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Los mejores conciertos de la década de los 2010’s

posted by KeithModMoon 30 enero, 2020 0 comments

En estos últimos diez años la industria musical ha sufrido importantes varapalos. Si la industria discográfica se ha adaptado a regañadientes a la era del streaming y a las normas impuestas por los majors que controlan el pastel (del que los artistas se llevan el porcentaje más rídiculo), la industria de los directos no solo se ha mantenido firme, sino que ha redoblado su presencia ante la imperiosa necesidad de salvaguardar las cuentas de muchos músicos desencantados, y, hasta atracados con el modelo de negocio del streaming.

No solo eso. La proliferación descontrolada de artistas, los comebacks, y las giras de despedida (las honestas y las no tan honestas) han marcado el negocio de la música en directo de la última década. La misma que sigue amparándose en una inflación desmesurada, muy por encima del material tangencial, reducido a lo insignificante en la era de las nubes – solo hace falta ver lo que ha subido una entrada de un concierto con respecto a los años 80, comparada con la subida de los cd’s y vinilos.

Y es que la experiencia del directo entra en ese difícil terreno de tasar lo intangencial. De la que del mismo modo puede manifestarse como una catarsis regeneradora o un placer de sabor imborrable. En el tú a tú con un artista o una banda se dirime la esencia de la música en el que interviene el preciado factor sorpresa, por mucho que exista, o no, una guionización previa. El latir del calor escénico sigue activando las pasiones de los melómanos que nos dejamos el tiempo y el bolsillo en esto.

El que aquí escribe no ha vivido una década con más conciertos como la despedida el pasado 31 de diciembre. Un sinfín de festivales y conciertos – la mayoría en Barcelona como ubicación, pero también en los Estados Unidos y Londres – alguno de deslizante recuerdo, otro de perenne huella. Como ya hiciera con la pasada década, aquí va un intento por ordenar estos instantes de gloria proporcionados por la música en directo.

15. Maceo Parker (Palau de la música Barcelona, 2013)

Maceo Parker

La leyenda del veterano Maceo Parker quedó dibujada durante jornadas y meses del lejano 2013 sobre los pórticos, vitrales, mosaicos y toda esa maravillosa arquitectura que compone el Palau de la música. Templo propicio para recibir la alquimia frenética y contagiosa de este maestro de la música negra que arrinconó el jazz para centrarse en un funk de redoble vitalista y contagio perecedero. Un estado de forma envidiable a sus 70 años

14. Patti Smith (Jardins de Pedralbes Barcelona, 2016)

Otra leyenda, en su caso de la música rock, dejando un placentero recuerdo tras su paso por latitudes catalanas, en concreto en el slot que ocupó en una de las mejores ediciones del Festival Jardins de Peradlbes. Y la contribución caudalosa a esa edición tuvo mucho que ver con la padrina del punk y su despreocupada manera por defender un trascendental legado musical. Su rebeldía se puso a prueba con normas incomprensibles, pero su voluntad se terminó imponiendo y el resultado fue presenciar el adinerado público levantándose y desprendiéndose de sus encorsetados modales para bailar y dejarse llevar al son de sus himnos más imbatibles, sin duda, una estampa imborrable y significativa de su personaje y su legado. La de Chicago dibujó otra noche especial.

13. Patrick Watson (BRIC  Brooklyn, 2017)

Este servidor llevaba años buscando citarse con Patrick Watson.  Y bastaron los primeros acordes de su concierto del 24 de marzo de 2017 en Brooklyn para justificar la obsesión. La hipersensibilidad del canadiense se apoderó pronto del estado anímico de los presentes solo interrumpido por los parlamentos de un Watson parlanchín y divertido, seguro y cómodo sobre ese piano que abría paso hacia los miocardios presentes en la sala. Bajo una atmósfera de ensoñación, un silencio y respeto admirable entre el público, Watson emblendeció a los reunidos a su vera con cálidas nanas de afecto y desafecto.

12. Sleaford Mods (Razzmatazz 2 Barcelona, 2018)

Sleaford Mods

Asistir a un concierto de Sleafords Mods es como un centrifugado con cerveza barata, escupitajos (los de las primeras filas más les vale ir con chubasquero) y palabras mal sonantes, mientras en el hilo sonoro se despliega una ráfaga de bases electrónicas simples y secas que harían palidecer de gusto a raveros del segundo verano del amor. Aunque lo que de verdad deja atónito al personal, especialmente la primera vez, es la metralla lírica que escupe un Jason Williamson siempre al filo de la angina de pecho. Con apenas estos dos elementos, el dúo de Nottingham ha dinamitado los directos con una patada a la encía, al bajo vientre y al hígado, una rapapolvo de honestidad, simplicidad y lucidez obrera lanzada a ritmo de speed y bajo el dominio escénico de dos personalidades inimitables, con sua virutas de humor anexionadas a sus antagónicas presencias escénicas.

11. The Rapture (Razzmatazz Barcelona, 2011)

The Rapture Live

Los congregados en la sala Razz un lejano 2011 poco sabíamos que estábamos ante el canto del cisne – en falso porque parece que ahora los tenemos de vuelta – de una banda elemental dentro del oleaje dance-punk neoyorquino de la pasada década. En pleno verano del “How Deep is your Love”, los neoyorquinos nos sometieron a un olla de éxtasis y a la expresión más desbocada y enérgica de su música. Sus infecciosas melodías, bajo la batuta rítmica de sus directos, cobraban una pegada especial que trituró gemelos y  lumbares , pero el esfuerzo, más en esos años de juventud, justificaba cualquier tipo de lesión.

10. Lee Fields (Luz de Gas Barcelona, 2012)

Lee Fields Barcelona

El huracán Fields pasó con su máxima intensidad por la sala Luz de Gas en un lejano 2012. El soulman norteamericano llegaba con la misión de defender la llama del soul añejo y de sumar feligreses a su causa. Y lo logró con un vendaval de emoción cuyo efecto devastador aún altera el riego sanguíneo. Un vendaval transformador, de una carga extrema, con una exposición y un esfuerzo heroico. La entrega del norteamericano en el Festival de jazz de Barcelona  no se medió por su duración, repertorio o técnica, sino por los octanajes de saliva, sudor y corazón esparcidos sobre el escenario.

9  FKA Twigs (Red Bull Music Academy New York, 2015)

FKA Twigs Congregata

La inglesa se marcó uno de los directos más rotundos y apasionantes del primer lustro de la década. Bajo el nombre de “Congregata” llevó su personal universo e iconografía a un nuevo pedestal, uno reservado a las grandes del pop. Danza, un vestuario majestuoso, coreografías excepcionales, trabajo de iluminación expresivo, unido a las dotes sobradas como cantante, músico y bailarina hicieron de la experiencia neoyorquina algo a retener ante las inclemencias del tiempo. Los congregados en esas tres veladas con sold out de la Red Bull Music Academy NY tuvimos el honor de presenciar la defunción de la prominente promesa R&B para inclinarnos antes la flamante princesa alienígena del pop retorcido.

8. Young Fathers (Music Hall of Williamsburg NYC/FIB 16 Benicàssim,  2015/2016)

Young Fathers se han apoderado del titulo nobiliario que habían ostentado Primal Scream o los Who en otros períodos. Porque abalanzarse a un directo del trío escocés es ir con la quinta a una experiencia de alta intensidad y permeable efecto. Así ha sido en todas las ocasiones que un servidor ha tenido la oportunidad de disfrutar de su alto voltaje escénico. Tanto en el secundario escenario en que fueron acomodados en el FIB de 2016 como en aforos más reducidos como el  Music Hall of Williamsburg, donde presentaron, sin medianías ni dosificaciones,  su disco sophomore, White Men are black men too. Su show se desplegó como un tifón de fuerza elevada. Una sacudida salvaje de rap, trip-hop, pop, tribal rock que contagió a la sala, la saqueó con intensidad y no la soltó hacia el suspiro final, cuando los conversos presentes prácticamente levitaban. Devastadores y restituyentes.

7. Elza Soares (Red Bull Music Academy NYC, 2017 )

El Red Bull Music Academy es un receptáculo de directos y experiencias con pedigrí, inusuales y arriesgadas, pero una de las más generosas a nivel emocional que uno recuerda la brindó Elza Soares. La veterana cantante brasileña defendió su samba cruzada con rock experimental en un directo brutal. Ni su inmovilidad (problemas con la cadera), ni su avanzada edad (algunas lenguas dicen que 80 tacos), desmontaron el arrollador dispersor de emociones preparado para un público mayoritariamente brasileño que se dio cita en el Town Hall de NY. El portentoso torrente vocal de la diosa carioca se filtró en las capas profundas de la epidermis mientras una banda de músicos excepcional la correspondían desde la vanguardia, picoteando en el post-rock, el rock progresivo y la electrónica. Como si King Crimson y Os Mutantes hubieran decidido unirse en la velada emocional arrolladora dirigida por la brasileña con tesón y aplomo, desde lo alto de su trono imperial.

6. John Maus (Casino l’Aliança de Poblenou Primavera Club Barcelona, 2011)

John Maus PC11

Para unos significó una tomadura de pelo descomunal. Otros optaron directamente por abandonar la sala en comunión como si A Serbian Film se estuviera proyectando en el fondo del Casino l’Aliança del Poblenou. La mayoría sigue aún incrédula ante las acometidas alocadas del Mad Professor de la electrónica. Pero para quien escribe es uno de esos conciertos que no se alejan de la cocotea por muchos que las neuronas sigan decayendo en número y pureza. Si una de las funciones del arte es remover el estómago y agitar el cerebro, lo de John Maus en el Primavera Club, presentando su maravilloso We Must Become the Pitiless Censors of Ourselves  fue una demostración artística plena. A medio camino entre la performance, el playback y el delirio, el desviado profesor de filosofía tensó al máximo el ambiente de incredulidad reinante en la sala con sus salvajes alaridos, sus autolesiones a base de mamporros con el micro a su cabeza, sus gestos faciales de enajenado y esos gritos hirientes ahogados por una nube de electrónica apocalíptica (pregrabada) cerniéndose sobre los pasmados presentes. Fue uno de esos contados shows en la vida que los asistentes sacamos pecho por haberlo presenciado,  como si fuera una gesta, un hito vital del que enorgullecerse y con el que lucir camisetas como las de “Yo he visto a John Maus en directo”.

5. Roger Waters (O2 Londres, 2011)

La ausencia dolorosa de los shows colosales de Pink Floyd ha sido cubierta por los directos, en la misma gran escala, de uno de sus miembros más aventajados. El incombustible Roger Waters ha defendido la insignia del rock sinfónico a través de diversas giras de escala mundial. La última de ellas pasó por el Palau Sant Jordi con aires de despedida. Pero remontándonos al 2011 pudimos apreciarlo en un mejor estado de forma y volcado en uno de los discos seminales de la historia del rock, The Wall. También la magia del recinto, el O2 de Londres, ayudó a que un servidor se lleve la experiencia hasta la tumba. Su mastodóntico despliegue retumbó por todo el recinto con la épica que contiene el mencionado álbum. Es verdad que el componente escénico, el show, se comió parte del entramado instrumental, pero es que con Waters ya se sabe… espectáculo y música son inseparables, y el de Londres fue majestuoso.

4. Leonard Cohen (Palau Sant Jordi Barcelona, 2012)

Barcelona Leonard Cohen

La entrega con la que Leonard Cohen cumplió sus servicios sobre los escenario no solo resultó admirable, sino pasmosa y un chute de emotividad de difícil tasación pero de anexión perpetua en la memoria. Ya demostró tres años antes, con la gira que se vio obligado a realizar para saldar sus inoportunos numerosos rojos (la manager que metió  mano en su cuenta corriente),  que, pese a su avanza edad, aún mantenía el control hipnótico sobre una voz cavernosa de aura icónica. Tres años después regreso al mismo escenario, con un público igual de volcado, para conmover con un recital que se enfiló hasta las tres horas. Un último vals con el bardo de Montreal que no pudo desligarse de ese sabor amargo entre los 12.000 asistentes obnubilados con su presencia pero conscientes que, la de esa noche, sería la última con él sobre los escenarios, como así confirmaría su muerte cuatro años más tarde. Un sabor elegíaco que no empeñó su inmaculado repertorio, sino que lo catapultó a un nivel más alto, al de las experiencias únicas, mágicas e irrepetibles. Siempre agradecidos con ese dilatado bis con el que el mismo se resistía a bajar el telón, su último.

3. Charles Bradley (Apolo Primavera Cub Barcelona, 2011)
Charles Bradley PC11

Foto: Damià Bosch

El primer encuentro de un servidor con Charles Bradley no es que saltaran chispazos, sino que quedó grabado en la piel con el mismo fuego con el que prendió la sala Apolo en su devastador paso por el Primavera Club de 2011. No recuerdo ninguna presentación tan contundente como la que ofreció el soulman americano. Una de esas experiencias con mimbres de catarsis y de experiencia transformada. Uno de esos directos que de haber presenciado en la adolescencia regurgitaría al escribir estas líneas con punzadas en el estertor traqueal. Porque el fallecido artista zambulló a todos los presentes hacía una descarga de ese soul clásico 60’s & 70’s que invocó bajo una portentosa voz, una presencia física asombrosa, un sex appeal irresistible, y con una compenetrada banda de acompañamiento. Un huracán que devastó corazas y corazones, y que insinuó lo que hubiera sido admirar a James Brown en el otro Apolo.

2. Massive Attack (FIB 16 Benicàssim, 2016)

La banda de Bristol acuñó la más alta representación de concierto multitudinario que termina adueñándose de la consciencia de buena parte de los presentes. ¿Quien imaginaría que la música en directo y las reflexiones políticas y sociales se podrían avenir tan bien encima de un escenario? Pues probablemente quien mueva los hilos de Banksy, porque hacia su crítico y ácido discurso político-social se acercó la metralla de consignas que lanzó Massive Attack en un concierto que consiguió dominar las ansias hedonistas del publico inglés en los dominios de Benicassim, algo impensable. Un show apoteósico de principio a fin, donde los leds centelleantes, la música de la banda, los invitados al escenario –  Young Fathers, de nuevo – y la batería de mensajes de signo político y social proyectados sobre el escenario convirtieron su velada en la más especial, emotiva y rotunda de un festival castellonense intentando revivir su época dorada..

1. King Crimson (Auditori del Fòrum Barcelona, 2016)

King Crimson European Tour

El paso de los veteranos King Crimson, con Robert Fripp como contramaestre inamovible, por el Auditori del Fòrum (escenario acumulador de tanto placer sónico desde su edificación) se saldó con el concierto más rotundo y arrebatador de la década. La determinación por no dejar sacar el móvil del bolsillo bajo ningún pretexto ya fue un inconfundible indicador de las excelsas prestaciones sónicas por las que transcurriría su doble concierto en la ciudad condal. Robert Fripp y su sexteto impartieron una lección inolvidable de rock musculoso y catedralicio. Las tres baterías, su repertorio de clásicos, la intensidad rítmica inabarcable con el cuerpo, la precisión en huso suizo, y la compenetración perfecta de todos los músicos fueron solo alguno de los motivos para coronar su show como el mejor del curso. La interpretación de “Starless” aún retumba en lo más hondo del alma de quien sirve, Tres horas de diamantino rock progresivo que disipó de un plumazo cualquier sentencia alrededor de la defunción del rock.

 

Otras citas imborrables

 

Julia Holter en Sidecar (BCN)
Twin Peaks en Rough Trade (NYC)
Kendrick Lamar FIB 16 (Benicàssim)
Arca en Sónar 19 (BCN)
David Byrne en Cruïlla 18 (BCN)

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