CrónicaRock

Echo and the Bunnymen – Razzmatazz (Barcelona, 14 de febrero de 2019)

posted by KeithModMoon 18 febrero, 2019 0 comments

Echo and the Bunnymen

La sala grande de Razzmatazz presentó el pasado jueves una de esas instantáneas saludables propias de las grandes citas. Inesperada expectación para calibrar el estado de salud de Echo and the Bunnymen, banda apegada a la década de los 80’s, de moderado éxito fuera de sus fronteras, y que vieron reavivado el interés hacia su sonido a principios de siglo con la inclusión de su “The Killing Moon” en la banda sonora de Donnie Darko. Sin embargo, el Room Festival les facilitó un slot en la frenética agenda musical de esta última semana en Barcelona para que Ian McCulloch (frontman) y Will Sergeant (guitarrista), los dos únicos miembros de la alineación original, revivieran ese cancionero de hace cuatro décadas ante una mayoría de nostálgicos, algunos de misma edad o mayores que los protagonistas de la velada.

Aunque la formación de Liverpool empezó  titubeante, con la voz de McCulloch, entera pero a ratos desafinando, intentando sentirse cómoda entre el clima frío dispensado por los asistentes y ante alguna inclemencia propia (no sabemos si técnica o algún problemilla con algún miembro de la banda) que parecía molestar a un McCulloch impávido, férreo en mantener sus gafas de sol puestas. Ni sus leves parlamentos, ni sus esfuerzos por hacerlo en español y catalán ayudaron a rebajar ese distanciamiento. Aunque la  principal razón de este fue la sucesión de los temas insignia de la formación inglesa bajo un esquema de puro trámite, de discurrir apagado, sin sobresaltos, salidas de guion o entusiasmo. Tampoco ayudaron los mashups de clásicos del rock: “Roadhouse Blues” de The Doors quedó emparentada con “Villiers Terrace”, mientras el “Walk on The Wild SIde” de Lou Reed quedó adherida al “Nothing Last Forever”. La munición intratable llegaría poco después, encadenada para dar lustre a la primera salida: “The Killing Moon” y “The Cutter” nos reconciliaron con la formación.

El primer bis (con “Lips Like Sugar” y Ocean Rain”) no ayudaría a afianzar la mejora apuntada hacia el último tramo,  otra vuelta a la desidia general que caracterizó su paso por Barcelona. Lograrían recomponerse con un último cartucho, un “Do it clean” que recuperó algo de su vigorosidad originaria y que daría el cierre definitivo a un show poco memorable, de regusto pasajero, de cierta insignificancia en el equipaje emocional acumulado tras multitud de veladas musicales en directo, sin que fuera tampoco un mal directo.


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