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The Strokes – Angles

posted by KeithModMoon 16 marzo, 2011 0 comments
¿Rockeros con hombreras buscan un loft?

Media década llevábamos sin noticias discográficas de la banda más molona de Nueva York. Ayer, por fin, y de forma inesperada, su nuevo, y esperado, trabajo se colgaba en streaming desde la web del grupo, y aquí había un servidor dispuesto a prestarle toda la atención.

A pesar de la lejanía temporal de ese volcán que fue Is this it, The Strokes parecen querer recuperar con Angles el estallido efervescente que golpeó a la nunca a miles de jóvenes a lo largo del planeta durante el 2001, pero para hacerlo han decidido virar su abanico de influencias hacía una década más cercana.

Con una actitud y un sonido inspirado por bandas neoyorquinas como Television o la Velvet Undergound, y con una inmediatez rítmica cercana a Los Ramones, o solistas del rock clásico, la banda liderada por Julian Casablancas no inventó nada con su llegada, pero sí que aportó un azote fresco y juvenil al panorama del rock.

Ahora, inmersos de lleno en 2011, la banda de New York tampoco aporta ningún elemento diferenciador (ni a su sonido ni al de la historia del rock), pero sí que siguen teniendo ese despertar eufórico, contagioso y efervescente que hace diez años les hacia invencibles en cualquier pista de baile, con la única salvedad de que en su espejo de referencias no solo se refleja los aseos mugrientos del club CBGB, sino también las hombreras, los sintetizadores y las gafas de colores de los 80’s.

Los años han pasado, los chicos han madurado, de hecho Albert Hammond JR. parece haber abandonado el pelo frondoso, pero su música sigue insuflando desenfreno rockero, sus riffs siguen resultando afilados, y las melodías pegadizas y estimulantes se reproducen en ciertas canciones.

En estos diez cortes que componen el álbum, observamos una mezcla de ese sonido que suena a garage sucio y bruto de su debut, compartiendo cama con la new-wave, los sintetizadores y el lado más funky que ya desplegara Julian Casablancas en su trabajo en solitario, Phrazes for the young. De hecho, podríamos entender este álbum como si aquel de Casablancas lo hubieran orquestado los Strokes.

Y en esas se inicia precisamente este sonado retorno de los neoyorquinos. “Macu Pichuu” es un cruce fructuoso entre las guitarras ensordecedoras y el ritmo funky y meloso de los sintetizadores, respaldada aquí por una voz seductora y mutante de su cantante.

A éste le sigue el primer tema que filtró la banda, y que ya destacamos hace unos días en estas mismas páginas. “Under cover of Darkness” es ese single que convierte a este grupo en algo irresistible. Aquí aparecen todos aquellos elementos con los que saltábamos de euforia en 2001: guitarras frenéticas, baterías furiosas, estribillos pegadizos, crescendos efectivos, riffs exportables al Guitar Hero, y todo bien empaquetado para convertirse en temazo instantáneo, y justificar de por sí, el retorno de esta manada de cuero.

Con un aire ochenteno, Casablancas jugando a ser un Bowie de rubio platino y a Bon Jovi (en los peores instantes), y la feromonas desbocadas de Europe y Duran Duran, llegamos a este new wave track titulado “Two Kinds of Happiness”. Y como no podía ser de otra forma con tanta mezcla, el resultado es un pastel.

“You’re so right” es un rara avis total en la trayectoria del grupo, pese a cierto ritmo obsesivo de guitarras in loop que en momentos recuerda a los últimos trabajos de Radiohead, pronto la voz de Casablancas destapa una línea sorprendente, difícil de encajar, y de la que es fácil quedarse en fuera de juego.

“Taken for a fool” es el equilibrio perfecto entre el sonido antiguo y el nuevo de The Strokes. Con una primera estrofa de aire paranoico, pasamos, in crescendo, a la llamada natural y liberada del grupo. Se percibe en ella un apurado trabajo de producción en intentar acoplar las diferentes capas sin que la estructura se venga abajo.  

“Games” es la constatación de que el sintetizador ha ganado terreno a la guitarra. Aquí este se hace notar con una atmosfera extraña que transporta el tema a momentos rítmicos, y a otros apagados y melancólicos. Incluso en momentos parece sonar la vertiente más emocional de Daft Punk. Un tema extraño y diáfano, que no suena para nada a The Strokes, pero que en varias escuchas puede conquistar a los oyentes.

Si en “Games” ya había un distanciamiento con los años de testosterona a rebosar, en “Call me back” el clima alcanza connotaciones tristes, amargas y melancólicas. La guitarra de Hammond nunca había sonado tan fría ni amarga, Casablancas canta solmene, entristecido, y el resultado es un tema inclasificable, fuera de la orbita del grupo hasta este momento, y en ocasiones hasta paranoico y esquizoide. Puede recordar por momentos a composiciones de sus vecinos Interpol,

La oscuridad se emblanquece de nuevo con el impulso rockero de “Gratisfaction” (¿juego de palabras como homenaje a los Stones?), que en su segunda estrofa, la repleta de coros, navega en pistas transitadas por la etapa tardía de la ELO (fuera de su línea más sinfónica-progresiva ) y unos Thin Lizzy ochentarizados.  

“Metabolism” se convierte en el experimento más fallido de la banda en búsqueda de un sonido innovador, más que nada, porque los riffs se transforman en tonalidades barrocas y recargadas, y la voz de Casablancas se quieren asemejar  a la de Craig Bellamy, con lo que el resultado es como estar presenciado unos Muse más sucios y oscurecidos.

Si el sonido de la banda se va disertando a nuevas fronteras que los acerquen al electro, los teclados, los sintetizadores y las atmosfera etéreas, la constatación es el tema que cierra el disco: guitarras sintéticas, atmósferas cristalinas que parecen cuajar en los esquemas de Air, y la voz de su cantante imponiéndose, con diferentes facetas, a unos estribillos seductores y dinámicos.

Con Angles, The Strokes parecen haber virado el buque en busca de unas nuevas islas. En un intento de resistir o renovarse, Casablancas parece haber convencido al grupo de adaptar su sonido originario al nuevo aire moderno que practicó en solitario. El resultado es desigual, a veces muy engrascador, a veces extraño, a veces forzado, a veces caótico, pero es un duro reto para una banda que no quiere quedarse viviendo de por vida del trabajo cosechado en su debut. Ahora la pelota, está en el tejado del público y de sus fans. A muchos les decepcionará (a todos aquellos que estimamos que “Under cover of Darkness” es el tema de este álbum), a otros les seguirá encandilando, lo que parece claro, es que va a crear divisiones encontradas.

6,5

Escuchar el disco


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