CrónicaSoul

Lee Fields & The Expressions – Luz de gas (Barcelona, 9 de noviembre 2012)

posted by KeithModMoon 13 noviembre, 2012 0 comments
Huracán Fields

Lee Fields Barcelona

El actual fervor revisionista hacía el soul de aroma clásico ha dado pie a una segunda juventud para un pequeño grupo de veteranos músicos, que sin haber formado parte de la primera avanzadilla soul, sí que la vivieron desde las inmediaciones. Así pues el reconocimiento ha llegado en los últimos años a gente como Sharon Jones y sus the dap kings, a Charles Bradley, y al que aquí nos ocupa, Lee Fields y sus The Expressions, quienes siguen manteniendo viva la llama del soul más clásico fuera de tendencias y oportunismos. Sin ir más lejos, el propio Fields, regaló, tan solo hace unos meses, Faithful Man, el mejor álbum soul de la temporada, con permiso del renacimiento artístico de Bobby Womack por gracia de Damon Albarn (Gorillaz, Blur).

Precisamente fue con este trabajo con el que el músico norteamericano se acercó al Festival de Jazz de Barcelona (segunda cita de soul añejo en la misma semana tras la dispensada días atrás por Mavis Staples). Y el escenario elegido para la ocasión fue la Sala Luz de gas, rincón de Barcelona donde Lee Fields volcó su fogoso temperamento hasta convertir el lugar en una olla a presión al límite de la emoción y la devoción.

Y todo empezó con un retraso considerable. Algo más de diez minutos, cubiertos por las improvisaciones instrumentales de The Expressions, tuvieron que pasar para que finalmente un Lee Fields, algo tenso y cohibido, se decidiera a salir a escena. Un inicio torpe y sufrido que quedó olvidado desde los primeros temas, coincidiendo con la progresiva buena acogida dispensada por el público, y por el respaldo de oficio que le brindaron unos Expressions ( saxo, trompeta, guitarra, bajo y batería) en su piel de fieles, y no intrometidos, escuderos.

La primera gran sacudida de la noche, que a su vez fue la más intensa e imborrable, llegó pronto de la mano de «Wish you were here», uno de los temas claves de su último disco, cuyo autor confesó entristecerle cuando lo interpreta por el vínculo existente con su padre fallecido. Una aclaración que no pudo preveer en toda su medida el desbordamiento emocional y vocal presenciado. El desgarro interno lanzado sobre el escenario paralizó a los presentes, dejó atónitos a los escépticos, y machacó de ternura, tristeza y emoción los corazones y pieles de todos los allí presentes.

A partir de ahí, y tras la primera gran ovación de la noche, Fields encarriló una ristra de gemas soul con desparpajo, cada vez más suelto, y haciendo gala de su inconmensurable talento como interprete, y de una actitud enérgica y entusiasma, difícilmente imaginable en un sesentón. Tema a tema, mediante su ensordecedor chorro de voz, fue calentando el ambiente de una sala que pasó del inmovilismo inicial a la afiliación incondicional.

La entrega del norteamericano (medida en litros de sudor y saliva, literalmente, ni rastro aquí de figuras retóricas hiperbólicas), su cada vez más suelta presencia sobre el escenario, sus constantes llamamientos para hacer al público participe de la fiesta soul en la que el ejercía de maestro de ceremonias, y con ese carisma tan natural de soulman en extinción, le otorgaron todos los requisitos necesarios para obtener ese pasaporte vitalicio por el que residir para siempre en la mente de los espectadores.

La velada se redondeó, y fue ganando peso festivo, cuando se acercó a su tramo final, y empezaron asomar «I still got it», «You’re the king of girl», «Ladies» y la mágica «Faithful man», que supuso el primer punto final antes de dos bises de obsequio. En todos ellos, Fields volvió a dejar claro una asombrosa habilidad para bucear en lo más profundo de su alma, sacar pepitas de oro en forma de notas, y no dañar unas cuerdas vocales preciadas (que alguien debería guardar en formol junto a las de Charles Bradley). El punto final, tras la insistencia del público entregado y desmelenado para la causa, la puso un cover de la mil veces versionada «Sunny» de Bobby Hebb . Donde volvió a demostrar su capacidad para cambiar de registro,  camuflarse en la piel amable de Sam Cooke, y volver armado (en ocasiones parecía representar una batalla de boxeo con el público) con la furia desatada de un James Brown eufórico.

Broche de oro para una velada de una intensidad extrema, de una emoción arrebatadora, y corta, pero que de haber durado veinte minutos más habría disparado los aspersores antiincendios. El huracán Fields pasó por El festival de Jazz de Barcelona, y devastó a su paso, con arrojo, virulencia y talento, toda la estructura de la sala Luz de Gaz. Para los que allí estuvimos, y nos dejamos arrastrar por su tumulto pasional, difícilmente se podrá olvidar la hazaña.

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