CrónicaElectrónicaHip-hopIndieLong drinksPopRock

Los 12 momentazos por los que recordar el Primavera Sound 2014

posted by KeithModMoon 5 junio, 2014 0 comments
1. Marathon Man

El perfil tipo del asistente al PS

Puede que sea atribuible a esa vela de más en la tarta, o a que los organizadores se les vaya la castaña programando 350 conciertos durante 7 días a full time y  a lo largo y ancho de la ciudad, pero completar el Primavera Sound cada vez se hace más cuesta arriba, digno de seres mitológicos de la antigua Grecia. Lo de la gincana de otras ocasiones intentando convertirse en un ente omnipresente capaz de sortear los dolorosos solapamientos tenía su pase, pero convertir el festival en La larga marcha de Stephen King es algo maléfico, pero ante todo,  doloroso. Al menos cada uno sabe la competición en la que juega: los que tiran de combustible Jagger y petaca hasta los topes, los vitaminados hasta las cejas, los sanotes (curiosamente los que antes bajan por la explanada) o el team runner. Y desafiar a estos últimos es una gran cagada. De hecho no quiero buscar la conexión gratuita, pero nunca antes había presenciado a tanto asistente en silla de ruedas.  Y es que el mero paseo del escenario ATP hasta el hotel vela (Aka Mordor, Aka escenario Heineken) puede tumbar hasta al más preparado. Al menos este año este desecho está contento por haber completado su PS más largo: cinco jornadas, 72 litros de alcohol, 49 conciertos  y 10.000 km recorridos a pie. Nada mal. Más contentos están mi fisioterapeuta y mi nuevo compañero de diálisis. Ahora a por la maratón de Nueva York.

2. Waterworld

Asistente del PS implorando a los Dioses

Las inclemencias meteorológicas siguen alterando la vida del PS. Si el año pasado tocó enfundarse las pieles de los Guardianes de la noche para no sucumbir a las temperaturas gélidas, este año el chaparrón se impuso en el arranque. Virulento y cabrón en la jornada del miércoles y la del jueves, pero la cosa no fue a más. No hubo que lamentar vidas, ni vislumbrar pateras en las que subsaharianos y hipsters conviviesen, y por suerte, no hizo falta tener que revisar la infumable película de Kevin Costner en busca de respuestas sobre cómo desenvolverse en terreno hostil, el postapocalíptico tras  la tormenta. Eso sí… ¡qué lejos  quedan los días de glúteos al sol!

3. Outfits de no temporada

Outfit PS14

Las lluvias y las bajas temperaturas volvieron a  hacer descarrilar los armarios de It girls y personajes del postureo, a desequilibrar sus convicciones modistas, a manchar su reputación e imagen. Se volvieron a repetir imágenes dantescas de hipsters enfebrecidos penetrando en el Diagonal Mar en busca de complementos adaptables al modo mojado, adentrándose en los límites, hasta entonces, impenetrables, del Decathlon para guardarse de la lluvia mediante ese chubasquero cantón. Imágenes impagables e imborrables, de un festival que pese a su afán Coachella, cada vez se asemeja más a Glastonbury.

4. Nubes tóxicas se ciernen sobre el Fòrum

Otro tipo de nubes hicieron acto de presencia, éstas mucho más familiares. Las invocadas por el Dios Heisenberg volvieron a descargar tormentas tóxicas sobre el desinhibido y eufórico público, entregado a los dictámenes del Dios Dionisio. Sin embargo, la sensación general, comparada con otros años, fue de recesión, ya no se vieron esas cantidades industriales circulando de mano en mano, y la polvareda impregnando las fosas nasales de los transeúntes. Sin embargo sorprendió el florecimiento de una nueva droga, una resguardada en un frasco, que algunos señalaron como popper y que circulaban con rigor y orden por gente formada en círculo, como reviviendo escenas de la infancia.

5. El dealer moldavo

La única manera de cerciorar si uno estuvo en la última edición del PS 14 es sacando el tema del dealer moldavo. Si tu interlocutor te mira con cara extrañado es que no estuvo ahí. Eso lo sabe Peter Falk y lo sabemos todos los que allí rondamos, porque fue del todo imposible no cruzarse en los escenarios Heineken y Sony con el dealer moldavo y una mujer en modo mula que arrastraba (resta saber si también la ofrecía como producto). Dos personajes omnipresentes, cargados con toda la remesa sobrante de Hamsterdam, y que infundían temor y respeto cuando te los cruzabas.

6. Bailoteos Baltimore

Dale, dale

No tenemos manera de comprobar si el bueno de Samuel Herring se cruzó con el personaje de arriba, pero permítanme que dude, ya que no necesita de ningún estupefaciente porque es obvio que de pequeño mamó de una marmita de LSD. Sino cómo se explican los bailoteos espasmo con los que nos alegró la vista en el concierto de Future Islands. Ya nos había avanzado la jugada en su actuación en el show de Letterman, pero presenciar en directo esas llaves del Ultra Street Fighter fue otro de los momentazos.

7. Lo de FKA Twigs

A nadie le importó un comino que la inglesa duplicará la apuesta y se sirviera de unas bolsas del Eroski para adornar su cuerpo, menos aún, cuando empezó a darle a la danza del vientre dejando patidifuso y erecto a más de uno, pasando de una chavs a una replicante de Blade Runner de carácter inocentón y entrañable. Una imagen que potencia el increíble halo magnético e hipnótico que desprende esta joven talento, que atesora una voz descomunal, y que sirve un sonido marciano, que con las consecuentes modificaciones podría tener su impacto global. A los pies de esta debutante que confesó haber perdido la virginidad festivalera encima de aquel escenario.

 8. Matt “Cocker” Maus
The National PS 14

Foto: Eric Pamies (Primavera Sound)

 

Por motivos que no vienen al caso un servidor se perdió el live que los de Brooklyn ofrecieron tres años atrás en la misma cita festivalera,  por eso me pillo a contrapie la rutilante transformación escénica del serio de Matt Berninger, adquiriendo los ropajes de un frontman frenético y desatado que se recorre todo el escenario y se pierde jaleado por la multitud para pesadilla de seguratas y técnicos. Tan inmerso del espectáculo que pareció olvidarse de la invitación ofrecida a un The Walkmen, el cual inmóvil sobre el escenario y con su botellita de agua no paraba de preguntarse: ¿Pero qué coño hago aquí? Por su parte Berninger no escondió su deuda con Jarvis Cocker, ni esos golpes de micro contra su mollera a lo John Maus.  Aunque quedó a años luz del terremoto que provoca el profe de filo en sus apariciones estelares. Ayyy Primavera Club… te echamos mucho de menos.

9. Lo de Arcade Fire

Estuvo a la altura de aquel concierto suyo que pillé por streaming. Miento. En ese concierto el sonido era digno y la realización bastante apañada, con que la inmersión era decente. Todo lo contrario que verlos el jueves desde las entrañas de Mordor, en ese perímetro al que la marea humana te permitía acercarte para establecer una conversación super digna con quien tuvieras al lado. Si lo de Blur del año pasado ya implicaba motivación extra y una capacidad imaginativa elevada, lo de los canadienses no tuvo nombre. Aguanté unos 30 minutos charlando amablemente y girándome constantemente, vigiloso por si el moldavo decidía clavar su navaja y terminar con el dolor de riñones. Por lo tanto ni idea de qué tal estuvieron Butler y co. Para el año que viene propongo que durante los conciertos de los cabezas de cartel monten una silent disco para residuales, periféricos y lo que no nos sale de los cojones llegar al escenario una hora antes del show.

 10. El igloo del trueno

No faltaron las voces que propagaban la sonoridad, la experiencia y la rotundidad del escenario The Boiler (Aka el igloo del trueno), una cúpula carpa con forma de igloo en las que se amontaba un enjambre sediento de música y estupefacientes para viajar más allá con la ayuda de las proyecciones que aparecían en la lona. No fueron pocos los que se perdieron en su reducido espacio, y a día de hoy siguen buscando la forma de salir. Un servidor se infiltró en esta dimensión nueva mientras un negrata iba lanzando zarpazos hiphoperos y pude contemplar como el clima viciado era elevado, las mandíbulas se desencajaban y los ropajes resbalaban ante el frenesí unísono. Tenían toda la razón, el espíritu de Rob Ford recorría todos los recovecos del igloo.

11. Los palmeros

Por mucho que tu colega esté convencido, no… esos colgados que corrían con palmas a cuestas no tenían nada que ver con el retorno de Eric Idle, John Cleese, Terry Gilliam, Terry Jones y Michael Palin. Como mucho el menos ebrio y cultivado de ellos si que quizás intentará homenajear la obra más celebre de la cuadrilla inglesa, pero la explicación verídica es que sus portadores eran inquilinos de la dimensión desconocida. Humanos desconectados de la vida, seres casi mitológicos que llevan vagando por los terrenos de los matorrales desde que el Primavera Sound se trasladara al Parc del Fòrum. Algunos de ellos no se les veía desde la primera edición, pero cada año, muchos de ellos salen de su escondite con la palmera como estandarte. Una comunidad misteriosa, esquiva, y algunas lenguas dicen, que peligrosa.

12.  La lluvia dorada (Best after in town)
Secret place Mina

Imagen cedida por Carles Rodríguez, uno de los principales responsables de terminar ahí

A este sitio lo vamos a denominar La lluvia dorada, como alguien de mi entorno bautizó, para mantener su ubicación inexacta y su nombre en incógnita, y poder preservar así su espíritu intacto, alejado de miradas especuladoras, y privacioncitas de la felicidad. Hacía unos minutos que Dj Coco había finiquitado con su habitual “Don’t Stop Believin”, El ansiado sol por fin hacía acto de presencia, grupos rezagados salían de las inmediaciones, algunos apuraban sus pollos hermanos, otros se abrazaban a los lateros, y los más impacientes se abalanzaban a lo Guerra mundial Z hacía el metro. Un reducido grupo de aventureros nos dirigimos a un lugar virginal, alejado del ruido, un emplazamiento que de haberlo pisado por la noche hubiéramos terminado con un machete clavado en el esternón. Pero por suerte era de día, y la sorpresa fue encontrarse a otros feligreses del PS llevando a cabo el mismo ritual, reuniéndose en este shangri la improvisado donde reinó la complicidad, el buen rollo ¡y las cervezas a 1€!. Y cuyo centro neurálgico fue un bar regentado por chinos, y con abuelos que formaban parte del inmobiliario del bar y que comentaban cerveza en mano la surrealista estampa que tenía lugar en sus  mismas narices. Veteranos festivaleros pasados de vuelta apurando sus borracheras y ciegos en el tugurio más andrajoso de la zona, el bar más cochambroso convertido en último bastión hedonista. Escenas en lavabos que hubieran disparado el clic automático de Larry Clark, gente subida a la barra y alguien con su ipod señalando esa necesidad de no rendirse a la cama, de no despedirse del festival. El último gran momentazo que deparó el PS14. Hasta la próxima.


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.