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2016: un año de música

posted by KeithModMoon 7 diciembre, 2016 0 comments

David Bowie

A tres semanas y media de poner el cierre a un año funesto, llega ese momento de lanzar la mirada al retrovisor para rescatar los instantes más notorios y preciados de una excelente cosecha discográfica empañada por el amargo regusto dejado por el regadero de decesos de relieve, a cual más doloroso.

2016 quedará para siempre grabado en la memoria del melómano como el año de la desaparición de algunas de las últimas grandes figuras míticas del pop y del rock. Solo tuvieron que pasar 10 días de este para que la parroquia del rock se levantara sollozando y afligida, con un terrible agujero que en lugar de cicatrizar fue aumentando a medida que la obra póstuma de David Bowie calaba en la epidermis en su máxima dimensión de significado.

La pérdida de David Robert Jones fue un mazazo arrastrado durante semanas y meses, al que nadie podía preveer que le seguiría otro icono musical, capaz de trascender lo puramente musical como el Duque: Prince, y todos sus alias, se evaporaron bajo los mismos síntomas de incredulidad y perplejidad. Y como un macabro círculo que cerraba el annus horribilis del rock y de los que busca en este referentes más que estéticos, la voz inmortal de Leonard Cohen se apagaba en un estadio de plena creatividad- con lo que hizo su marcha doblemente amarga – tal y como demostró en su última jugada discográfica, en otro lance macabro del destino que lo emparentó con esa sonada noticia que inauguró de la peor manera posible el curso musical.

Aunque si estas fueron las tres más sonadas y sentidas, tres iconos subidos al panteón de los Dioses del rock, no ha sido sino más que otras tres a sumar a una larga lista compuesta por: Sharon Jones, Leon Russell, Alan Vega, Keith Emerson, Maurice White, Paul Kanter, Phife Dawg, Greg Lake, George Michael, etc.

Una devastación sin precedentes para quien escribe de la que se ha salido adelante gracias a la conjunción de talentos y voces que han reforzado el estado musical, dejando para el recuerdo una producción excelsa. Tantos artistas y bandas consagradas como noveles de alargada proyección han ayudado a aderezar la aflicción con muestras musicales valiosas repartidas a lo largo de todos los meses.

En la escena internacional, especialmente en la norteamericana, el rap, el R&B y el trap de amplitud mainstream sigue copando las listas y aglutinando unanimidad. Beyoncé, Kanye West, Drake, Kendrick Lamar, Schoolboy K, Rihanna, Frank Ocean y más juniors como Vince Staples, Young Thug, Chance the Rapper, Pusha T, o Danny Brown han reafirmado la solidez de sus respectivos géneros. También desde las islas, nos han llegado rabiosos condimentos de rap y grime de la mano de artistas como Skepta.

Tanta a uno y otro lado del Atlántico, en los mercados anglosajones, el dancehall se ha filtrado en las capas mainstream del pop (el “Work de Rihanna), el rap (“One Dance” de Drake), el R&B (Alunageorge), la EDM (Major Lazer llevan tiempo absorbiendo sonidos tropicales) o la electrónica. Parece que 2016 quedará como el curso en que el dancehall dejó la periferia y el underground para instalarse en el centro.

La electrónica ha seguido teniendo un papel primordial como elemento aditivo en el pop, el rock, el rap, el R&B, sin embargo en solitario no ha dejado trabajos demasiados incontestables más allá del lustroso paso por las tiendas de Mark Pritchard, Andy Stott, Tim Hecker o Acid Arab . Mucho más interesante han resultado las vías de escape de sus zona de confort que han proporcionado autores como ANOHNI y Bon Iver. El primero acoplándose a la canción protesta desde una perspectiva sonora de rabiosa contemporaneidad, y el segundo mutando su folk hacia un post-folk de alto embalaje electrónico.

Ellas siguen en su escalada sin remisión, tanto en charts como en percepción crítica. Además de las dulces llegadas de Mitski, Låpsley, NAO, Frankie Cosmos y Japanese Breakfast en la esfera indie-pop, se ha constatado el salto de calidad como los de Angel Olsen, Jessy Lanza, Kate Tempest o el dominio insultante de Rihanna, y especialmente Beyoncé, en sus respectivas parcelas.

Por último el rock ha permanecido sobre la superficie, resistido a ese entierro programado desde hace años, precisamente con trabajos póstumos de los dolorosos despidos, pero también con savia nueva como Car Seat Headrest, veteranos como Drive by Truckers, o incluso, el regreso de los Stones en clave blues, o ya en terrenos soul, con confirmaciones esperanzadoras como la de Michael Kiwanuka.

Sustancio panorama bajo el que amortiguar las profundas heridas del curso. Pero ha habido más, mucho más…

In the soup: Kanye West

Kanye West

Para bien y para mal Kanye West se ha vuelto a apoderar de páginas centrales de tabloides musicales y de web de todo pelaje. La salida de su disco – y el calentamiento previo -, sus constantes actualizaciones, la pomposa gira y pataletas, su marca de ropa, los dos videoclips de millonadas reproducciones, la salida de tono habituales, su egolatría en directo vía Twitter y ya para finiquitar otro ao de protagonismo, su ingreso en hospital por razones un tanto confusas. Aunque aún parecerá poco, si de verdad termina presentándose a la carrera de la casa blanca en 2020. Qué Yeezus nos pille confesados.

Rookie del año: Car Seat Headrest

Car Seat Headrest

Qué figure aquí Car Seat Headrest puede llevar al engaño, porque en realidad su alma mater, Willy Toledo, llevaba ya un tiempo como bedroom musician produciendo abundante material reverencial al indie-rock noventero de su país de origen, con Pavement en el Top of mind. Sin embargo, 2016 ha servido para sacar al niño prodigio de su zona de confort y lanzarlo al mundo discográfico con un muy estimable disco de rock. Un trabajo que recupera las últimas tres década del indie-rock americano y las pasa por el matiz de la urgencia enérgica de un imberbe aún en esa fase donde la inmortalidad parece plausible.

Artista nacional: C. Tangana

c. tangana

En el año de la confirmación del trap en el tejido musical español, C. Tangana se ha desmarcado como mediador entre el rap y la cultura urbana en su corriente, no solo más digna, sino más lubricante, afinada y exportable. Tanto en solitario como en compañía con Agorazein ha demostrado unas dotes que le despejan un camino de éxito en el panorama musical patrio, y quien sabe, si incluso, en el extranjero.

Comeback inesperado y gratificante: A Tribe Called Quest

A Tribe Called Quest We Got It From Here thank you 4 your service

Algunos fans nunca abandonaron la ilusión de volver a ver al combo de Queens pisar los estudios. Sin embargo las esperanzas se desplomaron en los parquets mentales cuando se conoció la muerte del MC de la banda, Phife Dawg. Por eso, aún resultó mayor la sorpresa cuando se anunció la publicación de un disco de cierre para el mes de noviembre. Un We Got It From Here… Thank You 4 Your Service que disipó desde la primera estrofa los temores de oxidamiento en esta banda seminal del rap de la costa este. Un trabajo en el que mantuvieron la esencia de su glorioso pasado pero sin recurrir al peso nostálgico, sino mediante una presencia contemporánea  tanto en las candentes letras como en el apartado sonoro – que supuso una patada a la entrepierna del trap y al rap prefabricado. 18 años después nadie se esperaba un comeback tan pletórico de A Tribe Called Quest.

Decepción del año: Jean-Michel Jarre

Jean-Michel Jarre Sónar 16

El francés, padre del new age, pionero de la electrónica y obseso del sintetizador, volvió en 2016 con su segunda parte de Electronica 2: the Heart of Noise, un trabajo, que a lo máximo, resultó irregular. Al menos el regust tibio quedó aparcado con su esplendoroso y mesiánico show en el Sónar.

La muerte más llorada: David Bowie/Leonard Cohen

Leonard Coen

Sería injusto dedicar este espacio a solo uno de los nombres de arriba. El año se ha cerrado igual de amargo que como amaneció. Y el motivo, en el campo musical, hay que buscarlo en las sentidas muertes de David Bowie y Leonard Cohen. No solo porque se disipa una estela mitológica de buena parte de la historia del rock del siglo pasado, sino porque se fueron dos referentes, dos instituciones del rock, el pop  el folk, dos mastodónticas leyendas en una gracia creativa, pese la enfermedad de uno, y la vejez del otro, que lejos de quedar atrincherada en el bloqueo volvía a recobrar impulso. Sin duda, las dos muertas más lloradas del año, y en tiempo.

Concierto del año en festival: Massive Attack (FIB)

Massive Attack FIB 16

Lo de Massive Attack en el FIB ha quedado recogido en pocos lares. Los de Bristol dispusieron un show colosal, donde los leds, la música de la banda, los invitados al escenario – con especial acierto de The Young Fathers, que solo minutos antes se habían marcado otro de los conciertos del año – y la batería de mensajes de signo político y social proyectados en el escenario convirtieron su velada en la más especial, emotiva y rotunda de un festival castellonense reviviendo su época dorada (al menos en lo musical). ¿Quién dijo que no se puede concienciar a la vez que emocionar y divertir? Si alguien lo dijo o lo pensó, Massive Attack tumbó al sentencia con un show total.

Concierto del año en salas: King Crimson

king-crimson

Aunque por pasos apoteósicos el de los británicos King Crimson por la península. Tras su paso por Madrid, y una primera noche en Barcelona, Robert Fripp y su sexteto repitió enseñanzas de rock musculoso en el Auditori de Barcelona. Las tres baterías, su repertorio de clásicos, la intensidad rítmica inabarcable con el movimiento de partes del cuerpo, la precisión en huso suizo, y la compenetración perfecta de todos los músicos fueron solo alguno de los motivos para coronar su show como el mejor del curso. Fueron solo algunos de los compases de los que uno podía desprenderse, otros, sin embargo, siguen incrustados en las capas más profundas de la epidermis como causa natural del huracán de fuerza 6 que pasó por el Auditori.

Interpretación del año: “Starless”- King Crimson

Y siguiendo con el cúmulo de sensaciones aglutinadas en el concierto de arriba, el momento más sublime de la temporada musical en directo también lo proporcionó la banda liderada por Fripp. No fue un latigazo de un segundo, una piel de gallina que remitió al cabo de unos acordes, no, fue un clímax de perfección dilatado , 12 minutos con los que la banda King Crimson tocaron el cielo del rock progresivo y pusieron el primer punto y final a su mágica actuación. Una tormenta eléctrica que propició un aguacero de emociones a los sustraídos presentes ese día, en la noche imborrable del Auditori.

Videoclip del año: Dessert – “Back Around, Devil”

Temazo del verano: Rihanna – “Work”

Los otros candidatos

Canción del año: Leonard Cohen – “Leaving the Table”

Y las otras 49

Disco del año: Nick Cave – Skeleton Tree

Nick Cave Skeleton Tree

Y los otros 9

 


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