Soul

El largo adiós: Bill Withers (1938-2020)

posted by Àlex Guimerà 4 abril, 2020 0 comments

En unos días como los que estamos viviendo, en los que se ha demostrado la deriva del sistema capitalista más agresivo, es una muy mala noticia (por si no teníamos suficientes) la desaparición de alguien como Bill Withers. Como se suele decir, siempre llueve sobre mojado. Aunque su fallecimiento, según el comunicado de la familia, ha sido debido a problemas cardíacos y no por este maldito virus que tiene a todo el planeta paralizado y atemorizado.

Pero la tristeza y el vacío que nos deja el bueno de Bill no lo es solo porque se va uno de los grandes del soul de la década de los setenta y un gran hacedor de canciones con mayúsculas, si no porque nos abandona un hombre íntegro y con valores, de esos que tanto necesitamos en estos días.

Muestra de ello es su prematura retirada del show bussiness a mitad de los ochenta cuando tenía a todos a sus pies, y tras tener varios desencuentros con una industria musical que le quería hacer a su molde en pro del rendimiento económico, alejándolo de su verdadera identidad.

Luchador empedernido desde su tierna infancia cuando en su pueblecito de West Virginia luchó contra profesores y compañeros debido a su tartamudez, trastorno que superó muy pronto y que apoyó de mayor con charlas y creando una fundación a su nombre.
Es el hombre tranquilo, el que a pesar de poseedor un talento único, se retiró con su esposa Marcia para vivir sin grandes lujos y gracias a lo que le había dado sus vida de soulman (en inversiones inmobiliarias y en derechos de canciones que supo gestionar muy bien), rechazando suculentas ofertas de la industria para volver al ruedo.

Atrás había dejado los días en los que se codeaba con Al Green, Stevie Wonder o Marvin Gaye, los otros grandes representantes de la segunda ola del soul, había ganado premios Grammy (hasta tres), compartido mesa en Kinshasa con su amigo Muhammad Ali en plena preparación de aquel de su mítico combate con George Foreman de 1974 o tocado en el mismísimo Carnegie Hall.

Luego tenemos su legado musical que es de aquellos que no tienen parangón. Componiendo e interpretando con toda el alma piezas como “Ain’t No Sunshine”, “Lean on Me” y “Grandma’ s Hands”, y más tardíamente “Just the Two of Us”, en las que cantaba sobre sus inseguridades amorosas, la amistad o sobre su devoción hacia su abuela. Con discos pletóricos de la talla de su debut “Just As I Am” (1971), el que quizás es uno de sus mayores logros artísticos junto a “+ Justments” (1974) gracias a una discográfica como Sussex que le descubrió e impulsó hacia el estrellato antes de dejarle caer en las garras de Columbia. Discos souls sin filtros en los que cantaba sus canciones junto con desgarradoras versiones como “Everybody’ s Talkin” de Fred Neil o la intocable “Let It Be”, a la que supo dar la vuelta.

Pero antes de arrancar una carrera musical que le llegó a los 34 años, había pasado una década alistado en la Marina y esforzándose en trabajos de albañil o en talleres, en cuyos ratos libres agarraba la guitarra y cantaba sus canciones, hasta que estas llegaron a oídos del mismo Booker T. Jones (aún vive y publica discos, por cierto) quien lo recomendó sin éxito a la Stax Records.
Impactados nos dejó a muchos el visionado del documental “Still Bill” (Alex Vlack y Damani Baker, 2009, Premio mejor documental internacional IN-Edit 2009 ) en el que se repasaba su particular historia y en el que el propio protagonista ponía palabras a sus duras experiencias.

Ahora sólo nos queda el recuerdo y el calor de su música, con esas melodías preciosas y esa voz profunda y dulce que nos ayuda a recordar qué cosas y qué valores deberían importar en la vida.


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