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David Bowie – Blackstar

posted by KeithModMoon 20 enero, 2016 0 comments
A tumba abierta

Blackstar

Con el deceso de David Bowie tan incrustado en la epidermis resulta difícil encarar el análisis de esta obra como lo resultará a finales de año, cuando probablemente sea encumbrada en lo más alto de las listas que recogen lo mejor del año. La razón es bien simple, las pistas sonoras han sido borradas por el oleaje de su muerte, con lo que este trabajo siembra más dudas de las que recoge, y ahí, precisamente, radica su mayor misterio, incluso su mayor valor.

¿Es Blackstar una obra mutilada por el agravamiento de la enfermedad?, ¿es el testamento discográfico de un Bowie acechado por la muerte?, ¿es la expresión del dolor provocado por el cáncer?, ¿es la banda sonora de la obra de teatro que se preparaba en paralelo en el Off-Broadway?  Las respuestas a estas preguntas se las llevó a la tumba David Robert Jones el pasado 11 de enero, y de seguir vivo, tampoco hubieran trascendido. Desde su inesperado retorno con The Next Day, el artista rehusó hablar y aclarar sus obras ante la prensa, su música hablaba en nombre de una ánima tullida, y cuando esta era demasiado hermética como el caso, su productor de confianza, Tony Visconti, ejercía de portavoz del músico.

Sin embargo, su muerte, y el conocimiento de su larga enfermedad sí que aporta una nueva perspectiva incuestionable a la hora de posicionarse ante su último álbum. Su escucha cobra un nuevo matiz, la oscuridad que contagia la imagen gráfica, la instrumentalización, la voz y las letras cobran un nuevo significado. En ese sentido el trabajo opaco a la salida del disco el pasado 9 de enero, se ha aclarado con el contexto resultante tras la desgracia conocida el 10 de enero. Lo enigmático y lo críptico han perdido fuselaje, aunque sigue habiendo un alto componente indescifrable tras su marcha.

Blackstar puede entenderse como un última muda de piel, la última transformación del camaleón, sin duda de tonos oscuros, marcada por la enfermedad que lo apenaba. Una última piel que vuelve  romper esquemas, a adquirir un color y unas texturas inesperadas, inéditas, aunque con similitudes con el Bowie que asolaba en The Next Day, uno refugiado en la bis de crooner, influenciada por Scott Walker, tanto por interpretación vocal como por una instrumentalización más encrudecida, menos digerible en una primera escucha, como aquí se aprecia con claridad en “Sue (Or in a season of crime)”.

Una impresión que se adhiere al pabellón auditivo no tanto por el barniz jazzístico aplicado con la intervención de un quinteto de jazzmen de la ciudad de Nueva York, que lo acompañaron en el estudio bajo la batuta del saxofonista Donny McCaslim, muy palpable en temas como “Sue (Or in a season of crime)”, “‘Tis a Pity She Was a Whore”,  o algún intervalo de “Lazarus”, sino especialmente por esas partes del recorrido en que parecen filtrarse brisas aireadas por Trent Reznor y sus acometidas turbadoras y angustiantes.

Aunque Bowie no sucumbe a la oscuridad por completo, sabe sonsacar siempre un destello lumínico en forma de estrofas y melodías que entroncan con su faceta pop más reconocible, con sus balas inmortales. El balance de fuerzas es tan equilibrado como estimulante, e incluso emotivo en temas tan redondos como “Dollar Days”, la segunda parte de “Blackstar” o “Lazarus”.

Resulta sumamente complicado ajustar Blackstar en el conjunto de la carrera de un artista sin comparación. El latigazo es demasiado reciente, el pitido del golpe ensordece demasiado como para escuchar con claridad y atino, falta que el tiempo deje brotar algo de perspectiva para valorar esta obra en su justa medida, aunque ya sobresalen indicios para acogerla como otro álbum ejemplar; como cualquier gran obra que se aprecie, Blackstar es un libro abierto, sujeto a las más diversas interpretaciones de los que se acerquen. No es una obra exclusiva para hermenéuticos  o sujeto a las consignas ofrecidas por el autor. Eso provoca el efecto mágico de que cada escucha resulte enriquecedora, cada pista que se va destapando, como el videoclip de “Lazarus” o los detalles de los últimos días de Bowie en la tierra, abra senderos vírgenes que conducen hacia cotas de genialidad, las que David Bowie practicó hasta la tumba.

8


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