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Los 10 mejores discos de 2021

posted by KeithModMoon 15 diciembre, 2021 0 comments



Charlie Watts

(Photo by Scott Gries/Getty Images)



Al contrario de lo que algunos pensábamos, 2021 no ha relucido en el campo musical. Muchos nos agarramos a ese entorno agorero enquistado como previsible estímulo forzoso a un riego discográfico permeable. Los encierros asfixiantes, la paranoia, la desazón, la ansiedad apremiante, se intuían como abono para una producción musical perdurable; catarsis creativas para tiempos funestos, o tiempos funestos enfrentados por un fluir sónico rotundo. Pero, salvo contadas excepciones, no ha sido así.

En la parcela puramente musical pocas llegadas que hayan tergiversado el panorama. Algunos nombres se incorporan al cuadrilátero internacional pero 2021 no quedará grabado por abrir rendijas hacia nuevas sonoridades. Tal es así, que hasta las más asentadas, han sufrido un temido desprovisionamiento. Ha sido el caso de una electrónica sin mercancía incontestable, pero especialmente la parcela hip-hop que, ni con trabajos de sus dos reyes Midas en decadencia, Kanye West y Drake, y sin noticias de Kendrick Lamar (más allá de echando una mano a su primo Baby Keem), ha conseguido dispensar una cosecha apetitosa (la excepción la han resuelto Madlib, Tyler, The Creator y la única entrada de este género en la lista que sigue). Lo que ha resultado inevitable, como ocurre al cierre de cada ejercicio, es el lamento por la desaparición de grandes músicos del ayer y del presente. Este año hemos lamentado las marchas de Phil Spector, Sophie, Charlie Watts, Mary Wilson, Andy Barker, Dusty Hill, Lee Scratch Perry, Don Everly, Bunny Wailer, Sylvain Sylvain, o las recientes de Michael Nesmith,  Robbie Shakespeare y Steve Bronski.

Año también marcado en el plano mundano por la vuelta paulatina a los escenarios, el vergel primordial para el artista y su conexión con un público deseoso de recuperar esos espacios de ocio y recreo. Incluyendo ciertos festivales de música que estuvieron semanas en la picota por proceder en sus planes pese a los malos datos víricos a su alrededor.

Un resumen más escueto de lo que solíamos, condicionado por esa racanería en la valija discográfica de 2021, y, en parte también, por nuestro desacoplamiento de esa rutina diaria que mantenía a esta destilería en la brecha de la actualidad.

Sin mayor dilación, esta es la confección final con los diez discos más primorosos de un año irregular.

10. Amyl and the Sniffers – Comfort To Me

Amyl the sniffers - Comfort to me

Sobresalieron en la nueva ola punk australiana con su homónimo debut en 2019 y por la inercia lógica en todo el mercado anglosajón. Amy Taylor ya fue una de las voces invitadas en el “Spare Ribs” de Sleaford Mods, en el que Jason Williamson y Andrew Fearn se abrieron por primera vez a las colaboraciones (también participa la tremenda Billy Nomates). El asalto global, las giras mundiales y los grandes festivales multinacionales han llegado con “Comfort To Me”. Un disco de punk aparentemente primitivo pero sonadamente inteligente. Me encanta Amy Taylor porque hay algo de Kathleen Hanna en ella, aunque mucho menos arty.

Cesc Guimerà

9. Arca – KICK ii/KICK iii/KICK iiii/KICK iiiii

Arca Kick iii
La productora venezolana residente en Barcelona desencadenó su frenesí productivo con el lanzamiento de cuatro Lp’s lanzados de una sola tacada. Un movimiento inesperado con el que completaba la pentalogía «KICK» iniciada el pasado año. La inercia llevaría a pensar en una inevitable irregularidad entre la obra presentada, en cierta descompensación ante un magma musical de tamaña envergadura. Sin embargo la músico y productor sigue extendiendo su peculiar universo con una voz irreproducible, única en su especie. Lanza un flashforward en el que absorbe influencias conocidas, o, por el contrario, incorpora nuevas singularidades a su corpus sónico. Su desvío hacia la música latina y el reggaetón, con inferencias de bulerías y música tradicional, queda recogido en el tercer y el segundo volumen de este opus desaforado. Pero también hay espacios notorios para las nubes ambientales en la cuarta entrega, mezcladas con la melodía alienígena y la experimentación atmosférica, e incluso se permite un acetato plenamente instrumental en la quinta aventura, aplacando sus estrafalarias articulaciones musicales, su disruptiva rítmica y el sonido marciano. Una obra monumental de una artista sin parangón que sigue escribiendo los pentagramas venideros. En su obra más lograda, también la más rellenada de hits, un KICK iii en la que aborda la fluidez de género, la carne mutante, lo queer, el amor, el sexo, la comunión entre home y máquina (ahí está el glorioso videoclip de «Prada/Rakata»)  y que ella misma sintetiza como «música de club mutante»…un club del S.XXII.

8. Sega Bodega – Romeo

Sega Bodega - Romeo

Cuando en la entradilla apunté que durante el curso 2021 apenas se habían abierto rendijas hacia la música del futuro, el protagonista de este párrafo se sumaba al apartado de las excepciones, un Sega Bodega que empleó el año para defender su segundo trabajo en largo pese a la poca repercusión levantada. Detrás de este nombre tan memorizable asoma el británico de origen chileno Salvador Navarrete, un productor bedroom pop situado en la órbita del sello NUXXE que decide salir de los contornos de su dormitorio como músico y compositor a salvaguardar en la pestaña de favoritos. Su pop futurista bebe si remilgos de la multipantalla. Flirteos con la PC Music, con el R&B intimista, con la música de club y la extravagancia sonora de la casa Arca, a quien no duda en invitar en «Cicada». No es la única invitada ilustre, se deja acompañar por Charlotte Gainsbourgh en «Naturopathe». Un par de referencias estilísticas, que se podrían sumar a Frank Ocean y a How to Dress Well, y que insinúan el sonido expansivo y estimulante de este musico, quien, además  del inspirado mejunje, saca virtud para planchar melodías sensitivas, como la que configura el revestimiento de la excepcional «I Need Nothing From You», la cúspide crooner emotiva del año.

7. Serpentwithfeet – Deacon

Serpent with Feet - DEACON

La segunda cometida discográfica de Josiah Wise se salda con una breve y embellecida panorámica por un góspel refinado con R&B contemporáneo. En la misma liga musical que Sampha, Serpentwithfeet se mueve con soltura por estadios introspectivos, macerando un pop intimista y vulnerable amoldado con una producción tenue pero tierna, y puntera en el desarme anímico que causa al otro lado del bafle. Por momentos alcanza techos tan irrebatibles como el tema que abre el cofre («Hyacinth»), u otros que no se quedan rezagados en su calor emocional: «Sailor’ Superstition», «Heart Storm» o «Fellowship». Un disco sin altibajos que promociona a su arquitecto en el espectro subyugante del R&B al lado de coetáneos como el mencionado Sampha o la propia FKA Twigs, con quien la emparienta algo más que el año de nacimiento.

6. SAULT – Nine

Sault Nine

Que el quinto disco del colectivo londinense de artistas desconocidos solo existiera durante 99 días no era más que un juego de este fascinante misterio del pop actual. Sobrevive en YouTube, era obvio. SAULT siguen removiendo consciencias colectivas, como hicieran con su doblete del año pasado. Lanzaron Untitled (Black Is) el 19 de junio, Juneteenth, día de la liberación de los esclavos y en él estaba “Wildfires”. No hay algo tan melódico y a la vez tan belicoso en Nine, aunque el colectivo sigue igual de combativo. Desde su minimalismo y a la vez riqueza de recursos. Desde los desconcertantes 52 segundos de “Haha”, al soul de “9”. Removiendo la memoria colectiva en “London Gangs” y los estereotipos de la hostil ciudad en “You From London”.

Cesc Guimerà

5. Mach-Hommy – Pray for Haiti

Mach-Hommy - Pray for Haiti

La única enmienda a un año desfallecido en materia rap la presenta Mach-Hommy con este disco que hace una peineta al rap maximalista y a ese hip-hop que copula con el trap y lo urbano para no bajar escalones en Billboard. Un savoir faire del Nueva York esquinado de los 90, los pantalones holgados que dejan ver hucha y las chupas de los Knicks deshilachadas del camello de turno flotan en el ambiente de este disco. El MC de origen haitiano residente en Nueva York traza su lamento por su tierra de origen impulsado por una maquinaría sonora exquisita. Beats compactos y sedosos masajeando al hipotálamo, samplers excitantes, discretas y minimalistas estructuras rítmicas para el lucimiento de una lírica inspirada y un flow majestuoso directo a la entrepierna. Una puerta abierta a ese rap de la Costa Este en vías de extinción que desde la discografía Griselda Records preservan con tal pundonor.

4. The War on Drugs – I Don’t Live Here Anymore

The War On Drugs - I Don't Live Here Anymore

Hubo un tiempo en el que el Destilador Jefe de esta casa y un servidor compartíamos páginas en el valenciano Fanzine Digital. No había ni Twitter. Allí publiqué sobre el debut del grupo de Adam Granduciel y nada hacía presagiar lo que son ahora The War on Drugs. Recuperen “Arms Like Boulders”. Hacen falta pico y pala. Me encantó, pero el algoritmo prefiere la colección de hits más recientes. Menos dylanianos y más sprinsgteenianos con el paso de los años, su éxito recae en que su rock tan añejo no suene para nada carca. No se creen una lista de las canciones del año sin “Harmonia’s Dream”.

Cesc Guimerà

3. Tirzah – Colourgrade

Tirzah Colourgrade

La productora del sur de Londres ha maquinado una de esas anomalías de la temporada discográfica, un extracto de belleza insondable y enigmática que subyuga lentamente al oyente sin posibilidad de comprender con precisión las moléculas sonoras que estimulan la complaciente sinapsis. Estados de ánimo desaturados, ritmos secos y repetitivos y una voz áspera pero hipnótica configuran el núcleo de este absorbente trabajo. Tirzah conjuga una electrónica de baja revolución con el dub, el trip-hop e incluso trazas de ese dubstep a pocas cuadras de su residencia formulado por Burial. Una nebulosa londinense en su fuero interno y externo que deja sensaciones duraderas y te agarra con un poder magnético indescifrable.

2. Little Simz – Sometimes I Might Be Introvert

Little Simz - Sometimes I Might be Introvert

Uno de los discos más celebrados – al menos a este lado del Atlántico, parece que los altavoces americanos hayan querido ignorarlo de sus listas ¿deliberadamente? – se lo sacó de la manga una rapera británico-nigeriana de ascendencia yoruba que alcanza un nuevo estadio con este rotundo trabajo. Su imponente tema de apertura «Introvert» pone ya sobreaviso respecto a la ambiciosa y exquisita propuesta en ciernes. Su vena combativa rapera queda suavizada, que no aplacada, con una selecta ejecución instrumental y un tino premium en los arreglos, melodías, samplers y rítmicas. Un fastuoso trayecto por el góspel, el R&B, el neosoul y el rap de salón sin apenas estridencias ni divergencias en sus saltos estilísticos y de cilindrada. Encuentra un acople impepinable con su herencia africana en la arrebatadora «Point and Kill», y en otro tema tribal de exudación africana: «Fear No man». Como le da por navegar entre el presente y el pasado resplandeciente en la también imperdible «Two Worlds Apart» o en la contagiosa «Little Q, Pt.2». Incursiona en el grime fumeta con la contundente «Rollin Stone». Por atreverse se atreve incluso con la banda sonora de corte clásico en temas como «Gems» o «The Rapper That Came To Tea». La comunión de espacios temporales (con sus influencias incorporadas), ritmos y sonoridades de todo el álbum resulta inmenso. Tacto, pulso, virtuosismo controlado y elegancia melódica.

1. Nick Cave & Warren Ellis – Carnage

Nick Cave Carnage

Un lamento furibundo y descarnado recorre la espina dorsal de este trabajo. Un LP en que sus dos artífices comparten la búsqueda de una salida balsámica, o, como mínimo, oxigenante a esas jornadas de encierro, depresión y desaliento de nuestro pretérito reciente. El resultado es esta obra sublime, en el que la solemnidad de Cave convive con sus amonestaciones vocales más crudas y agresivas, donde el escozor interno ardiente de quien se abre en canal sin ambages encuentra acomodo en un hospicio de formas nobles, elegantes, paisajística instrumental, tétrica en ocasiones, pero con su punto iluminador…y siempre resplandeciente…como nos ha (mal)acostumbrado desde hace tiempo el príncipe de las tinieblas.

 

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