ElectrónicaHip-hopRock

Novedades discográficas junio 2020

posted by KeithModMoon 29 junio, 2020 0 comments
Run the Jewels – RTJ4

El pleno incendio de furia e indignación por la muerte de George Floyd, Killer Mike y El-P, ergo Run The Jewels, se descolgaron de compromisos adquiridos y pactos comerciales mediante el adelanto (con posibilidad de descarga gratuita) de su esperada cuarta entrega como ese dúo a batir en la actual arena rap. A la mierda, ¿por qué esperar? El mundo está infestado de mierda, así que aquí hay algo crudo para escuchar mientras tratáis de lidiar con todo. Esperamos que os traiga algo de alegría. Manteneos a salvo y esperanzados ahí fuera y gracias por darle a dos amigos la oportunidad de ser escuchados y hacer lo que les gusta”, espetaba el dúo Atlanta-neoyorquino. Un movimiento que se entendía después de que Killer Mike saliera en una rueda de prensa para llamar a la calma ante el alboroto y la violencia que sacudía su ciudad en las horas posteriores al terrible asesinato de proyección mundial. En ese clima de angustia, furia y terror se hacia apremiante la salida de este disco que se convierte en un lanzallamas contra el sistema estadounidense y sus lacras más enquistadas. Un trabajo mercurial para entender estos tiempos, y, especialmente, la rabia e indignación que sacude el país de las barras y estrellas de costa a costa.

La metralla que dejan ir con este cuarto trabajo de su carrera hace añicos al personal. Una apisonadora de boom rap y rap inflamado por el espíritu punk más genuino. Lo insinúan ya en el tema de abertura, el genial “yankee and the brave (ep.4)” y suben enteros con la incorporación de la leyenda Dj Premium en los scratches y la producción de “ooh la la”, la golosina más permanente, no excluida del ácido reverso que rezuman las letras. La bilis lacerante y el malestar lúcido de su entorno vuelve a quedar expuesto en la arrolladora “goonies vs. E.T.”, donde la producción excelsa de El-P (entre NWA y modalidades modernas: West o Lamar) da canje a dardos tan demoledores como: “Y tú estás tan entumecido que ves a los policías asfixiar a un hombre como yo… Y mi voz pasa de un chillido a un susurro, ‘No puedo respirar’“. Y te sientas en tu casa en el sofá y lo ves en la televisión, lo máximo que haces es escribir en Twitter llamándolo una tragedia”. Esa rabia sin medidor destapando podredumbres encuentra un aliado de lujo en Zack de la Rocha (con Pharell Williams de invitado que no estorba)  en “ju$st”.  Lanzan toneladas de sal a la herida abierta en “pulling the pin”, donde Josh Homme y, la distinguible e imponente voz de Mavis Staples, ofrecen relevo. Otro melocotonazo impacta en el cerebelo para cerrar el lote, esas injerencias jazzy en la tremenda “a few words for the firing squad”. En resumidas, estamos ante otra demostración aplastante y abrasiva de un rap espídico, aireado e incendiario. Que rebosa energía (el duelo de voces es un añadido rítmico infatigable), furia y un quehacer extraordinario para sonsacar virutas doradas en la parcela melódica, pese al ruido y la bilis que enturbia el ambiente. La fórmula apenas se modifica, los invitados mejoran la receta en lugar de distorsionarla o apropiársela, y el clima infernal de su tierra es, en este caso, un buen aliado para planchar la banda sonora de su tiempo, o, al menos, la de estas semanas de hartazgo y ampollas en cólera que han protagonizado uno de los episodios más largos de protestas en los Estados (des)Unidos de América.

Tema clave: “ooh la la” 

8

Bob Dylan – Rough and Rowdy Ways

Disco del mes

A sus 79 años, la huella dactilar de Bob Dylan en la cultura universal y la consciencia popular está fuera de cualquier discusión. Con las credenciales de ser una de las voces más influyentes, veneradas y lúcidas de la música popular, el bardo de Duluth no le queda ya nada por demostrar. Pero en su fuero interno parece que se resiste a abandonar su condición de genio de la música. Así lo manifiesta en su enésima maravilla discográfica y último trabajo hasta la fecha. El primero que reúne material nuevo en ocho años, y que se presenta como un tratado del S.XX (histórico, político, social, cultural) por parte del mejor cronista de su tiempo, que, a su vez, demuestra seguir conectado con el presente, tanto en la faceta lírica como en la instrumental, pidiendo refuerzos a Fiona Apple y Blake Mills.

El envite empieza por todo lo alto con “I Contain Multitudes”, donde la voz rasposa del viejo sabio con sillón vitalicio al panteón rock se fusiona con un entramado melódico que presenta mimbres para convertirse en un clásico de su nuevo repertorio. No baja pistonada en la entonada blues de “False Prophet”; sigue en los derroteros del blues, con alguna pizca de jazz, en “My Own versión of You”, un tema que tendría cabida en algunos de sus álbumes más reforzados de las últimas décadas. Una batería de entrada donde no escatima en referencias explícitas al imaginario de la cultura popular (desde Indiana Jones a Shakespeare, pasando por Marx o Leon Russell). La inspiración no decae en “I’ve Made Up My Mind To Give Myself to You”, donde su voz se tensa hacia otros tonos, buscando incluso parentesco en Tom Waits, y cerrando una mayúscula segunda estrofa donde de nuevo se sobrepasa el caudal melódico; la melodramática “Black Rider” añade la mandolina, y el diálogo con la muerte (algo presente en todo el disco) se acentúa y se resuelve con reverberaciones desoladoras y un tono elegíaco y confesional preocupante (¿El “Leaving the table” de Dylan?); “Crossing the rubicon” es un roadhouse blues donde vuelve a estimar oportuno hablar de muerte, purgación y redención. Le sigue temas que extienden notablemente su duración en el último tercio del disco: “Key West”, un trayecto de nueve minutos hacia un espacio más mental y conceptual que un tour por la población donde vivió Hemingway; un lugar con encanto e historia artística desde donde emitir un repaso a toda una vida bien exprimida. Y, como segunda parte del disco, un cara B con aspiración a clásico instantáneo, “Murder Most Soul”. Pieza suprema que se enfila  a los quince minutos para repasar la historia de los Estados Unidos desde el asesinato de Kennedy. Una canción monumento a piano ralentizado que rememora y pasa lista a los grandes hitos culturales del pasado siglo, especialmente en la parcela musical, y en el que da encaje a su propio legado y a una ráfaga de metáforas, no exentas de sarcasmo y pura referencialidad pop. Un tema que resume ( a lo expansivo) las delicias y grandezas de este trabajo que agrupa los patrones rítmicos, melódicos y líricos de un Dylan en plenitud lúcida. Las tradiciones de la Americana y sus abrevaderos comunes: el country, el gospel, el rock, el blues, se cruzan en una intersección donde el pasado y la tradición son rescatadas por un trovador con voz propia y plena, incluso en  pleno S. XXI. Trazos elegíacos, confesionales, destellos de genialidad se vuelcan en un trabajo reservado a unos pocos, a los que tocan lo divino en vida.

Tema clave: “Murder Most Soul”

8

Arca – KiCk-i

Alejandra Ghersi, pese a sus cambios de residencia, sexo e identidad, sigue preservándose como un ente avanzado a su tiempo. La venezolana atesora una avanzadilla sonora de difícil encaje entre el pop más ortodoxo y etiquetado. Si en su anterior esfuerzo (Arca) canalizó su pulso vanguardista en un disco mutante y barroco, ahora, sin perder esa singularidad de surcadora del sonidero por venir, planta un no menos rotundo disco pop bajo el cosquilleo de la música urbana enfocada a la pista, tal y como insinuó en su inolvidable último paso por el Sónar. En definitiva, KiCk-i es un satélite de materiales y seriaje indescifrable y desconcertante, proveniente de algún punto incierto del futuro, del que recoge testimonio para guiar la música más rompedora y audaz del presente.

Ese perfil rupturista y futurista hace acto de presencia a las primeras de cambio. Un “Nonbinary” donde se pronuncia sobre su propia condición, como persona de género no binario, y lo lleva a cabo zambullida en una atronadora producción de sonidos cortantes sin historial. Los ritmos entrecortados, las melodías alienígenas, las disrupciones, la metalurgia de acero propia de un anime cyberpunk que arrastra en la producción, siguen marcado el compuesto sonoro en esta obra inclasificable. Esa prioridad queda esta vez  reforzada con la presencia de grandes tutoras del pop más desvinculado de normas y ortodoxias. La primera en saltar al ruedo es Björk, con quien Arca se implicó en el molde sónico de Vulnicura y Utopia, y quien devuelve el favor con la cumbre del disco, la balada marciana “Afterwards” se cuela a la primera escucha entre lo más excelso del cancionero de Arca, y, probablemente, de la temporada. La islandesa favorece esa impresión cantando en castellano el “Anoche cuando dormía”, de Antonio Machado. Toma el relevo Shygirl en “Watch”, otra representante del pop menos normativo. Por su parte, la omnipresente Rosalía se apoya en el autotune para “KLK”. Y SOPHIE se adueña de su sonido reiterativo en “La chiqui”. El interés no decae cuando la venezolana toma también la parte vocal. “Mequetrefe” es una endiablada y desprejuiciada aproximación al reaggeton bajo el estímulo rítmico de Aphex Twin. Algo de lo que aún saca más jugo en “Machote”, donde se permite ponerse guasona y sarcástica alrededor de los efluvios latinos y sus letras marichulas. Aunque de nuevo, las punzadas más emotivas las ofrece con su dispensario de baladas entumecidas y marcianas. Además de la citada colaboración con Björk (candidata a tema del año, ¿ya lo dijimos?), eleva el resultado en la hermosa y calmada “No queda nada”. Estamos ante un disco renovador e inspirado. Arca se afianza en su posición de liderazgo dentro de la parcela pop más arriesgada y rompedora. Aquí lo demuestra tanto en sus perfiles más tiernos y emotivos, como cuando se desabrocha su parte más alocada, desprejuiciada y hedonista, enjabonada por sonidos “menores” pero de impecable asimilación, tanto en lo instrumental (producción) como en un discurso simpar.

Tema clave: “Afterwards”

marco 75

Neil Young – Homegrown

El mismo día que el nuevo disco de Dylan guarnecía las cubetas, otro superviviente de la plana mayor del rock era noticia por la publicación de un disco perdido, un gran reserva de 45 años. Homegrown se mantuvo encerrado en la bodega de los mejores caldos del canadiense durante décadas. Un trabajo alrededor de una ruptura amorosa de profundo efecto en el músico hasta el punto de retener su publicación durante décadas hasta hace un par de semanas. Por suerte, el cambio de parecer de Neil Young nos permite descubrir un valioso trabajo entroncado en su etapa folkie rock.

Un disco cargado con las fragancias de su tiempo (1975). Efluvios pastorales, carga melancólica y breves pero firmes apuntalamientos instrumentales para un Young que con los mínimos elementos al alcance arma un disco sobrio y espartano. Atmósferas cordiales y afables dominan en los 35 minutos de minutaje. Aunque también hay espacio para riffs elevados, pronunciados y enrevesados en el tema homónimo o “Vacancy”, así como esas harmónicas radiantes que lo unen con el protagonista de más arriba. No hay por eso atisbo de alardes ni regocijos instrumentales en un trabajo que rebosa honestidad, simplicidad y calidez en cada uno de sus surcos. Un menos es más que congratula poder recuperar como un satélite perdido de los 70 que se había quedado extraviado en un espacio privado y reservado.

Tema clave: “Homegrown”

marco 75


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