al descubierto el tono eurovisivo y Disney Channel de la escenografía y de ciertas coreografías. La presencia de Minogue enterró las posibles quejas con un bis coronado por “Spinning Around”.

El vendaval de pop mainstream de más de cuatro décadas encontró un saliente con el que rebajar la euforia en el set de Jorge Drexler. El uruguayo residente en Madrid tiró de atributos  en su repertorio de canción de autor. También se acordó del esfuerzo incalculable del Open Arms invitando a uno de sus responsables a subir al escenario para dirigir unas palabras a su audiencia.

La última parada de la jornada fue el interesante mejunje entre jazz, rap y samba de Marcelo D2. El rapero supo como sacar algo sabroso y rítmico de tan arriesgada mezcla. Respeto por eso.

Abatidos por el cansancio (la jornada anterior en el Vida haciendo mella), servidor abandonó el recinto, nunca tan concurrido, del Cruïlla con la música de Love of Lesbian en la lejanía, sonando desde un escenario principal abarrotado pese a las altas horas de la madrugada.


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