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Los mejores discos del 2010

posted by KeithModMoon 27 enero, 2011 0 comments

Dejábamos 2010  con un regusto en nuestro paladar melómano sobresaliente. Ajena a la crisis, o alimentándose creativamente de ella, el hecho es que 2010 ha sido un año de un goteo musical envidiable, productivo y constante. No solamente por los grandes trabajos que nos han brindado artistas ya consagrados como Arcade Fire, The National o Kanye West, sino también por mayúsculos debuts o aplaudidos retornos.

En la siguiente lista no van a encontrar un exhaustivo recorrido por lo que ha dado el año de sí a nivel de géneros, sellos y tendencias (para ello les recomiendo este otro artículo) sino una simple lista en la que recojo los que para este servidor fueron los diez mejores trabajos, algunos de ellos dignos de llevarse a la tumba. Sin más dilaciones, pasemos a ver ( y a escuchar en Spotify, gracias escandinavos) qué discos dejaron su huella en el pasado año.

10. Four Tet – Theres is love in you

Tras cuatro años de silencio como Four TetKieran Hebden’s regresó para maravillarnos con There is love in you. Un regalo de electrónica gustativa, de esa que perfora el oído para instalarse en la mente mediante sus entramados de capas hipnóticas.

El álbum parece construido con la precisión de Philip Glass, pero Hebden’s sabe añadirle un tono multicolor; de alegría y felicidad. Se nota el amor empeñado en su elaboración, porque a lo largo de sus nuevos temas reluce mucho brillo en las texturas, las capas y la detallista producción que se va entrecruzando con una cohesión asombrosa. Temas como “Angel Echos”, “This unfolds” o “Love Crying” lo corroboran.

9. Laura Marling – I speak because I can

El segundo trabajo de Laura Marling es impropio de una chica de veinte años. La cantante inglesa asombra con la madurez con la que afronta la interpretación de unas letras cargadas de versos sobre el amor, el desamor y la muerte, y por envolverlo con una cálida capa sonora. Esta cantante folk pródiga (debutó a los 16 años) parece querer quebrar corazones con las escuchas pasmosas de su disco “sophomore”, y bien que lo consigue.

Su estilo musical ha dejado atrás el pop folk del primer disco y ahora su música suena más arraigada en el folk; un folk que mira a los EEUU, pero que se mantiene apegado a la melancolía, la tristeza y la desazón que sólo los más grandes compositores como Leonard Cohen o Nick Drake han sabido recoger para atizar canciones imborrables. Marling tiene claro en qué período asentar sus referencias, cómo hacer que su profunda voz (hay algo en ella de Joni Mitchell) se instale como un reconfortante abrigo en tu piel, y en cómo lograr que los arreglos cuajen con suavidad y dulzura en sus canciones. Esta chica tiene claras demasiadas cosas para la edad que tiene. Y si no me creen, aguanten el impulso arrebatador de temas como “Alpha Shallows”, “Devil’s Spoke” o “I speak because I can”.

8. The Roots – How I got over

El último producto de la factoría The Roots es una pieza de orfebrería tallada con maestría según los patrones del soul, el hip-hop y el crossover indie-rock más limpio. ¿Y cómo se puede salir airoso de todo ello?, con precisión, elegancia, criterio, lucidez, unificación y un saber hacer general al alcance de muy pocos.

Lo último de los de Philadelphia es todo un despliegue emocional. How I got over desprende un aire desalentador, en ocasiones melancólico y apagado. Ayudan en ese sentido las excelentes colaboraciones vocales que aportan: Joanna Newsom, Jim James de The Morning Jacket,  Dirty Projectors o John Legend, entre otros. En la perpetuidad deberían quedar cortes como “The day”, “Walk alone” o “Right on”.  How I got over no es un disco de rap de The Roots, es un enorme disco de rap-soul heterodoxo  con un aroma descorazonador.

7. The Morning Benders – Big Echo

Big Echo suponía el segundo álbum de estudio de este cuarteto de Berkeley, California. El trabajo fue una demostración de pop preciosista, melodías estimulantes, arreglos sobrecogedores, y aposento nostálgico en el pop dorado de la costa oeste que con tanta intensidad iluminó al resto del mundo a finales de los 60’s. Porque sí, en Big Echo vuela el espíritu de Brian Wilson y The Birds, pero también de grupos más contemporáneos como The Shins, o Grizzly Bear, cuyo integrante, Chris Taylor, colaboró en dotar de forma la concepción final de la obra.

Son diez cortes de una exquisitez aleccionadora. Remansos de calma para ser devorados a las orillas de una playa desértica. Temas como el no terrenal “Wet Cement”, el despertar cálido de “Excuses” (con una voz que recuerda al Alex Turner de The Last Shadow Puppets), la hibridación entre Beach House y Grizzly Bear que da forma a “Promises”,  la fragilidad anestésica made in Grizzly Bear en “Pleasure sighs”, la nostalgia embellecida de “Stitches”. Todos ellos cortes agrupados en un conjunto harmónico ejemplar, baterías preciosas, líneas de bajo cosquillosas, guitarras que te acarician, voz susurrante, y una producción que rodea de un halo mágico todo lo que arrima. Son sólo algunos de los motivos por los que este disco de The Morning Benders puede provocar un flechazo de consecuencias impredecibles.

6. Villagers – Becoming a Jackal

El trabajo realizado por Villagers con Becoming a Jackal tiene similitudes con el que Antlers lograron con Two en 2009. Ambas bandas parieron grandes joyas pop de corto alcance mediático (ya saben en pocas listas los verán). Pero lo de Villagers cuenta además con la admirable proeza de ser su disco debut, que en 2010 fue capaz de llenar los oídos de indie pop luminoso, arreglos impecables y letras que pueden restablecer el peor de los días.

Villagers es el vehiculo del cantautor irlandés Conor J. O’Brien para desmenuzar sus pasiones internas, sus retazos de vida, sus desencuentros con el amor, con una voz profunda que puede adquirir un colorido cegador (Jens Lekman) como transformarse en una oscuridad angustiosa (Tom Yorke). A eso, le añade, con un sentido y rigor propios de estandartes del género folk y pop de cámara como Robert Wyatt y Paul Simon, unos acompañamientos sonoros de ensueño. Paisajes con melodías frescas, y aparentemente sencillas (pero llenas de detalles), que rasgan la epidermis con sus vaivenes, noqueando al oyente en un estado de extraña y permanente bienestar, la de saber que detrás de esa obra hay un trabajo por el que merece vivir. Temas como “Becoming a Jackal” o “That day” transmiten esa sensación desde la inmediatez, pero todos los tracks merecen repetidas escuchas.

5. Big Boi – Sir Lucios Left Foot…The Son Of Chico Dusty

Lo que ha creado el MC de Outkast en solitario se parece a una apisonadora soltando beats diabólicos, ráfagas cortantes, y ritmo desenfrenado que parece no tener límite. Big Boi se gradúa con honores con este imborrable debut: Sir Lucious left foot… the son of chico dusty.

Su disco es una metralleta que suelta ráfagas de dirty south, rimas ingeniosas, producciones que sorprenden por su frescura, y que lo siguen haciendo a la segunda escucha. Su tono, teniendo un pie en los ochenta, se deja llevar por un potente cóctel molotov donde los teclados gimen de placer, las rimas se regocijan en su lucidez, y el ritmo y el desenfreno se apoderan del ambiente a pesar de la pérdida de cilindrada en su tramo final. Dosis impagables de buen rollo y ritmo “mueve culos” para la que sea la propuesta hiphopera más creativa, bizarra, original y resplandeciente en tiempo.

 4. Beach House – Teen Dreams

Sumamente complicado resulta encontrar un adjetivo que describa el estado anímico al que te transporta el último disco de Beach House. Una banda de dream pop ensoñador afincada en Baltimore que consiguió con Teen Dreams coronarse en las alturas de su corta carrera.

Teen Dreams suponen diez instantes de remanso cálido con los que soñar despierto. Un pop acariciante y suave que te voltea con su halo de hipnotismo y de calma eterna. Alex Scally y Victoria  Legrand crearon unas composiciones que se elevan de terrenos oscuros, que se adentran en atmósferas soñolientas y que desprenden un extraño vínculo magnético a su paso. Todo con la mínima expresión instrumental. Como ya se dejaba intuir en la introducción, un disco apegado a la sin razón, al puro sentimiento, muy difícil de desquitarse, y más de describirlo.  

3. Kanye West – My beautiful Dark Twisted Fantasy

Desde el primer corte de este My Beautiful Dark Twisted Fantasy, Kanye West deja claro que ansia coronarse en lo más alto de la cima y trascender con ello. Y la verdad es que con su último trabajo se acerca peligrosamente a su objetivo. El de College Dropout ha recuperado su inspiración más remarcable para dar un bandazo a sus dos últimos trabajos y recuperar la genialidad de los dos primeros. Para ello se rodea de una “crew” de lujo que ejecuta a la perfección las órdenes lanzadas. Parece como si West hubiera alcanzado con este disco el techo que ha andado buscando desde que empezó su carrera de forma fulgurante hace 6 años. Su cruce entre rap y pop mainstream alcanza aquí cotas difíciles de igualar.

Y los ingredientes para crear esta masa sabrosa son bien conocidos por sus aficionados: melodías contundentes que el encéfalo retiene, una producción excelsa, colaboraciones de lujo (amigos e influencias no le faltan: Elton John, Rihanna, Jay-Z, Nicki Minaj, Bon Iver o Gil Scott-Heron, para citar sólo algunos ejemplos bien dispares), unas rimas lúcidas escupidas con soltura, y muy buen oído para seleccionar los samplers (¿quién hubiera sido capaz de insertar sin chirriar a King Crimson en un tema como “Power”?); Kanye West coge las tradiciones del género hip-hop y las voltea sin ponerse limitaciones. Sería injusto quedarse con un solo tema, porque todos ellos se merecen escuchas en bucle, pero quizás para tomarle temperatura al asunto habría que dejarse golpear por la furia de “Monster”, “Power”, “So Appalled” o “Devil in a new dress”. En My Beautiful Dark Twisted Fantasy, el famoso rapero parece haber expulsado toda su furia creativa contendida, y el resultado lo ha canalizado en un producto que no solamente moderniza el hip-hop, sino también la música en general.     

2. The National – High Violets

Los neoyorquinos quisieron reivindicar con High Violets su papel preponderante en el Indie norteamericano, y ya de paso, en la escena internacional. Porque su última obra son más que 11 temas de pop rock tallados a la perfección. Son muestras de la capacidad del grupo para encarrilar majestuosas canciones en terrenos que tanto transitan por parajes luminosos como por tristes y embriagadores.

High Violets desprende una belleza intrínseca que cuando más se escucha más se aprecia, pero de entrada todo oyente puede resultar atrapado con los sencillos “Bloodbuzz Ohio” o “Terrible Love”. Un pequeño aperitivo para que, los de Brooklyn, nos transporten a su antojo por diferentes estados anímicos, todos irrepetibles. Puede que no sea su mejor trabajo, ya impartieron lecciones con sus dos anteriores álbumes, pero es una  clara muestra de que estamos ante una de las bandas norteamericanas más esenciales del panorama actual.

1. Arcade Fire – The Suburbs

The Suburbs es el tercer trabajo de los canadienses tras los aplaudidos Funeral y Neon Bible. En él Win Butler y compañía dieron un visible vuelco transformando su épica de compleja estructura en brisas cargadas de atmósferas que alertan de un paisaje nostálgico en un presente descompuesto. Su sonido ha perdido luminosidad pomposa acorde a unas líricas sombrías que ganan en profundidad y madurez.

Los entusiastas de la banda canadiense encontrarán a faltar himnos que corear (puede que “Ready to start” o “I used to wait” se adapten a este modelo), pero las escuchas de este doble álbum (más de 1 hora de duración) irán calando con la misma intensidad que los anteriores discos. Su narrativa retrofuturista de carácter apocalíptico articula el hilo conceptual del disco, y ese marco no es el más apropiado para vender discos al gran público, pero ellos, paradójicamente, lo hacen. Una banda que pese a transitar en la periferia, triunfa en el centro, y eso les da una gran ventaja sobre el resto. Sin duda un largo camino les espera por delante, y siempre desde lo más alto.


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