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Wanted: The Boo Radleys

posted by Cesc Guimerà 20 noviembre, 2012 0 comments

The Boo Radleys

Quién

Los primeros 90 dejaron para la posteridad una de las bandas con un perfil creativo más excitante de la década, The Boo Radleys. Un grupo difícil de encajar en una sola escena y cuyo gran éxito, precisamente, recayó en hacerlo por igual en dos corrientes musicales sucesivas pero casi antagónicas.

Fundados en 1988 en Wallasey, una localidad separada de Liverpool por el río Mersey, por Martin Carr (guitarra y teclados) alma de grupo, completaron la formación Sice Rowbottom (voz), Tim Brown (bajo y teclados) y Steve Hewitt (batería), más adelante en Placebo.

 

Causas pendientes

Su primer disco Ichabod And I, editado en 1990 por el pequeño sello Action, mezclaba trazos de punk propios de la torpeza de una banda primeriza pero mostraba destellos en forma de sutiles atmosferas ruidosas en la onda de Spacemen 3 o My Bloody Valentine.

En 1990 firmaron con Rough Trade, con la que editaron el EP Kaleidoscope, un trabajo en el que se comienza a vislumbrar la cadencia melódica explotada en los años venideros (inevitable herencia de The Beatles) más cercano al noise-pop que al shoegazing de Pale Saints o Swervedriver.

Su explosión llegó de la mano del sello Creation de Alan McGee (Oasis, Teenage Fanclub, Primal Scream, Ride o The Jesus And Mary Chain). Everything’s Alright Forever (1992) supone un gran salto adelante en su ascensión creativa, gracias al delicioso contraste de melodías acústicas que derivan hacia deliciosas atmosferas de distorsión.

Nivel de misterio

Curiosamente, la cumbre creativa la alcanzaron al prescindir de productor. Martin, Tim y su buen amigo Andy Wilkinson se liberaron de ataduras y exploraron todas las posibilidades del pop en el que es, sin lugar a duda, su trabajo más brillante, Giant Steps (1993). Considerado por muchos el epílogo del shoegazing, se trata de un disco en el que confluyen sonidos y juegos de estudio de una brillante lucidez pop, con ambientaciones y texturas de trasfondo psicodélico.

En pleno fenómeno brit-pop decidieron sumarse a la corriente mayoritaria, aparcar riesgo y sofisticación, sin que el resultado significara una traición a sus principios. Wake Up (1995) es un disco melódico, con estribillos más que acertados y sencillo en los arreglos, pero que consigue sonar menos convencional que otros discos memorables de 1995 como Different Class, What’s The Story Morning Glory o Grand Prix. Alcanzó el número uno de las listas.

 

Recompensa

Fin de fiesta y consecuente resaca. C’Mon Kids (1996) es un disco más eléctrico pero algo desconcertante, sin una dirección clara, pero que dejó canciones inolvidables como “New Brighton Promenade”.

Kingsize (1998) supone un regreso melódico -su particular Abbey Road-, pero Martin Carr ya había decidido emprender una discreta carrera en solitario en la que no ha dejado de explorar nuevos caminos (hip-hop, electrónica…) en los que se ha mantenido en un discreto plano que no parece dispuesto a abandonar. El que lo consiga podría llevarse una suculenta recompensa.

 

Cómo reconocerlos

Aunque “Wake Up Boo!” sea una de las fijas en todas las listas de éxitos y recopilatorios de los 90, “Lazarus” es la canción que mejor define la música de The Boo Radleys: ritmo ascendente, una explosión majestuosa que combina potentes guitarras y trompeta -que funciona de estribillo sin palabras- y estrofas con voz difuminada.

 

Vivos o Muertos

En 2005 se editó el recopilatorio Find The Way Out , seguido dos años más tarde de The  Best Of The Boo Radleys. En 2010, el sello Cherry Bed reeditó los últimos cuatro trabajos con numerosos extras, lo que evidencia que su recuerdo sigue vivo y su legado más presente de lo que parece. Sin embargo, resulta complicado pensar que un grupo de la personalidad de los Boo Radleys pueda dejarse llevar por la fiebre de las reuniones, aunque muchos de los que crecimos con su música en los 90 mantendremos la esperanza y no faltaremos a una posible cita.


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