CrónicaRock

King Crimson – Auditori (Barcelona, 25 de noviembre de 2016)

posted by KeithModMoon 28 noviembre, 2016 2 Comments

King Crimson European Tour

Hay indicios inequívocos sobre el calado emocional que una propuesta musical en directo deja entre sus asistentes. Caras de felicidad y satisfacción a la salida, conversaciones entusiastas que se prolongan más allá de los límites del recinto, manos enrojecidas y ovaciones que no respetan el tiempo de rigor. El pasado viernes se vivieron todas esas demostraciones de signo inequívoco en el segundo concierto de King Crimson en la ciudad de Barcelona.

La cita en el Auditori de Barcelona 16 años después de esa escala de la banda en lo que aún era la sala Zeleste fue la respuesta contundente y abrumadora al Black Friday y a los actos de consumismo irracional que se reproducían por todas las aortas comerciales de la ciudad. La prohibición taxativa sobre el uso del móvil para registrar imágenes y la invitación a sustituir nuestro inseparable smartphone por retina y cerebro, más el respeto irreprochable de los que asistimos, más la consecución de algo tan en desuso como el silencio, ayudaron a construir un oasis de amor hacia  la música y el arte como nota disonante de todo el ruido de empobrecimiento, cultual y moral, que ponía de manifiesto en su máxima expresión el Black Friday que se vivía en las afueras.

La banda liderada por Robert Fripp saltó al escenario en forma de septeto, una formación 3-4 con el que ya señalaron su desmarque de cualquier ortodoxia. Tres baterías en primera línea daban la dimensión exacta de la contundencia que estaba por llegar. detrás suyo, elevados, Fripp en la esquina, sentado y con su inseparable guitarra, y a su  derecha otro guitarra y voz principal, el bajo, y finalmente el saxofón, mellotron o flauta del encargado de viento. Más allá del liderazgo indiscutible de Robert Fripp a lo largo de todos los períodos de la banda, al seguidor de la banda inglesa, reconfortó la `presencia de Tony Levin en el bajo y Patt Mastelotto en la batería, dos sospechosos habituales que llevan tiempo en las filas.

Desde los primeros acordes la banda puso de relieve su admirable compenetración, una sincronización abismal, rozando el desvarío con las tres baterías uniendo fuerzas en huso horario suizo. Pronto la música de King Crimson empezó a levantar el espíritu de los presentes y a sustraerlos de cualquier pensamiento con una furia instrumental de la que difícilmente uno esquivaba la sacudida. Su peregrinaje de fusión rock, donde los retales de jazz, rock sinfónico, hard-rock, folk se funden bajo la matriz del rock progresivo – esa etiqueta donde siempre los han dispuesto en las tiendas de disco- fue puro deleite atronador para los presentes. Su música se construye con una superposición de capas hiladas bajo métricas matemáticas. Un aparente caos que fluye bajo un control milimétrico que permitió que la noche del viernes no hubiera ni una sola rasgadura incorrecta, mamporro  destiempo o fisura en su largo repertorio. Su intenso ritmo, y esa escalada paulatina que parte del sonido más mínimo, incluso el silencio, hasta la explosión de todos los instrumentos son otro de los signos de identidad que bordaron a lo largo de la velada.

Y eso que arrancaron con su repertorio menos decoroso y respetado. Temas de corta distancia entre los seguidores que sirvieron para poner de manifiesto la habilidad y calidad de los músicos llamados a llenar de música el recinto del Auditor del Fórum, y para señalar las flaquezas que presenta la voz de Jakko Jakszyk, la única tara verdadera de todo el directo. Aunque no hubo tiempo para signos de alarma desde el instante que soltaron “Epitaph”, tema poco paseado por Fripp en sus giras y que por suerte de los congregados fue uno de muchos clásicos que la banda desenfundó con alucinante ejecución.

Aunque la batería de clásicos llegaría en la segunda parte, cuando de verdad se avivaron las emociones y se pusieron a prueba las corazas de los presentes con “In the court of the Crimson King”, “Easy Money”, “Red”, “Lark’s Tongues in Aspic, Part Two”. Las demostraciones se fueron sucediendo desde todos los rincones del escenario:  mutaciones al free jazz, acoplados rítmicos de precisión suiza , sonidos marcianos de origen i indescifrable (Mastelotto tenía una galería de instrumentos para ello) galopadas de batería imposibles de seguir con la cabeza, y esos quiebros melódicos y rítmicos marca de la casa fueron una presión constante en las válvulas de los corazones. Una dinámica ganadora, siempre in crescendo, con espacio para el lucimiento en formato solo por parte de algunos de los músicos que alcanzó su cima en “Starless”, canción con el que abdujeron al público durante su dilatado recorrido y extendieron la definición del adjetivo sublime – ese servidor se pasó toda una estrofa de las múltiples que tiene con el pelo erizado.

La respuesta inmediata se produjo tras abrirse las luces, la platea entera de pie y una ovación prolongada hasta la vuelta de los músicos al escenario con disposición de encarar un bis de una solo tema. Cuando parecía que la cumbre de Starless era inalcanzable y el mejor regusto para incrustar en la memoria, King Crimson  igualó casi la gesta con la formidable interpretación con de “21th schizoid man”.

Con las manos doloridas, las pulsaciones alteradas y las caras de satisfacción en rebajas, poco a poco nos fuimos alejando de ese vendaval de furia controlada, del equilibrio de emociones, ritmo y géneros, un acelerador de emociones del que resultará difícil recomponerse. Más, si como a un servidor, una vez alejado de esa colosal experiencia vivida, un incómodo sabor agridulce hizo acto de irrupción, el provocado por una sensación de despedida. La de una banda excepcional y genuina, siempre irrenunciable en su pulso vanguardista y experimental, con un arco de influencia pocas veces superado, en sus últimos acordes escénicos como tantas otras bandas de la época dorada del rock cuyo fin se acerca sin remisión, especialmente en este fatídico 2016 que pronto nos abandonará para dejarnos más huérfanos que nunca a los que seguimos vibrando con el rock por demostraciones como las del viernes.


2 Comments

INDISCIPLINE 29 noviembre, 2016 at 13:35

El mejor concierto de los 4 que he visto de K.Crimson a lo largo de 22 años y el mejor de todos que he visto y escuchado. Imposible calificarlo en nota. Potente, compacto, sublime intenso y denso y emocional.

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KeithModMoon 1 diciembre, 2016 at 15:42

Fue alucinante, sí. De una intensidad abrumadora, con instantes de abducción pura…el mejor concierto que he asistido este año junto a los de Patti Smith y Massive Attack, y uno de los mejores de la década, sin duda

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