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Los 10 mejores discos de 2017

posted by KeithModMoon 4 enero, 2018 0 comments

Tom Petty

La música sigue inmune a los devaneos socio-políticos, incluso a las apagadas de sus faros más luminosos, a las crisis (económicas y roqueras), y a los agoreros que remarcan que ya no se hace música como la de antes. Son varios años consecutivos suministrando los pabellones auditivos con una selecta cosecha que pone en valor nuevas voces, sonidos renovadores, y calidad por toneladas entre los distintos géneros que sigue capitalizando los gustos en el panorama occidental.

El firmamento del rap, la electrónica, el indie y el pop trabaja a destajo y con atino, tal y como demuestra la lista que sigue. Además, este año, hemos celebrado retornos dulces, tanto los largamente esperados (Slowdive) como los que parecía que no llegaron a irse del todo (LCD Soundsystem).  Por su parte la revolución femenina sigue ganado parcelas aprovechando, y no, los vientos contextuales favorables.

También hemos seguido atados a la maldición del álbum póstumo, mientras que se ha empezado a notar el descalabro de las grandes figuras en el escenario rock.

Algo que, sin embargo, no ha terminado de hacer mella en la exquisita recolecta musical que aquí intentamos ordenar. Han sido tantas las obras valiosas escuchadas y recibidas a lo largo de los últimos cuatro trimestres que hemos tenido que añadir un puñado de discos en el apartado adicional que sigue al Top 10.

 

#Para una visión más detallada sobre el estado de la música en 2017 recomendamos la lectura de esta entrada.

10. Lorde – Melodrama

Lorde Melodrama

La neozelandesa sigue galopando sin frenada prevista hacia los estamentos más privilegiados del pop contemporáneo. Con su última entrega desnuda con una simplicidad desarmante, con un tino y pulso arrollador, las angustias emocionales de una mujer de apenas 20 años. Aunque más satisfactorio y loable es el adorno con que viste estas vivencias melodramáticas, sin caer en el barroquismo ni en el exceso empalagoso, sino solidificando lazos con el oyente a través de melodias adhesivas, producciones pluscuamperfectas y un prodigioso equilibrio entre accesibilidad y emoción rehuyendo de los lugares de tránsito del pop de masas. Un trabajo volcado en el detalle, en el sentimiento a flor de piel, y especialmente, respetuoso con un oyente a quien acaricia en la medida justa, con el tono adecuado, bajos los niveles necesarios. Algo impropio para una artista que no atesore una calidad excepcional a tan temprana edad.

9. Björk – Utopia

Björk utopia

Björk difícilmente renunciará a su rol de embajadora de los sonidos más rupturistas y desafiantes del pop contemporáneo, especialmente si se hace acompañar de un espeleólogo avanzado en la materia como es un Arca disponiendo a la islandesa de materiales alienígenas. Si Vulnicura fue su trabajo de exorcismo alrededor de la ruptura sentimental con su pareja de los últimos 10 años, Matthew Barney, Utopia es la salida de esa oscuridad. Una declaración abierta desde la primera nota y traducida en una fascinante fusión entre naturaleza, mediante samplers sonsacados de selvas y bosques, y no solo terrenales, y tecnología. Un absorto trayecto por parajes familiares y marcianos, donde uno encuentra en la música y su extraña armonía de complicado etiquetaje, una escucha edénica.

8. King Krule – The OOZ

King Krule the ooz

Nadie debería extrañarse de la progresión pegada por la voz más magnética y arrebatadora del extrarradio londinense. Desde su advenimiento hace cuatro años, este pelirrojo imberbe estaba destinado a revalorizar el panorama musical británico. En su último esfuerzo, el tercer larga durada, King Krule acolpa injerencias jazzísticas a su pop narcótico y humeante. Algo así como un trayecto fascinante y tremendamente evocador por las garitos brumosos, oscuros, los mismos impregnados por un fuerte hedor a cerveza turbia y sidra, comúnmente ubicados en las zonas más alejadas a Picadilly Circus. Una equilibrada y exquisita simbiosis entre el jazz y el pop , con sofisticadas capas de electrónica y esa acta crooner con la que se ha distinguido desde los inicios. Destellos de Joe Strummer, Tom Waits, Mount Kimbie, Flying Lotus, Billie Holiday, The Caretaker se filtran tanto en la interpretación vocal como en el acompañamiento instrumental. Grumos de rock, punk, trip-hop así como soultronica a lo James Blake se enganchan en las paredes descorchadas de un pub cubierto por humareda densa y un polvo flotante visible a contraluz.  Una evocadora e hipnótica jam con un crooner todoterreno y espectral, capaz ahora de dotarse de un aire sofisticado y etéreo, y de (auto)imprimirse un halo anticuado más incisivo y extraordinario.

7. The Magnetic Fields – 50 Song Memoir

The Magnetic Fields 50 Songs Memoir

¿Puede un disco de 150 minutos no conducir al tedio y a la desconexión? Solo es posible si este lo guía la penetrable y magnética voz de Stephen Merritt. El cantautor decidió memorizar sus 50 años en la tierra a través de una obra monumental que recoge una canción por cada año de existencia. Lejos de convertirla en un capricho o una boutade, el canadiense convierte ese concepto en una abertura a diferentes estilos, tonos , instrumentos, discursos y memorias personales. Un álbum fotográfico musicalizado dotado de una variedad estilística riquisima, siempre orientada por la cálida y seductora voz de su artífice, capaz de mecer al oyente más arisco con una melancolía agridulce, de contornos afables y juguetones, pero de interior ácido, lúcido e hiriente. Puro Magnetic Fields a lo largo del trayecto vital de toda una existencia erosionando las pieles de sus oyentes.

6. Cigarettes After Sex – Cigarettes After Sex

Cigarettes after sex

La llegada más hechizante y fulgurante del pasado curso la protagonizaron unos texanos afincados en Bushwick. El dream-pop comatoso de Cigarettes After Sex empezó a calar en los pabellones auditivos de la parroquia indie desde la irrupción de los primeros temas en la gran nube de internet. Los parabienes obtenidos desde los primeros compases y el hype levantado fueron altamentes correspondidos con un primer larga durada que se ha instalado con pegamento en las cabeceras emocionales de un buen número de oyentes. Un pop delicado y sensible, regado por esa melancolía abrasadora y ácida provocada por el descrédito al amor y/o las relaciones interpersonales, y bañado por esa luz nocturna del Nueva York otoñal, inspiradora pero que pasa factura anímica. Caladas perennes de un pop taciturno que mece al oyente por estadios placenteros de alta tasación

5. The National – Sleep Well Beast

The National Sleep Well Beast

The National se han instalado con comodidad, y en un envidiable estado de forma, en la parcela de la madurez radiante, aportando valiosísimas muestra de un rock sin fecha de caducidad, esquivando constantemente ese declive, esa mancha en el currículum en una escalera ascendente muy  envidiada por muchos compañeros de generación cuyo ascenso fue más repentino y precipitado, tal y como se ha podido ver a posteriori. En su último esfuerzo vuelven a hacer gala de un resplandeciente envoltorio instrumental sujeto a una lírica derrotista, apagada y poética. La ansiedad, el miedo, el deseo y el amor, con grados e intensidades tan acentuadas en los tiempos oscuros de nuestro presente, capitalizan el riego narrativo del disco. Una sensación de angustia que queda agudizada con el impecable trabajo de los hermanos Dessner y la voz balsámica de Brenninger: una producción detallista pero no intervencionista – con elegantes y suaves injerencias electrónicas -, guitarras bestiales  y un alarde melódico que perfila sus cumbres en temas como la imbatible “The System Only Dreams in Total Darkness” o la preciosista “Carin at The Liquor Store”. Los de Brooklyn siguen regalando píldoras musicales de gran confort y exquisita arquitectura interna.

4. The War on Drugs – A Deeper Understanding

The war on drugs a deeper understanding

Otra formación que sigue encadenando trabajos inmaculados son los estadounidenses The War on Drugs. En su última entrega galoparon por las llaneras más amplias y altas de la Americana, sumando nuevas reses que embellecieron una diligencia con un equipaje medido y pilotada por el fantasma de Tom Joad. Al final del trayecto su entrada definitiva en la realeza del rock norteamericano contemporáneo.  Adam Granduciel pasa por un estado de forma superlativo, algo que deja inscrito en la calidez y profundidad lírica, y en un envoltorio de muchos quilates, donde la cavalcada rítmica conjuga a la perfección con los medios tonos, los clímax sostenidos y ese paisajismo crepuscular y melancólico que impregna y característica su sonido. Un elevado trabajo de rock con raíces en los grandes exponentes del género y sus terrenos colindantes, endulzado con una presencia más acentuada de unos teclados que podían torcer la poderosa mezcla, pero que terminan realzando uno de los discos más arrebatadores y luminosos del último ejercicio.

3. LCD Soundsystem – American Dream

lcd soundsystem American Dream

Otra de las bandas insigne de la pasada década regresó a la primera plana tras siete años de letargo. Y lo hicieron con un tremendo esfuerzo que despedazó de un plumazo los temores de atrofia muscular o cerebral  durante este hiato.  El astuto James Murphy volvió a  suministrar una entrega inspirada por ese post-punk tan eléctrico, igual de eufórico como melancólico. Su disco-dance no se resiente con la irrupción de entradas más profundas y la aparición de canas. Pese a recrudecer su sonido, los pelotazos sonoros se dejan caer por el largo, pero corto (ya me entendéis), trayecto de su American Dream. Temas como “Tonite” o “Call the police” redireccionan a sus fiestas sin control de la pasada década. Y la infinita “American Dream” entra por la puerta grande en el repertorio de una banda que sigue emocionando tirando de un catálogo musical que no solo mantiene su vigencia, sino que como el de The National, se revaloriza hacia nuevos estados y significados en  su tránsito a la madurez. American Dream es la constatación de la grandeza de una banda que en lugar de perder pistonada se posiciona en el pelotón de escapados para seguir liderando el rock con sintetizadores. El ágil James Murphy no ha perdido de vista la fórmula perfecta para seducir los pies, la cabeza y el corazón, y el efecto es sobrecogedor e inevitable.

2. Kendrick Lamar – DAMN.

Kendrick Lamar DAMN

La autoridad con la que Kendrick Lamar surca los hilos musicales de nuestros tiempos volvió a quedar grabada en un acetato de vinilo condenado al desgaste en los años venideros. Desde la desenvoltura de quien se sabe especial, asignado para convertirse en el cronista más privilegiado de nuestra era, el de Compton ha seguido explorando las contradicciones de la sociedad norteamericana y haciendo su peculiar crónica social y filosófica, llevando su orgullosa negritud a ámbitos y espacios inconcebibles. Su inmaculado storytelling lo erige como el cronista más capacitado de nuestro presente, pero su desarrollo en la parcela musical no admite tampoco discusión. Descartando sus aproximaciones al free jazz y el funk de su anterior To Pimp up a Butterfly, Lamar primó edificar puentes hacia el soul clásico, cruzado con sonidos urbanos y señas más contemporáneas en una carcasa de hormigón que coge desprevenido al oyente a cada salto de tema, a la vez, que lo mantiene pegado y absorto ante el sofisticado entramado musical dispuesto. En definitiva, otro álbum adelantado a su tiempo que distingue a su artífice como el más fiable ocupante del trono del rap, y por ende, de la música popular, al menos, hasta que Kanye West contraataque con su próximo asalto discográfico.

1. Arca – Arca

Arca Arca

Alejandro Ghersi lleva años dinamitando los esquemas previsibles del pop mediante un discurso rompedor que mira hacia el futuro a base de beats marcianos, texturas líquidas y de plasma, coros eclesiásticos y todo un arsenal de sonidos de difícil catalogación. Tras dejar su impronta como productor para los artistas más avanzados de nuestro tiempo (Björk, Kanye West, Frank Ocean, FKA Twigs), el venezolano se emancipa como un ente de una singularidad propia, y exquisita, mediante este tercer trabajo que aniquila los moldes y perceptos más anquilosados del pop en su comunión con la electrónica. Un tratado de sonoridades de origen desconocido que se incrustan en un tejido pétreo en el que la emoción brota con crudeza, angustia y visceralidad desarmante, sin máscaras ni corsés. Un extático balance entre el pop vanguardista, la emocionalidad del cante y la tonada, y la electrónica más rupturista. Un equilibrio de fuerzas lumínicas y  tenebrosas, tan embriagador como desconcertante y enfermizo. Arca se ha propuesto escribir los compases del futuro, allanar las vías sonideras de nuevos terrenos sin conquistar, sin ni siquiera descifrar, y por el momento lo hace levitando con los ropajes más majestuosos vistos en todo el pasado curso.

 

 

Bonus track

John Maus – Screen Memories
Princess Nokia – 1992 Deluxe
Jacques Greene – Feel Infinite
Spoon – Hot Thoughts
Jlin – Black Origami
Slowdive – Slowdive
Randy Newman – Dark Matter
Grizzly Bear – Painted Ruins
Max Richter – Three Worlds: Music From Woolf Works
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