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Cruïlla 2013: Crónica viernes y sábado

posted by KeithModMoon 8 julio, 2013 0 comments
Viernes 5 de julio

Suede Cruïlla Festival

El festival más ecléctico, el de los pobres, el que rehuye de etiquetas y abarca un amplio abanico de edades y tribus arrancó el viernes con muy buena entrada. Una audiencia seducida por un cartel con figuras de renombre, capaces de sí solas de atraer público de diversa índole que se concentró en el afluente de música que deparó, una vez más, el escenario para las citas masivas, el Parc del Fòrum.

La jornada arrancó de forma angustiosa. Con la cancelación del tour de “Sun” conocimos los problemas de salud que atraviesa la cantante Chan Marshall. Sin embargo, ninguno de los presentes esperaba encontrar a la  norteamericana en un estado tan desmejorado. Con el rostro fatigado, desencajado, la ropa en mal estado, y su nuevo look oxigenado, la cantante de 41 años no pudo disipar las dudas sobre su salud, que por lo visto ayer, tienen un claro componente mental que le  impide sentirse cómoda sobre el escenario, algo a lo que no ayuda la perpleja y aletargada respuesta de un público que no espera encontrarse con la músico en ese estado. Quizás por ello se mirara constantemente a un pequeño cristal que le servía de reflejo, o mostrara casi siempre una pose seria, frágil y desconfiada. Paradójicamente, todo y los evidentes problemas que le atormentan, y que parecen castigarla físicamente y psicologicamente, Chan Marshall no ha perdido ese tesoro vocal que la distingue como una de las cantantes vivas más brillantes de Norteamerica. Pese bajar el nivel de la voz acorde a un estado de ánimo abatido, su repertorio resultó demasiado auténtico y vivaz como para no tocar la fibra de los asistentes. Especialmente para aquellos que deparamos en su delicado estado, y vimos a la cantante luchar contra sus demonios internos encima del escenario aportando una dimensión genuina a la lírica de sus bellas canciones. No hubo rastro de impostura, vimos a una Marshall herida, en una peligrosa fase salvaje, en un estado anímico preocupante, que terminó su irregular actuación, que deparó sus instantes de gloria y belleza (a los que correspondió con sonrisas que te rompían el corazón), entregando rosas al público que le arropaba desde las primeras filas. No satisfecha, siguió lanzando cualquier objeto que encontrará encima del escenario, y así la dejamos atrás, fuera de sí, pero accesible a un público a quien le duele muchísimo verla pasarlo tan mal, y aún así, seguir erizando el vello con su música.

Tras el agrio shock algunos buscaron alivio en el show de Rufus Wainwright. El carácter íntimo, emocional, y firme del cantante norteamericano, con la única compañía de su piano, sentó bien a esas últimas horas de la tarde.

Luego fue el momento de Billy Bragg, el cantautor inglés se rodeó de una abundante banda para desplegar un sonido inspirado por el country pero con un fuerte componente reivindicativo, al que fue complementando con constantes discursos y proclamas que decrecieron la pegada de su música.

El gran nombre del día irrumpió sobre el escenario con retraso. Puede gustar más o menos la propuesta de Suede en términos musicales, pero resulta indiscutible, que una vez la banda de Brett Anderson se acomodó sobre el escenario, desplegaron un show arrollador, conciso y eléctrico. El líder de la banda inglesa se desmarcó desde el principio como un frontman todoterreno, imparable y magnético. Conocedor de su sex appeal, de su imponente presencia escénica, se ganó al resto del público entregando con efusividad su munición popera que los convirtieron en uno de los abanderados del britpop de los 90’s. Su directo no se salió ni un milímetro del guión marcado, pero poco importó, porque su rodillo de hits sin respiro dejó al público exhausto y satisfecho. Incluso tuvieron el lujo de poder marcarse un bis, para no dejar ni una bala en el cargador.

Tras los británicos llegó la hora de Wyclef Jean and Refugee Camp. El ex Fuggees se concentró en un repertorio marcado por su andadura al frente de la mítica banda de mediados de los 90’s , del que no faltó la inmensa “Ready or not” o “Killing me softly”, compartida con un abanico de versiones que lo apasionan y que supo reconfigurar lo suficiente como para no parece un simple homenaje a Bob Marley, quien sin duda, fue el artista al que más acudió. El haitiano completó un concierto demoledor, de  vaivenes entre el reggae y el hip-hop, con él erigido como sólido frontman, con habilidades discursivas que ponían en relieve sus aspiraciones políticas. Antes de poner el broche de oro con “I shot  the Sheriff” (antes del bis había finiquitado la actuación con “Redemption Song”) a uno de esos aplaudibles shows que resultan difíciles de ver en la modernizada Barcelona, Wyclef Jean dejó entusiasmado a un público muy participativo cuando se abrió paso en medio del público, como si se tratará del propio Moisés, para terminar interpretando un tema en lo alto de la torre central de sonido. Un sonoro espectáculo, atronador y festivo, que pese a no centrarse en mucho material propio, fue ejecutado magistralmente en el plano musical, y con un maestro de ceremonias firme, entusiasmado y en estado de gracia.

Los catalanes The suicide of western culture caldearon el ambiente de la carpa El Periódico con su electrónica abrasiva y salvaje.  Acompañados por una virgen, impactantes visuales, y el refuerzo ocasional de guitarra, el dúo electrónico no dejó de pisar el acelerador para abatir a los asistentes con su electrónica de matices postrock y punk. Los que aguantamos el embiste de su furia disfrutamos de su experimental propuesta.

El plato final de la jornada recayó en Buraka Som Sistema. Una formación portuguesa especializada en el kuduro, que puso la nota de color, bailable y festiva a las últimas horas más dedicadas al hedonismo. En ese sentido cumplieron con su batidora de ritmos, elevaron la temperatura con su bailes sensuales, y pusieron el colofón final con un invasión de escenario con chicas del público que correspondieron al invite con entrega y diversión.

Sábado 6 de julio

Snoop Dogg Cruilla 13

El segundo día del Cruïlla transcurrió con otra buena entrada de público pese a presentar un cartel mucho más endeble que el del día anterior. Un único plato especial, servido por Snoop Dogg, fue el gran reclamo del día. Sin absurdas colas para entrar como sí que había ocurrido el día anterior, y con la misma facilidad para  moverse entre escenarios, el Cruïlla volvió a demostrar ser un festival cómodo, bien planificado, sin solapamientos ni cruce de sonidos entre escenarios.

La cantante africana Rokia Traoré pisó territorio Fórum para presentar Beautiful Africa, su último disco en el que ha trabajado con el productor John Parish. La cantante y multi-instrumentista se presentó en Barcelona equipada con coros y una banda numerosa, con la que impulsar su vital y contagioso sonido. Un despliegue de ritmos y sensualidad que fue asimilada con facilidad por el público congregado delante el escenario.

A Snoop Dogg le cayó la responsabilidad de llevar a cabo el concierto estrella de la jornada, y el rapero respondió con holgura. Nada más salir al escenario se ganó al público autóctono vestido con una camiseta del Barça con su nombre impreso sobre el dorsal número 10. Un  guiño facilón, pero efectivo, que podría resumir un espectáculo de rap mainstream, sin riesgos ni experimentos, pero efectivo, contagioso y potente. Arropado por un dj, algunos MC, y una bailarinas de top dance que subieron la temperatura corporal de los presentes, Snoop Dogg fue disparando sus fogonazos de hip-hop, haciendo hincapié a otros hits del género, y dejando espacio a su faceta más comercial, tonteando con el R&B y el pop de fórmula propicios para discotecas de Miami. No faltaron un muñeco gigante de un perro danzando sobre el escenario, sus instrucciones coreográficas a un público entregado, sus ligoteos, y sus porros del tamaño XL. Artificios extra musicales que completaron un espectáculo total, en el que el veterano rapero se metió al público en el bolsillo desde el primer minuto, y  no lo soltó hasta el tema de Bob Marley con el que cerró el concierto, y que dejo a todos los asistentes con ganas de más…incluso de Snoop Lion.

Tras el gran momento vivido fue el turno del cruce de géneros que maneja el norteamericano Trombone Shorty & Orleans Avenue. La papeleta final cayó al lado de los dj’s barceloneses Nasty Monday’s, quien pusieron la última nota a otra gran edición del cada vez más recomendable Festival Cruïlla. Más de 31.000 asistentes lo avalaron.


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