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Los 10 mejores discos de 2016

posted by KeithModMoon 9 enero, 2017 0 comments

George Michael

Finalizamos el extenso repaso dedicado a lo más valioso del 2016 con la lista de los mejores discos.

Pese al signo fatídico – especialmente severo en el universo musical – el año dejado prevalecerá en los pabellones auditivos por haber alumbrado una cosecha discográfica portentosa. Tanto las cabezas más visibles y autoritarias de la actualidad (Radiohead, Kanye West, PJ Harvey, Nick Cave, Bon Iver), como las reinas del pop y el R&B (Beyoncé, Rihanna, Frank Ocean), la presencia imparable de las féminas y un nuevo género acuñable a este año, el de las despedidas (David Bowie,  Leonard Cohen o A Tribe Called Quest), subrayan doce meses donde apenas se ha notado la ausencia de ningún gran artista musical en activo.

Es verdad que el negro ha teñido muchas portadas, que la muerte y el tono elegíaco y lúgubre se han filtdo entre los mejores trabajos del curso, y que probablemente, costará que se vuelva a dar una sintonía tan enmarcable entre las nuevas generaciones y las viejas como se han producido en estos últimos meses. Pero la verdad es que la luz musical de esta temporada ha permitido surcar, muchas veces regocijándose en la pena y lo aciago anunciado y presagiado por los propios implicados, un año de turbulencias y sobresaltos sin resarcimiento.

Un sentimiento de desolación y pena recrudecido por el adiós de tres grandes de la música popular en un momento inoportuno, tal y como dos de ellos pusieron de relieve con dos testamentos de envergadura. Eso fue 2016, un juego de luces y sombras con predominancia de lo segundo, pero aquí, al fin y al cabo, resaltamos lo primero.

10. Skepta – Konnichiwa

Konnichiwa Skepta

El realzamiento del grime tiene en Skepta a su principal cabecilla y a Konnichiwa en la artillería angular para la reconquista. Un trabajo que funciona como un motor de reacción al servicio de las rimas que escupe el MC alrededor de sus hábitats, su gente, inmerso en su rol de abanderado de ese angst incendiario de los marginados de la reina Isabel II. Una base discursiva bañada en las turbulencias sonoras más oscuras de la capital inglesa, bajos guturales y pesados que agrietan el hormigón londinense para enseñar la mugre de sus cloacas. Ese papel de líder le permite rodearse de su crew, e incluso atraer nombres consagrados fuera del grime, Pharrell Williams en “Numbers”, o de la escena que reina, Wiley, Jme, BBK. Aunque los 3.000 los sube en solitario y sin oxígeno de ayuda. La destroza armaduras “Shutdown” que ya se coló entre los mejores cortes del 2015, y su más reciente single, la apisonadora “Man”. Pese a distracciones genéricas con la intención de ampliar su radio de acción, Skepta se consolida en lo alto del grime londinense y lo hace con un sonido abrasivo, con la banda sonora de esta Europa despedaza y sumida en una crisis galopante, pero también como la voz de los olvidados, la estirpe de desarraigados marcados por haber nacido en los arrabales. Otro tipo de orgullo de clase que amenaza con demoler el establishment, y más de un tímpano en su camino a la eclosión.

9. David Bowie – Blackstar

Blackstar

La última muda de piel de un genio. El último aliento del camaleón. Sin duda de tonos oscuros, marcada por la enfermedad que lo apenaba. Un último latigazo que vuelve  romper esquemas, a adquirir un color y unas texturas inesperadas, inéditas, aunque con similitudes con el Bowie que asolaba en The Next Day, uno refugiado en la bis de crooner, influenciada por Scott Walker, tanto por interpretación vocal como por una instrumentalización más endurecida, menos digerible en una primera escucha, como se aprecia con claridad en “Sue (Or in a season of crime)”. Blackstar es un libro abierto, sujeto a las más diversas interpretaciones de los que se acerquen a su entramado simbólico. Eso provoca el efecto mágico de que cada escucha resulte enriquecedora, que cada pista que se va destapando, como el videoclip de “Lazarus” o los detalles de los últimos días de Bowie en la tierra, abra senderos vírgenes que conducen hacia cotas de genialidad, las que David Bowie practicó hasta la tumba y el más allá.

8. Anderson .Paak – Malibu

Anderson Paak Malibu

Todo año destapa esa ofrenda inesperada, ese descubrimiento que irradia luz desde todos sus poros. En 2016 la parcela ha quedado reservada en exclusiva al segundo trabajo de Anderson .Paak, quien en un arrebato de genialidad emula el reciente To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar en su escudriño por los manantiales sagrados de la música negra para extraer una nueva mezcla con la que bendecir los nuevos tiempos. Un amalgama de R&B, soul, funk, hip-hop, rock pegados bajo una producción modélica sin recrearse en la ostentación, sino en el paladar más refinado que confía en una voz destinada a permanecer. Un hallazgo mayúsculo que aúna lo mejor de la tradición de la música negra pretérita, presente y venidera.

7. Bon Iver – 22, A million

Bon Iver 22 a million

Parece que las angustias mentales y existenciales que adolecen a Justin Vernon no son moco de pavo. Al menos si atenemos a la envergadura artística obtenida como respuesta a ese ahogo que lo ha paralizado a la hora de materializar su tercera entrega discográfica.  22, a million se desveló como un inspirador acto de exorcismo de esos pesares anímicos, y la forma de salir del quebradero fue radiante. Mediante un compendio de composiciones talladas bajo patrones más sintéticos y contemporáneos, con el autotune ganado presencia, con filigranas de producción más distanciadas de sus austeros inicios, pero manteniendo su principal virtud, ese halo cálido y melancólico que envuelve su música. Bon Iver logró el desbloqueo vital con un salto pronunciado a la esfera de un post-folk donde parece erigirse como el principal emisario.

6. Kanye West – The Life of Pablo

Kanye West The Life of Pablo

El primer brinco sin giro 180º grados que da el rapero ególatra. Un disco in progress que funciona como un amalgama que acopla los diferentes ADN que han definido los pasos de gigante dados en cada nuevo trabajo. De hecho buena parte de este ADN lo compone una regresión a los orígenes, a la búsqueda incesante del sampler soul y gospel perfecto que sirva de acolchamiento para una base pop o hip-hop de frescura rabiosamente moderna. En su último trabajo “Yeezus” se arrima a las gemas pluscuamperfectas con las que llamó a las puertas de la fama con The College Dropout y Late Registration , pero también hay una abultada presencia de ese autotune que domina su única mancha en su currículum, el 808’s Heartbreak. Con este último LP parece haber dado portazo a las texturas industriales y abrasivas del genial “Yeezus”, y haber suavizado su discurso instrumental, acorde a una etapa vital más serena, como padre de familia y esposo. Aunque vuelve a primar un olfato intimidante para el sampler glorioso, para juntarse con las colaboraciones más cotizadas, y para acoplar todas sus directrices conceptuales en el marco más atinado posible, sobresaliendo de nuevo con una producción sofisticada e impecable.

5. ANOHNI – Hopelessness

Desde la pulla a la guerra de drones en su abertura, “Drone Bomb Me”, la epístola que expresa la decepción con el presidente saliente,”Obama”, la indiferencia ante el cambio climático de “4 Degrees”, la pena de muerte,”Execution”, o la vigilancia de los gobiernos, “Watch Me”. Así se podría seguir desmenuzando todos los temas del disco para darse cuenta de cada uno de ellos contiene una crítica cargada de ira, desesperación, rabia, miedo, hacia los grandes problemas actuales de la humanidad, y en concreto, los de su tierra de adopción, la primera potencia norteamericana. Sin embargo todo quedaría en agua de borrajas sin el decoro exhaustivo con el que los productores Hudson Mohawke y Oneohtrix Point Never (dos de los más solicitados del momento) proporcionan un sólido colchón de electrónica para que ANOHNI se impulse con su voz y con su renovado discurso político. De la mezcla brotan algunos de los instantes más arrebatadores de la temporada (“Watch Me”, “Crisis”), una emoción vivida que ANOHNI transmuta según el significado de la canción dejando al oyente en un estado de abstracción absoluta, y hasta un pelín tocado por las experiencias descritas en sus letras ( la de “Drone bomb me”, por ejemplo). Aires poderosos y renovadores para alguien que parecen haber dado con su lugar en el mundo, tanto en su faceta personal, como en la traslación de ésta a un universo musical.

4. A Tribe Called Quest -We Got It From Here…Thank You 4 Your Service

A Tribe Called Quest We Got It From Here thank you 4 your service

Si en los 90’s respondieron al gangsta rap dominante con tarros mágicos de soul, jazz, psicodelia y groove old school, ahora le dan una patada a la entrepierna a lo imperante en su género con una lección de rap adulto, circundante con géneros dispares – AOR, pop, soul, funk, rock-  sin ni siquiera rozar el temido pastiche. Samples mastodónticos cruzándose con saxos seductores, percusiones africanas, guitarras afiladas de la escuela Funkadelic (vía Jack White) o cualquier estímulo que se cruce en su camino para salir con la forma idílica – en la pluscuamperfecta “The Donald” parecen juntarse todas ellas en una estadio de levitación continua. El sonido que emite el álbum es la adaptación natural a nuestros tiempos de esa explosión creativa que encabezaron dentro del panorama rap de la costa este. La inclusión de la ristra de artistas de la talla de Kendrick Lamar, Busta Rhymes, Andre 300, Kanye West, Jack White y hasta Elton John es tan innecesaria para la perfección del disco como sintomática de la altura cosechada en una carrera de seis álbumes. También el componente lírico, con pullas adheridas en pedruscos tallados en formato hit, algunas de ellas con visos de convertirse en himnos de la era Trump (“We the people”), no son una excepción en una banda que nunca ha escondido su compromiso político y social. Un contenido a la altura de su envoltorio, y de cuya unión sale un impecable material con el que terminar a lo grande un radiante recorrido. Una fiesta de las memorables, acompañados por la flor y nata. No solo han vuelto a agitar como nadie el tarro de endorfinas con una fórmula de caviar rap que parece extinguirse con cierto clon rap dominante, sino que se van, por el momento , como los grandes…. con un trabajo mayúsculo, equilibrado y de alargada presencia en el paladar.

3. Michael Kiwanuka – Love & Hate

Michael Kiwanuka Love&Hate

Con unas referencias que señalan al soul clásico de Otis Redding o Marvin Gaye, el folk-soul jazzy de Terry Callier, bandas sonoras blaxploitation y alguna pequeña filtración pinkfloydiana, pegadas a una capa instrumental de quilates dispensada por el impecable Danger Mouse,  Kiwanuka solo necesitaba abrir en canal sus emociones,  y exponerlos con su prodigiosa voz, para completar un disco soul atemporal. Un trabajo de julio de 2016 pero que podría haber sido encontrado en un baúl de joyas perdidas de los 70. La mejor tradición del soul resplandece de la mano del joven londinense, y los melómanos se frotan las orejas ante una de las cimas emocionales del curso.

2. Leonard Cohen – You Want it Darker

You Want it Darker

Su voz cavernosa de efecto balsámico sigue siendo el mástil de un navío de material noble, antiguo pero sin una sola grieta. Monocorde, Cohen palpita elegancia, sobriedad, superioridad y una emoción imposible de tasar, a la que da salida con ese uso expresivo de la voz: la entonación, su grave tono, los silencios…Una voz que se eleva para transmitir la sabiduría del anciano que ha sacado el máximo partido de una vida milagrosa y envidiable, como si un rabino en su punto culmen del saber dejara ir salmos sanadores y transformadores. De hecho, el tenue acompañamiento de tímidas guitarras, pianos de iglesia y coros angelicales que caracterizan el álbum pueden remitir a ese espacio sagrado desde el que Cohen convence y se despide de sus acólitos. Aunque también encuentra espacio su versión más terrenal, la pícara, la del eterno seductor, como es “Traveling Light”, con violines, mandolinas, coros femeninos y un suave brisa griega de su etapa en Hidra que se filtra por esas capas.  Si su voz no ha perdido ni ápice de su transformador calado- si bien es verdad que no la modula más allá de los graves – sorprende la puntería con la que obtiene melodías que se encuentran en lo mejor de su carrera reciente. Es el caso del excelente single “You Want it Darker”, o la no menos excepcional “Leaving the table”. Mientras que en el apartado lírico sí que se aprecia un Cohen abatido, renegado a un papel de vestigio de una época irrepetible, fuera de juego – o del tablero como señala en algunos temas -, el de Montreal se rinde ante su papel en el contexto actual, ante la evidencia de estar dando sus últimos coletazos artísticos, y aún más duro para él, vitales. Pocas semanas después del lanzamiento, el tiempo certificó el aire fúnebre de otro testamento soñado para un artista inigualable.

1. Nick Cave & The Bad Seeds – Skeleton Tree

Nick Cave Skeleton Tree

Skeleton Tree se construye como un lamento de una lírica excepcional. El Cave literato saca su pluma de las grandes ocasiones para abrirse paso entre el dolor, el desasosiego, la quiebra de espíritu y todo lo no ajeno a un agujero irremplazable del corazón. Lo hace con un tratamiento sublime, sacando punta a las metáforas más dolientes y profundas, y liberándolas con su voz cavernosa, su tono afligido e introspectivo. Como no podía entenderse de otra forma le corresponde una gabardina de ausencia total de colores. Cuerdas asfixiantes, suaves repique de las escobillas, reducidas teclas de un piano fúnebre, atmósferas densas y turbias, todo un entramado sonoro oscuro y acongojante acorde con el estado anímico con el que fue gestado. Aunque lo más asombroso, es cómo, pese a todo, esa comunión de un dolor muy presente, real, ahogado a través de la expresión artística, produce emoción a raudales, pero también belleza. Belleza que por instantes es nítida, limpia, y casi siempre, hiriente y aplastante. Porque si uno escucha el álbum entre líneas, ve a un padre molido, confesándose desde las tinieblas más ardientes de su existencia, confrontando la muerte a cara de perro, pero manteniéndose a flote mediante el poder curativo de su propia música. Y ese efecto, ese íntimo encaje, ese balance de fuerzas opuestas, resulta de lo más hermoso.


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