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Los 10 mejores discos de 2019

posted by KeithModMoon 24 diciembre, 2019 0 comments

Seguimos escudriñando la cosecha de los últimos doces meses, hoy deteniéndonos en el material discográfico más reseñable. Como anticipamos aquí, la materia discográfica de este año no será clasificada como lo más incuestionable de la línea temporal reciente. Pocos discos de la lista que siguen han conseguido renovar o aportar verdadera distinción en alguno de los géneros en que se encuadran. Es probable también que, ninguno de estos, consiga adherirse a lo mejor de esta década que también se resuelve en escasas jornadas. Pese a ello, a continuación se desgranan los que, para el que firma, son los diez mejores trabajos del curso musical.

10. Billie Eilish – When We Fall Asleep, Where Do We Go? (Interscope/Universal)

Que nadie se lleve al engaño, el fenómeno musical del curso no es fruto de una brillante campaña de marketing ni de la alineación de los astros, la estrella de edad insultante se ha marcado una obra sin complejos ni estrías, facturando un pop con personalidad y de impacto millonario. Sus píldoras absorben distintos oleajes genéricos y la naturalidad con la que ella, y su hermano, lo moldean bajo formas de adhesión instantánea, resulta, como mínimo, admirable. Una ópera prima de indudable valor donde cada tema y canción responde a su función de manera perfecta, logrando una entidad propia en un disco sin socavones. Desde Lorde que no se avistaba a un talento tan puro en el firmamento del pop internacional.

 

9. Sharon Van Etten – Remind Me Tomorrow (Secretly Canadian)

La músico de Nueva Jersey emprende un decidido salto hacia adelante con este disco de modélico contenido. Van Etten se desabrocha la vestimenta de cantauatora para incorporar ropajes de roquera y detalles sintéticos con los que emprender este trayecto vivaz y apasionante por sus marcas sentimentales. Un espersor que dispara una emocionalidad raspante y aturdidora,  compacta y sin estridencias (con la clave intervención del productor Congleton), coordinada por la imponente voz de su principal artífice. Diez cargamentos sonoros de prolongada estela emocional que alcanzan su cenit en temas tan inspirados y arrebatadores como “Seventeen” o “Jupiter 4”.

 

8. Lana del Rey – Norman Fucking Rockwell! (Universal)

Ni los que caímos bajo su embrujo a las primeras de cambio podíamos imaginar una continuidad tan irrebatible en lo alto de la música popular. Elizabeth Grant ha completado la segunda década del siglo XXI como uno hallazgo sonoro salido de las profundidades de la blogosfera para convertirse en un icono musical de proyección internacional. Y culmina ese trayecto con otro enmarcable cancionero intimista y fogoso. Un quinto trabajo en que afianza una de las marcas musicales más valiosas, distinguidas y exportadas de los últimos años. Provista de su caudalosa carga melancólica, su facilidad por el estribillo seductor y el magnetismo que irradia tanto su voz como su personalidad artística de brillo atemporal, propia de una estrella del viejo Hollywood, la neoyorquina vuelve a entregar un palpitante repertorio de vivencias en primera persona, esta vez, entrelazadas, con mayor ingenio si cabe, con el derrumbe de los mitos forjadores de su país. La chica ha diseñado una postal (anti)americana en otra gran lección que la acerca al gran disco americano.

 

7. Patrick Watson – Wave (Secret City/Domino)

El canadiense sigue resolviendo su vena artística con un surtido de sonido balsámico capaz de fundir corazas y despedazar corazones. Su sensibilidad expresada mediante una voz acariciante, su tacto excelso con las melodías, y sus tenues atmósferas de luz natural embellecen una propuesta tocada por la melancolía desgarradora y el desánimo. No es una excepción un último lote en el que mantiene su pundonor mediante toda esa carga emocional que caracteriza cualquiera de sus escuchas. Aquí vuelve a expulsar un oleaje sentido y hermoso que vuelve a erizar el vello hasta en las zonas más insensibles.

 

6. Michael Kiwanuka – Kiwanuka (Polydor)

El más aventajado de los soul revival que mantienen viva la llama del soul de aromas clásicos volvió a demostrar su prominencia con un inmaculado trabajo en el que abre su marcada sensibilidad a un raigambre de psicodelia y  rock de ascendencia sesentera. Un nutritivo condimento que le permite añadir un acertado compartimiento a ese soul añejo de reconfortante calidez y melodías idóneas para embellecer caretas o imágenes que se presten.

 

5. Nick Cave & The Bad Seeds – Ghosteen (Bad Seed/Popstock!)

Tras el devastador lance planteado con el premonitorio Skeleton Tree, el principie de la tinieblas del rock regresó con el disco más difícil de su carrera, el más abnegado por los recuerdos desoladores de la trágica muerte de su hijo adolescente. Un doble álbum cubierto por esa pátina funeraria, aunque con más respiraderos que en su anterior, y superior, LP. Si en la primera parte centra los esfuerzos en “las canciones de los niños” y el recuerdo en color que guarda de su hijo, en la segunda ahonda en los sentimientos de lo adultos ante la zozobra provocada por la irreparable pérdida. En ambas sobresale como el crooner de los sentimientos abatidos, como el comandante de las penumbras anímicas. Y mientras inunda al espectador con esa sensación, más atenuada que en su anterior disco, el músico australiano halla su salvoconducto catártico; de nuevo el arte como bombona de oxigeno para resurgir entre las cenizas.

 

4. Helado Negro – This is How You Smile (RVNG)

Helado Negro This Is How You Smile

El abrazo musical más cálido y reconfortante de la temporada ha llegado de la mano de Roberto Carlos Lange, el hombre que responde al dominio artístico de Helado Negro. Un proyecto que ha logrado salir del área marginal mediante esta catedral de pop-folk susurrante. A través de inspiradas estrofas, detallistas y sencillas marcas en la producción, incorporaciones de la música latina, texturas vaporosas que masajean el cerebelo, y esa voz hipnótica que el músico residente en Brooklyn consigue acoplar a un catálogo de emociones personales, inscrita en tonalidades sepia, desde el confort del hogar, y bajo un ambiente de ensoñación, nostalgia y afabilidad. Como un sueño profundo en el que uno quisiera instalarse a vivir.

 

3. A.A. Bondy – Enderness (Fat Possum Records)

Auguste Arthur Bondy puede culpabilizarse de haber convocado una de las escuchas más devastadoras del año. Su vuelta a la luz artística tras un hiato de ocho años se traduce en esta lápida grabada con folk alicaído y melodramático. Un compuesto  sonoro abrasador que sumerge al espectador en un centrifugador de ánimos abatidos, imágenes desoladoras y precipicios emocionales. Algo que arrastra desde la propia intrahistoria del disco -logró terminarlo justo un día antes de que su casa fuera pasto de las llamas- y que da continuidad mediante una cuerdas vocales doloridas y ese envoltorio instrumental austero, de escarpas sintéticas que agudizan las atmósferas fantasmagóricas y elegíacas con las que descarga precipitaciones de congoja y tristeza en su paso por los pabellones auditivos. Una escucha prohibitiva para los diagnosticados con depresión.

 

2. Leonard Cohen – Thanks for the Dance (Sony Music)

Ni desde la tumba Leonard Cohen ha menguado esa cualidad inherente a una figura musical trascendental, capaz de enmudecer auditorios y ablandar corazones con la más mínima vibración de sus cuerdas vocales. Si su abrumadora despedida You Want it Darker marcó un pico de oscuridad y de calidad, erigiéndose en un artefacto doblemente amargo desde el momento en que se confirmó su deceso al poco de la publicación, no se queda atrás con esta preciosa coda levantada a partir de esas mismas jornadas, con el esfuerzo y la gracia de su hijo Adam Cohen, productor del asunto. La voz paralizante y cavernosa del canadiense sigue prevaleciendo como ese mantra stendhaliano con el que ser arrastrado a un vivero de emociones de incontable valor. El vaciado instrumental y de mínimas expresiones realza a un Cohen extremadamente lúcido, honesto, confesional y plenamente consciente de estar ante los últimos suspiros creativos mientras no puede evitar recorrer, por última vez, sus leyendas como canalla y vividor, reviviendo unos episodios que, desde la vejez, se tornan en recipientes de nostalgia hiriente. Aunque es su entereza y clarividencia para afrontar los últimos coletazos vitales lo que convierte esta escucha en algo devastador, elegíaco y sublime, una asimilación del final de trayecto bajo un envoltorio de una belleza cristalina que desarma cualquier dispositivo de defensa. Gracias por el baile póstumo, maestro de Montreal.

 

1. FKA Twigs – Magdalene (Young Turks)

La inglesa Tahliah Debrett Barnett dilató la llegada de una reválida que la distingue como un espécimen único en el ecosistema del pop y el R&B contemporáneo. El sonido de su imperioso debut reduce aquí su carga experimental para dar cobijo a una hilera de formas delicadas y sedosas perfiladas por su magnética voz y una excelsa producción, nutrida con las texturas servidas por ilustres como Skrillex, Oneohtrix Point Never, Arca, Benny Blanco, Hudson Mohawke, Jack Antonoff y Nicolas Jaar. Magdalene se desmarca como un ajustado dispositivo que bascula entre la fiereza de antaño, con ritmos entrecortados y capas superpuestas y disruptivas, y un comportamiento más afable, delicado y saneado, desprovisto de sobrecargas, donde asoma la faceta más tierna y sensible de esta emisaria de latitudes más allá de la estratosfera. Estas memorias del alien caído se conservarán como uno de los placeres auditivos más prolongables del curso 2019. FKA Twigs es una fascinante rara avis a proteger.

 

Bonus

Manel – Per la Bona Gent (Ceràmiques Guzmán)

The National – I Am Easy to Find (4AD)

The Comet is Coming – Trust in the Lifeforce of the Deep Mystery (UMG)


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